Hoy os presentamos otro artículo de nuestro colaborador y amigo, casi hermano, Juan Luis Martín García. En esta ocasión una excelente reflexión sobre las consecuencias que tiene el sobreuso de materiales plásticos, sobretodo en el mar ya que este actúa como sumidero de todos los residuos plásticos que producimos.
Recordad este artículo y las imágenes que lo acompañan cada vez que tengáis que decidir qué tipo de envases vais a comprar y qué haréis con él después de su uso.

"Nunca he presenciado la defunción de una especie marina pero me lo puedo imaginar como la sensación de nadar a estilo braza dentro de una piscina olímpica de recogida selectiva hacinado entre miles de plásticos vagabundos hasta finalmente ahogarte entre una montaña de residuos que no para de crecer y cuya cumbre está, cada vez, más afilada, alta e inalcanzable, o bien asfixiarte con una soga improvisada de polietileno de baja densidad con la que se hacen las típicas bolsas de plástico que nos dispensan, previo pago, en cualquier cadena de supermercados de nuestra ciudad o tal vez ser estrangulado por un envoltorio de poliestireno de los característicos envases de comida para llevar.
Posiblemente sea despiadado hacer volar tanto la imaginación pero la realidad nos sacude a la palpable evidencia de que estamos convirtiendo a un ritmo agigantado el fondo marino en un atípico cementerio. Sin lápidas ni cipreses. Carente de panteones familiares o de ramos de flores marchitos y resecos, olvidados. Falto de nichos y sin llantos a pie de tumba como hilo musical. Huérfano de coronas con bandas en la que no falta nadie ni sobran recuerdos. Desprovisto de esquelas y de coches fúnebres. Libre de condolencias, sin pésames ni Funerales de Estado. Pero con muertos y fallecidos. Tal vez, quizás, la única mayúscula coincidencia.
Hablamos de cosa seria. Si no, no estaríamos por aquí perdiendo el tiempo. Intentamos presentar una amenaza de índole global donde es relativamente obvio encontrar culpable. No acusemos a las tortugas laúd. No pretendamos imputar a algún león marino. Es descabellado pensar en culpar a cualquier equinodermo. Nos encontramos alejados de hallar al verdadero responsable si incriminamos a las medusas. No recriminemos impunidad a especies bentónicas. Esta masacre tan desorbitada solamente puede estar amasada y moldeada en las manos de la especie humana.
Era de esperar. Y no se nos cae la cara de vergüenza. Posiblemente porque no la hayamos conocido todavía. Como de costumbre, miramos para otro lado porque pensamos que no nos influye de manera directa y relativizamos e incluso tildamos de insignificante la magnitud de este impacto medioambiental de dimensiones desorbitadas y de unas posibles consecuencias nefastas y demoledoras. Como las que estamos padeciendo. Como las que podemos apreciar en cualquier sepelio marino al que nunca hemos acudido.
Y es que existen diversos factores que intervienen de manera decisoria en este paulatino exterminio y que colaboran de sobremanera a que las basuras marinas, se insiste en la supremacía de los plásticos entre tales residuos a través de diversos recientes estudios que estiman su importancia en el 80%, se acumulen en el fondo.
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Podemos agregar actividades entre las que destacan sobremanera la propia pesca como arte y la pesca fantasma con el abandono, deterioro y pérdida de útiles asociadas como redes, aparejos o boyas que deambulan a sus anchas por mares y océanos; la navegación, el turismo masivo e incontrolado característico de las zonas costeras, actividades recreativas ligadas a la mar, prácticas de gestión de residuos deficientes, la irrefutable trascendencia que está tomando con el paso de los años la entrada de basura al medio marino procedente desde tierra y como no podía ser menos, una preocupante falta de concienciación y delicadeza humanas.
Pertenecemos a una especie sin escrúpulos que campa a sus anchas por tierra, aire y evidentemente, mar. Compartimos un linaje que ha hecho del plástico una forma de vida. El plástico es un enemigo implacable. Un adversario difícil de derrocar de su hegemónico trono. Se trata de un material con una fiable durabilidad y un bajo coste. Lo que lo convierte en doblemente peligroso. Nos enfrentamos a un componente presente en cualquier latitud con una presencia destacada. Nuestros hábitos diarios se relacionan con cualquier clase de plástico. En pocas palabras, están por todos lados y vienen atacando en cualquier dirección. Vienen por todos los flancos posibles. Su ofensiva es total y descontrolada. Imposible de sofocar con nuestras actuales e irrisorias armas.
Y para más inri en el ambiente marino existe un hándicap a considerar y tener en mayor consideración. Y todo debido a que la degradación del plástico normalmente requiere mucho más tiempo en el mar que en la tierra. Es decir, su latencia en el líquido elemento es superior aún, lo que provoca que su persistencia a pernoctar en el fondo se dilate, permitiendo que su presencia en el mismo no sea precisamente efímera. A todo esto hay que añadir el problema de la descomposición del propio material plástico en porciones microscópicas mimetizándose en el hábitat marino. Es lo que conocemos con el término de microplásticos.

El bagaje de la manifestación ya sea de macro o microplásticos se concentra en alterar de manera ostensible el equilibrio de las condiciones físico-químicas del ecosistema sobre el que actúa pudiendo provocar, dependiendo de su zona, la reducción la penetración de luz, la creación de zonas anóxicas generando áreas sin oxígeno donde el riesgo de morir por asfixia se incrementa peligrosamente, también hace disminuir la presencia de invertebrados en el sedimento influyendo negativamente en el correcto funcionamiento de la cadena trófica marina y además, contribuye al transporte y movilización de especies invasoras poniendo en riesgo el equilibrio de los diferentes ecosistemas.
Pero no podemos olvidar consecuencias que se aprecian más a la vista de ciudadanía. Famosas instantáneas de enredos, atrapamientos e ingestión son casos frecuentes en especies de cetáceos, focas, tortugas y aves marinas, especialmente albatros y gaviotas pero existen otros efectos devastadores de la presencia de plásticos en la mar. Resumamos: Inanición de especies debido a las dificultades al desplazamiento o a la propia alimentación por la aparición de materiales plásticos; desnutrición de especies marinas al incluir en su ingesta alimentos que incluyen plásticos; formación de micropíldoras venenosas que son vectores de transporte de metales pesados, compuestos químicos nocivos o contaminantes como hidrocarburos aromáticos policíclicos a través de diferentes especies marinas y evidentemente, el aspecto de vertedero incontrolado de residuos plásticos en el que se ha transformado el fondo marino. Como para no echarse a llorar.

La especie humana posee el don de poder revertir, si así lo desea, situaciones extremas a las que se llegan por su egoísmo desmedido y su despiadada inquina. Evidentemente existen decenas de medidas que uno desde su propia rutina diaria puede poner en práctica de manera sencilla para evitar que la dimensión del problema que hemos propuesto en esta particular reflexión personal no se magnifique. No se pretende que esta advertencia se convierta en panacea de comportamientos y actitudes. De hecho, el mundo sigue ahí fuera y lo contemplamos rozando la perfección extrema y sublime. No más lejos de la cruda realidad. Pero sí se procura que la conciencia y el sentido común dejen de hibernar durante todo el año y abandonen el aletargamiento en el que se encuentran sumidos. Que despertemos de esta eterna siesta que nos mantiene anestesiados.
Somos una especie pasiva en cuestiones relacionadas con el cuidado de nuestro entorno (para otras no tanto), indiferente con los problemas medioambientales, demasiado insensible a devastaciones de magnitud intangible. En el caso que nos ocupa, hemos acumulado la basura y la hemos depositado debajo de esa alfombra que metafóricamente resiste en forma de fondo marino. Aplicando el dicho de ojos que no ven, corazón que no siente. Así nos va. Pero todavía estamos a tiempo de modificar nuestro primitivo comportamiento destructor, aniquilador de todo aquello que nuestra equivocada creencia define como innecesario o alejado de nuestra más incierta proximidad. La lejanía es relativa (una infamia para ser más exacto) en un mundo tan globalizado. Para muestra un botón: la propagación del coronavirus. Había escepticismo en que llegara al mundo occidental y viajó prácticamente a la velocidad de la luz para, desgraciadamente, quedarse.
Volvamos a la senda por la que íbamos y comencemos este alegato de salvación de conductas, como es obvio, por el principio. Parece una obviedad pero reducir el consumo de plásticos en origen es el mejor de los comienzos. Para ello es crucial decirle adiós a las bolsas de plástico de un único uso (vayamos al hipermercado con carrito o bolsas de materiales variados y usos múltiples). La reducción es el inicio de esta cuesta empinada llena de cristales a la que nos enfrentamos descalzos y con la carga de nuestros salvajes actos sobre nuestras espaldas.
Utilizar ropa y textiles en general fabricados con fibras naturales es otra norma a imponer en nuestros hábitos consumistas. ¿Nos hemos olvidado de que siguen existiendo prendas de lana, seda, algodón, lino o cachemira? Con procedencia artesanal que devaluamos frente a las grandes marcas que sobreexplotan a menores en países emergentes o en vías de desarrollo, grandes firmas que evitan el pago de impuestos en sus países de origen para mercadear con burlescos salarios (en el caso de que existan) y sobreexplotan materias primas en aquellos países a los que llegan arrasando.

https://lagacetadealmeria.es/gran-acogida-de-la-primera-guerra-al-plastico-de-almeria/
Es de vital importancia cooperar en el sistema de retorno de envases que apuestan por la reutilización de los mismos. El reciclaje es otra apuesta segura en esta batalla campal en la que estamos inmersos. Sólo tenemos que cruzar la calle y detenernos a separar durante un par de minutos y delante de los contenedores habilitados para ello, los residuos que hemos generado a lo largo de la intensa jornada de nuestra vida que no tiene el tiempo requerido y expuesto con anterioridad porque es más importante sentarse frente a la televisión a ver cualquier programa (por llamarlo de alguna forma) de TeleCinco (o TeleCirco).
Deberíamos alejarnos del abuso de consumo de agua y/o refrescos embotellados, rechazando de igual forma otros productos asociados al binomio usar y tirar, así como favorecer la compra de alimentos frescos, productos de temporada y no envasados. Acudamos a los mercados de barrio. Paguemos un poco más por la calidad y lo sostenible. Dejemos de enriquecer a las grandes multinacionales y démosle de comer al pequeño comerciante que en muchos casos expone un producto cultivado o criado con su esmero y sudor en la línea de la sustentabilidad. Merece la pena y el planeta lo agradecerá.
Por cierto,
tengo que dejaros porque en el tiempo que os ha llevado leer este artículo
tenemos que lamentar la muerte de un delfín mular. D.E.P."
Juan Luis Martín García
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