sábado, 26 de septiembre de 2020

La orilla olvidada


No hace mucho tiempo que el río Odiel a su paso por Gibraleón era un lugar desconocido para la gran mayoría de l@s vecin@s del pueblo. La contaminación de sus aguas debido a la explotación minera, el vertido de aguas residuales sin depurar y
  el temor a las inundaciones que causaba en los barrios bajos del pueblo era la imagen que irradiaba a la población, con una excepción, los zagales de las calles próximas a él que lo utilizaban como lugar de recreo. Las barcas fabricadas con frigoríficos viejos estaban en auge en aquella época.

El primer gran cambio que se produce en esta relación es la construcción del Paseo San Felice de Circeo, el muro, en la margen izquierda del río. Este paseo es realmente un dique de contención para evitar las inundaciones que se producían con las crecidas del Río Odiel, las más graves que yo recuerdo fueron las de 1997 en las que el antiguo puente del ferrocarril que unía Huelva con Ayamonte y que cruzaba el río fue pasto de la avenida. La fuerza del agua lo desprendió, retorció y giró como si fuese de papel y lo tumbó en la orilla izquierda, por suerte no se tuvo que lamentar pérdida de vidas humanas. Hoy en día solo queda de él un retazo en forma de monumento conmemorativo en uno de los extremos del muro.

Imagen del antiguo puente (Foto: M. Muriel y J.A. Palanco)

Así quedó tras la avenida (Foto: Fco. Martín de la Rosa)

Puente actual


Monumento conmemorativo realizado con los restos del antiguo puente


Como íbamos diciendo, la construcción de este dique ajardinado y la reconstrucción del puente, marcaron un antes y un después en la relación de Gibraleón con el Odiel. Este paseo se inauguró en el año 2000 y desde entonces permite el acceso y el disfrute de la zona por parte de la población. Por desgracia no todo fueron buenas noticias ya que durante las obras perdimos un elemento muy importante de nuestro patrimonio, el molino de la viuda del que hoy solo queda su azud o azuda, que era un elemento para encauzar el agua hasta el molino.

Más recientemente se ha establecido un merendero también en la margen izquierda que sirve de punto de encuentro y contacto con el río por parte de la población.

Pero, ¿qué pasa con la orilla derecha? ¿quién ha caminado alguna vez por esta zona? Desde el punto de vista histórico y paisajístico tiene mucho más potencial que la orilla izquierda, pero es la orilla olvidada.

Si la miramos desde el muro, desde el paseo San Felice de Circeo, lo que observamos es un eucaliptal, pero si nos acercamos a ella vamos a descubrir algunos elementos muy interesantes que nos convendría potenciar y otros destructivos que nos convendría erradicar o al menos limitar. Ya dedicamos una entrada al Paseo San Felice de Circeo y su prolongación hasta la Lobera, hoy nos vamos a dedicar a recorrer otros senderos. Empecemos nuestro viaje.

Lo primero que nos encontramos es el puente peatonal sobre el río Odiel, reconstrucción del mencionado puente del ferrocarril Huelva-Ayamonte. Si miramos hacia abajo, dependiendo si la marea está subiendo o bajando, veremos el agua más o menos sucia, llenas de grasas y verde por la presencia de algas. Esto es debido a que la depuradora de aguas residuales EDAR no funciona o no lo hace correctamente. También hay veces que se pueden observar patos, pero que esto no nos lleve a engaño, la calidad de las aguas del río de deplorable.

Pareja de ánades reales. El color del agua es resultado del juego de luces.


Una vez cruzamos el río giramos a la derecha para recorrer la orilla. Nos adentramos en un eucaliptal. Este ecosistema es pobrísimo en biodiversidad. El eucalipto, planta procedente de Australia, es un árbol dañino que destruye el suelo con sustancias tóxicas impidiendo que crezcan otras plantas y que no ofrece a la fauna ningún tipo de recurso alimenticio, aunque si puede servir de soporte para la nidificación de algunas aves. Las únicas aves que oiremos serán algunos mirlos y rabilargos. Este eucaliptal es además de muy baja calidad ya que ha sido cortado en muchas ocasiones y lo que encontramos son tocones con infinidad de ramas de apenas 10 cm de diámetro.

Vista del camino que discurre entre los eucaliptus

Tocón de eucalipto del que salen varios brotes, es la forma típica de la zona fruto de cortas periódicas.

Suelo de un eucaliptal, no crece la hierba porque las hojas liberan toxinas. 

Sin embargo entre estos eucaliptos encontramos algunas sorpresas como la presencia de algunos ejemplares de alcornoques, pinos, palmitos y jaras que luchan estoicamente por su supervivencia. Estos alcornoques, por su altura y diámetro del tronco deben ser más que centenarios, nuestra hipótesis es que son vestigios de la vegetación existente antes de la llegada del eucalipto. Como se puede observar en las fotos, estas especies autóctonas están en lucha permanente por los recursos con los eucaliptos. Nuestra propuesta es que, al menos los ejemplares de eucalipto que están más cerca de los alcornoques y pinos sean eliminados de la zona y yendo más allá, se pueda repoblar con más alcornoques además de con lentiscos, acebuches y otras especies autóctonas que ofrezcan más recursos a la fauna y así aumentar la biodiversidad del lugar.

Ejemplares de pinos compitiendo por el espacio con los eucaliptos.

Ejemplar de alcornoque.

Alcornoque compitiendo con eucalipto

Palmito

Ejemplar de jaguarzo morisco (Cistus salviifolius)

Erica andevalensis, brezo de las minas. Otra joya que podemos encontrar durante el recorrido.


Si seguimos recorriendo la orilla y nos acercamos a límite del agua, podremos disfrutar de una de las vistas más bonitas del pueblo.



Más adelante encontramos el acceso a la calzada romana. Se trata de los restos de la antigua calzada romana. Esta calzada partía del Guadiana y se dirigía a Itálica, está datada en el siglo III cuando el río Odiel se llamaba Luxia. Los restos de la calzada se ven interrumpidos por el río, que con las avenidas ha destruido la parte central. Esta calzada seguramente se utilizó como vado del río cuando aún no existía el actual puente.

Justo cuando terminan los restos de la calzada, si miramos a la derecha, hacia la desembocadura, podemos ver los restos del azud del molino de la viuda.

Calzada romana

Detalle de la calzada

Restos del azud del molino de la viuda


Seguimos caminando dirección norte siguiendo el camino que va paralelo a la orilla y el siguiente punto de interés lo marca el viejo embarcadero y los restos de la cimentación del antiguo puente.

Para todos los elementos históricos os recomendamos que visitéis el canal de youtube, Historias Vázquez Alemán, de uno de los historiadores oficiosos de Gibraleón, Juan Luís Vázquez Alemán, nosotros solo hemos dado unas pinceladas para abriros el apetito de conocimiento y para haceros ver la importancia cultural de esta orilla del río.

Antiguo embarcadero

Restos del anterior puente

Vistas desde el puente de la N-431


Terminamos nuestro recorrido accediendo al puente de la carretera N-431 que cruzamos en dirección a Gibraleón y completando así un recorrido lleno de historia y naturaleza, por desgracia olvidado y abandonado.

Se le podría sacar mucho partido a este recorrido por sus características, la pregunta es ¿vamos a hacerlo?. Desde el Proyecto INNATO la respuesta es clara y contundente, si.

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Un paseo por el muro, luces y sombras. Sombras.

Una joya en peligro.

Esperamos tus comentarios y aportaciones, gracias.



sábado, 19 de septiembre de 2020

Los 8 de Andalucía. El Bonales (Huelva)


Monolito que señala la cumbre del Bonales.

Hemos decidido llevar a cabo un reto y compartirlo con tod@s vosotr@s. Se trata de subir 8 cumbres, las ocho cumbres de Andalucía, no se trata de subir a los ocho picos más altos de Andalucía, vamos a subir al punto más alto de cada provincia andaluza.

Vamos a hacerlo por orden de altitud, que no significa que sea por orden de dificultad ya que a veces puede suceder que cumbres de menos altitud pueden presentar más dificultades técnicas o que la longitud del recorrido o la pendiente nos pongan por delante mayores problemas.

Este es el orden que vamos a seguir:

Monte Bonales (1055 m) en Huelva.

Pico del Terril (1129 m) en Sevilla.

Pico de la Tiñosa (1568 m) en Córdoba.

Pico Torreón (1654 m) en Cádiz.

Pico de La Maroma (2069 m) en Málaga.

Pico Mágina (2164 m) en Jaén.

Pico Chullo (2611 m) en Almería.

Mulhacén (3479 m) en Granada.

Nuestra intención es hacer una ascensión cada mes si las condiciones nos lo permiten y por supuesto estás invitad@ a acompañarnos (puedes encontrarnos en innatolontense@gmail.com o en facebook  en la página de Proyecto "Innato"). Hemos empezado nuestra aventura este mes de septiembre subiendo al Bonales en Huelva. Seguramente no sea la mejor fecha para hacer esta ruta, nosotros recomendamos hacerla en pleno otoño donde el paisaje nos ofrecerá en plenitud su gran paleta de colores.

El monte Bonales se encuentra en el término municipal de Arroyomolinos de León (Huelva), dentro del ParqueNatural de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche. Este bello pueblo de la sierra de Huelva se encuentra al norte de la provincia ya lindando con la provincia de Badajoz en Extremadura.



Según información obtenida de la página web del ayuntamiento, tiene su origen en la repoblación por ciudadanos leoneses tras la “reconquista” cristiana y perteneció originalmente y hasta el siglo XV a la orden de Santiago. 

La ruta comienza junto a la Iglesia Parroquial de Santiago el Mayor que tiene la curiosidad de contar con espadaña en lugar de campanario. Desde allí son 7 km de ascensión hasta el techo de Huelva.



Se trata de parte del sendero de pequeño recorrido PR-A-43 “Sendero Rivera de Montemayor-Monasterio de Tentudía”.  Estos senderos de pequeño recorrido son rutas comprendidas entre los 10 y los 50 km. Son senderos oficiales por los que están debidamente señalizados con balizas.



Como decíamos, el sendero comienza junto a la iglesia y desde allí nos dirigimos al cementerio. Este tramo es de un camino hormigonado con una pendiente terrible y seguidamente se complica aún más ya que a la pendiente pronunciada le añadimos el cambio de terreno, ahora comenzamos a subir por un camino empedrado que nos machaca los tobillos. Este camino es un antiguo “Camino de Rueda” (En el s XVIII existían dos tipos principales de caminos. Los más habituales eran los  “caminos de herradura”, estrechos y accidentados, por donde sólo podían transitar caballerías, pero no carros. A su vez estaban los “caminos de rueda”, más escasos, destinados al tránsito de carros y carruajes)que conectaba Madrid con la sierra de Huelva a través de Extremadura. Estos dos primeros kilómetros son muy duros pero se recompensa con las vistas de Arroyomolinos que tenemos desde aquí. Transcurrimos entre dehesas de encinas y campos de olivos y nos preguntamos cómo es posible la recolección de la aceituna con estas pendientes. Antiguamente existían 3 molinos de aceite en la localidad, pero con los años se dejaron de usar. Ya hace más de 30 años que estos impulsores de la economía local ya no se utilizan. Actualmente la empresa Alma Natura afincada en Arroyomolinos de León, dedicada a la reactivación de lo rural y codirigida por una paisana de Gibraleón, se está encargando de la restauración y puesta en valor de uno de ellos.




Una vez pasados este primer tramo el camino se hace más llevadero y el paisaje cambia, empezamos a ver
robles, castaños y algún pinar. Por esta zona podemos observar alguno de los animales que el ser humano ha usado tradicionalmente para su aprovechamiento en la sierra, la estrella es el cerdo ibérico, pero también observamos cabras y vacas.





El camino se hace en ocasiones cuesta abajo cuando nos acercamos a la cuenca de algún arroyo. En las riberas de estos arroyos podemos encontrar zarzas, rosal silvestre, piruétanos, majuelos y ciruelos silvestres entre otras especies.

Roble

Majuelo

Ciruelo silvestre

Moras de zarza

Piruetano o peral silvestre


Ya cerca de nuestro destino nos encontramos con una
señal que nos indica la bifurcación a dos senderos, uno de ellos nos llevará al Bonales, techo de Huelva y el otro hacia el monasterio de Tendudía, techo de Badajoz. Los más intrépidos pueden optar por hacer las dos cimas el mismo día, nosotros preferimos en ese momento hacer solo Bonales.

Señal de bifurcación Bonales-Tentudía


El último tramo es también muy duro, hay que subir una cuesta con mucha pendiente hasta llegar a la cima del Bonales. Esta cima es bastante llana, se encuentra junto a un bosquete de pinos y está señalizada por un
monolito. Desde la cima se puede ver casi toda la provincia de Huelva y parte de la de Badajoz. 









Esta primera etapa de nuestra aventura nos ha resultado muy gratificante. Emprender un reto y conseguir las metas que te marcas es siempre motivo de satisfacción. Si además va acompañado con el disfrute de unos paisajes y de un entorno natural de enorme belleza la jornada se hace redonda. ¿Te apuntas para la próxima? Contacta con nosotros pinchando aquí.

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viernes, 11 de septiembre de 2020

Cuestión de piel

Fotos piel libres de regalías | Pxfuel

Hola amigos y amigas del blog del Proyecto "INNATO". Esta semana os traemos la reflexión mensual de Juan Luis Martín García. En esta ocasión nos hace pensar sobre la relación que hay entre la conservación de la biodiversidad y los productos qué consumimos. Él se centra y nos trae el ejemplo de la industria peletera, la fabricación de prendas con pieles de animales, nosotros vamos a permitirnos la licencia de que el lector o lectora de estas líneas extrapole el ejemplo a otros elementos más cotidianos, como la leche, los huevos o la carne que consumimos. Esperamos lograr nuestro objetivo que no es otro que proponer una reflexión y motivar un cambio de hábitos hacia la sostenibilidad biológica.


"En algún excelente artículo expuesto en el blog, me refiero concretamente al de mi compañero y amigo Eduard Cuadrado, se hace mención a que el conservacionismo no debería centrarse en todo aquello relacionado con lo que conocemos como especies bandera. Evidentemente está en lo cierto pues hay que ir mucho más lejos y profundizar en infinitud de aspectos de índole medioambiental interconectados pero no resulta menos llamativo que precisamente sea ese carácter atrayente de especies carismáticas o emblemáticas seriamente amenazadas (pongamos el caso del lince ibérico para no irnos muy lejos de nuestras latitudes) el que puede provocar esa punzada en nuestra obsoleta conciencia para activar la chispa de la cordura y que provoque el encendido de nuestra innata sostenibilidad (como postuló René Descartes y para homenajear a este bendito blog). De hecho, deberíamos preguntarnos cómo nos sentiríamos si precisamente nuestro felino de Doñana desapareciera de la faz de la Tierra.

Sirva este preámbulo para introducir la temática sobre la que va a versar esta nueva reflexión: la pérdida de diversidad biológica (insisto, si la asociamos a una especie bandera es más acusada), la cual se va a procurar conectar con el mundo de la moda cuya industria es una de las más contaminantes y destructoras del mundo.

Empecemos como es obvio por el principio. Para comenzar, una idea demoledora para afrontar la magnitud del problema que pretendemos tratar: “La pérdida de diversidad biológica conduce a la extinción de especies”. No es fácil de digerir pero es la cruda realidad. No sería la primera vez que la mano del hombre finiquite la existencia de una especie animal de manera directa o indirecta, bucardo, dodo de la isla Mauricio, delfín del río Yantsé…. Existen multitud de casos conocidos a lo largo de la historia medioambiental del planeta que se incluiría en una lista inacabable y por desgracia, abierta a nuevas incorporaciones. Lo que si resulta crucial es conocer de primera mano las causas reales que la provocan y analizar el caso concreto a exponer. Allá por el año 1995 Richard B. Primack, biólogo estadounidense, lanzó su teoría de que la extinción de las especies se concentraba en la existencia de alguna de las siguientes causas principales que paso a enumerar:

- Destrucción de hábitats
- Fragmentación de hábitats
- Degradación de hábitats
- Contaminación
- Sobreexplotación
- Introducción de especies invasoras y alóctonas
- Enfermedades.

Sería un lujo para mis pretensiones que desde este blog abierto a cualquier colaboración, se me permitiera de manera dilatada en el tiempo poder recapacitar sobre cada una de ellas. Y lo que me resultaría de mayor agrado, que cualquier persona fuera partícipe a exponernos su particular visión de alguna de las causas de las mismas. Lanzado el órdago, permítanme comenzar a desgranar una de ellas y relacionarla con un fenómeno tan común en nuestras vidas como la moda y más concretamente con la industria peletera. Es el momento de hablar de la sobreexplotación de especies.

Desde tiempos ancestrales de la Prehistoria humana, nuestra especie se ha servido de las pieles, plumas o subproductos para combatir las bajas temperaturas y que las mismas sirvieran de abrigo a nuestros primitivos congéneres en su continuada evolución. Se trataba de un acontecimiento que rozaba la sostenibilidad pues se aniquilaban determinadas especies por necesidad (no por el vicio desmedido que impone nuestro sistema económico y la propia depravación de la sociedad en la que estamos inmersos), de un modo indirectamente controlado y que no se ligaba exclusivamente a satisfacer una única suerte: un mismo animal caído del que se podía aprovechar su pelaje abastecía también de alimento y servía de utilidad para otros menesteres a nuestros ancestros. Además la caza se restringía a una época concreta del año que servía de sustento y abastecimiento futuros y se focalizaba en los especímenes con más probabilidad de ser vulnerables y más fácilmente apresados. No se cazaba por inercia, interés o menoscabo.

Pero igual que la especie humana evolucionó (no sabemos si para mejor) también lo hicieron sus inquietudes y su abandono por el raciocinio (en este caso y sin discusión alguna para peor) y actualmente puede estimarse que la industria peletera sacrifica 20 millones de animales salvajes (o lo que es lo mismo en libertad) cazados en trampas (provocando que la progresiva disminución en el número de ejemplares se acerque al precipicio de la inminente desaparición y ocaso como especie) y 40 millones de animales criados en granjas destinadas a tal fin y en donde el trato y el bienestar ofrecidos es, por decirlo de algún modo sincero, terriblemente cruel (aludiendo al éxito musical de Leiva en su disco Pólvora). Una sobreexplotación en toda regla. Porque somos testigos de la utilización de manera abusiva o que excede a lo necesario o recomendable de un recurso natural en forma de animal perseguido por su preciada piel. O lo que es lo mismo, hemos cumplido a rajatabla con la definición con la que los más versados en nuestra lengua exponen dicho concepto.

Son muchas las organizaciones que se han hecho eco de las traumáticas situaciones que pueden experimentar los animales en las paupérrimas condiciones en las que se puede llegar a convivir (o más concretamente malvivir) en las granjas peleteras.




Nueva investigación revela crueldad extrema en granjas peleteras de Noruega

Hemos asistido como especie hace poco (y me temo que no vamos a tardar mucho en repetir) cómo un escenario de confinamiento puede llegar a alterar y afectar de manera seria los hábitos, costumbres, rutinas y la psique del ser humano. Pues imaginemos por un momento lo que puede experimentar en granjas peleteras una determinada concentración de animales reducidos a la superficie de una jaula metálica. Esa patente limitación de espacio (y privación de la libertad) conlleva un estrés (¡no sólo lo sufren las personas!) que acarrea comportamientos hostiles en forma de automutilación y canibalismo, conductas impropias en un contexto de liberación en su hábitat característico y natural donde pueden realizar destrezas afines a su instinto.

Fur farm investigation December 2012. White foxes in cages.

Estas condiciones de vida (por denominarlo de alguna forma pues en muchos casos encontramos animales famélicos y enfermos) fomentan el hacinamiento animal al más puro estilo de campo de exterminio de mediados del siglo XX, incluyendo cámaras de gas para su exterminio. No se trata de un método estrictamente necesario pues existen diversas y variadas alternativas para el objetivo final: la electrocución, desnucarlos o dejarlos morir si se encuentran heridos y no se pone en riesgo la calidad de la piel. Mencionar al respecto que siempre que se respete la finalidad y se obtenga un producto de categoría, el recurso de atención veterinaria es perfectamente prescindible en este tipo de granjas. Y todo ello a pesar de que es un fenómeno común que ejemplares que han sufrido la pérdida de algún miembro compartan el reducido espacio con otros que sufren importantes mutilaciones o imperfecciones en el rostro o en el cuerpo y al final, acaban jugando con los miembros seccionados o durmiendo encima al abrigo (vaya casualidad) del animal que lentamente ha muerto y sirve de lecho a los demás que presencian la suerte o destino de sus compañeros. Una vez se le desprende de la piel, los restos de los cuerpos de los animales despellejados son vendidos a la industria cárnica de elaboración de alimentos para perros y gatos e incluso para la fabricación de abonos.

Un holocausto animal devastador. Un ecoterrorismo en toda su extensión. Un zoocidio anual que elige de manera minuciosa a sus víctimas preferidas. Porque también hay un ranking de especies animales cotizadas por las características especiales y óptimas de sus pieles para la peletería:

El zorro azul (Vulpes lagopus). Más conocido como zorro ártico. De pelaje blanco inmaculado durante el crudo invierno de Canadá o Siberia, un 10% de su población durante dicho periodo presenta el extremo con pelos oscuros dando así una apariencia más oscura y azulada. Su destino perverso va unido a que su pelaje está adaptado a condiciones extremas de frío (hasta -40ºC) que lo hace poseer, como era de esperar, muy buena calidad y densidad para prendas de abrigo.



El (Neovison vison) es sin duda la especie más reconocida en peletería. El continente europeo produce el 70% de la piel mundial de este mustélido apreciado por su densa y ligera piel y por una amplia gama de colores naturales desde tonalidades blancas al negro.



La piel de la chinchilla (Chinchilla lanigera) se caracteriza por pesar poco y presentar una densidad de pelaje importante, de tacto suave y sedosa que han afamado su acoso. Su población siempre ha sido muy reducida, lo que unido a una degenerada persecución en forma de caza sin control entrega a la especie al abismo de su eclipse.

Fotos chinchilla libres de regalías | Pxfuel

La mancha característica en la garganta de la marta rusa (Martes zibellina) es brillante y poco aparente pero su pelaje es más largo, delgado y sedoso que el del visón, lo que le hace ser muy apreciado por su calidad, suavidad y exuberancia. La rareza de ejemplares alejados del color salvaje principal de su piel se están revalorizando en el mercado, en especial las albinas y canosas, aunque su cría en cautividad es bastante difícil, lo que hace que la población en libertad esté sufriendo un importante retroceso.

Martre des pins — Wikipédia

Llama la atención que detrás de la fabricación de un abrigo de piel se esconden cifras absolutamente escandalosas e inmorales: 300 chinchillas, 60 visones o martas y 20 zorros. No creo que cuando la cantante malagueña Vanesa Martín, por cierto una de mis debilidades musicales, lanzara en 2012 su álbum de estudio Cuestión de piel se estuviera refiriendo a la materia sobre la que ha versado este artículo pero el objetivo que me he planteado al compartir este mensaje es que cuando observemos prendas con cuellos, puños y envolturas de piel, estolas, chaquetas y abrigos de cuerpo entero pensemos, aunque únicamente sea por un instante, en el sufrimiento y padecimiento que han soportado diferentes ejemplares de las especies que hemos expuesto y otras muchas a las que, a pesar de no haber nombrado, tenemos en la conciencia y tener presente que con la compra de esos atavíos somos cómplices de la posible decadencia de las mismas. Y extinción es una palabra que, desgraciadamente, no tiene marcha atrás. De allí no se regresa nunca jamás."

JUAN LUIS MARTÍN GARCÍA

Para completar la información.




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