domingo, 30 de mayo de 2021

El abejaruco. El color que viene de África.


El abejaruco (Merops apiaster) es una de las aves más llamativas de entre las que habitan en España. Este ave que nos visita cada primavera desde África es fácilmente reconocible tanto por su flamante colorido como por su inconfundible canto, audible desde mucha distancia. De hecho, a menudo se oye  pero no se ve ya que en migración a veces vuela a mucha altura. 

Comienzan a llegar durante el mes de abril y no se marcharan hasta septiembre. En España se encuentra en todo el territorio a excepción de Galicia, la Cornisa Cantábrica y los Pirineos. Se estima que un 25% de la población europea de abejaruco se reproduce en España.

Suele concentrarse en colonias de cría en cortados, taludes, canteras o paredes verticales de materiales blandos en los que poder excavar sus nidos. Si, hemos dicho bien, excavar, y es que el abejaruco construye un túnel en la pared en el fondo del cual deposita sus huevos, que oscilan entre 6 y 8, y lleva a cabo la crianza de los pollos. Este túnel puede alcanzar hasta dos metros, dependiendo de la dureza de los materiales.

De su nombre científico obtenemos una pista sobre su alimentación. Apiaster, viene del latín "Apis" que significa abeja. Efectivamente el abejaruco se alimenta de insectos (abejas, avispas, libélulas...) que captura al vuelo.

El abejaruco se ha visto beneficiado por ciertas actividades humanas que han posibilitado la creación de taludes pero también se ha visto perjudicado por otras actividades. Entre estas últimas, perjudiciales para esta y otras muchas aves, destacamos el uso de herbicidas y pesticidas que están acabando con las poblaciones de insectos, presas principales de estas aves.

También históricamente se ha percibido como enemiga de los apicultores, ya que se alimenta de abejas en las colmenas y por eso ha sido perseguida. Pero hoy en día, con la expansión de la peligrosa avispa velutina, de origen asiático, se empieza a ver como un aliado en la erradicación de la misma.

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lunes, 24 de mayo de 2021

Tiburón de río

 

Autor: ZiskoW . This file is licensed under the Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0 International license.

En el artículo anterior (Invasión y victoria) dedicado a las especies exóticas invasoras comenté que iba a dedicarle por su importancia un lugar destacado y preponderante al siluro (Silurus glanis). Y es que cuando uno lee en la prensa que capturan en Extremadura el siluro más grande registrado en España (2.95 metros de longitud y 180 kilogramos de peso) empieza a preocuparse verdaderamente. En primer lugar porque uno escucha hablar del siluro y piensa casi de inmediato en su presencia en el río Ebro y Aragón, leer que aparece en la vecina región extremeña transforma la sorpresa inicial en temor. Un sentimiento de recelo por el hecho de que se está expandiendo y otro de aprensión por la cercanía a nuestra tierra y a nuestros entornos y en cadena como las piezas de un dominó, a nuestros espacios naturales (sean protegidos o no).

Cuando encima profundizo en la noticia y compruebo que la captura se llevó a cabo en el embalse de García de Sola (término municipal de Talarrubias en Badajoz) me viene a la mente el intercambio de pareceres que mantuvimos el creador de este blog y uno mismo con unos aficionados a la pesca deportiva con los que coincidimos en 2003 en un camping de la mencionada localidad pacense mientras nos encontrábamos en un campamento de anillamiento de aves y en los que defendimos la postura de la erradicación del siluro de nuestros cursos de agua por la multitud de peligros que supone su existencia en los mismos, aspecto que no les pareció hacerle mucha gracia a nuestros vecinos de estancia (sabotaje incluido de nuestra tienda de campaña en su huida sin nuestra presencia delante). De eso hace prácticamente 18 años y ya entonces oír nombrar al siluro era una mascletá para las conciencias sostenibles que conocen el curriculum de esta especie alóctona de nuestros ríos que como dicen por ahí, vino para quedarse. Así de triste.

Y es que el siluro, o tiburón de río, es una especie exótica invasora de más de 2 metros de longitud y más de 100 kilos de media que fue soltado adrede en mitad de la década de los 70 por dos turistas alemanes aficionados a la pesca deportiva en un embalse del río Ebro denominado Mequinenza (Aragón). Desde ese momento, el siluro invade, devora y amenaza a todo y todos a pesar de que su origen se encuentra en los grandes ríos del centro de Europa pero se ha ido extendiendo como consecuencia de la suelta ilegal que ha ido poblando ya demasiados rincones en los que no se esperaba la presencia de este gran depredador, de quien conocemos poblaciones introducidas en Croacia, Dinamarca, España, Italia, Reino Unido o Kazajistán.

Porque eso es lo que es el siluro: un voraz depredador al que le acompaña una sorprendente longevidad (mínimo 20 años) y una inusitada importancia que va en aumento por el incremento de su interés deportivo y porque los ejemplares capturados se suelen retornar al agua (aunque los siluros y otros ejemplares de especies exóticas invasoras deberían ser sacrificados, no pudiendo ser devueltos a las aguas)

Conocer la biología del siluro es comprobar que su peligrosidad reside en su comportamiento camaleónico en muchas circunstancias ecológicas adversas. Se trata de un pez sedentario que prefiere zonas profundas de fondo blando, con aguas tranquilas y turbias, por lo que se encuentra principalmente en los tramos bajos y profundos de los ríos y embalses, permaneciendo en los meses de bajas temperaturas en zonas profundas y escondidas, invernando. Soporta aguas ligeramente salobres, por lo que se puede adentrar en las desembocaduras de los ríos abarcando un amplio espectro de localizaciones. No tiene grandes requerimientos de oxígeno, lo que le hace relativamente tolerante a la contaminación, aspecto que lo puede convertir en habitual en nuestro país dado la mala calidad que presentan los cursos fluviales nacionales. Además, presenta un comportamiento gregario (los individuos de un grupo determinado pueden actuar juntos sin una dirección planificada) frente al individualismo característico de otras especies animales.

Es una especie con una alimentación oportunista, predador muy voraz y agresivo, modificando su régimen alimentario a lo largo de su crecimiento. En sus primeras etapas, la dieta es plancton; durante la etapa juvenil consume principalmente invertebrados y en la fase adulta se alimenta de noche y en el crepúsculo, subiendo a la superficie para cazar, principalmente peces, pudiendo capturar también anfibios e incluso roedores y aves acuáticas de forma ocasional. Debido a esa voracidad es el máximo responsable de la extinción del barbo (Barbus barbus), un pez autóctono comestible que se podía pescar en la mayoría de los ríos españoles y que cuyo futuro pueden compartir otros peces otrora típicos de nuestros ríos como la boga (Pseudochondrostoma polylepis), la colmilleja (Cobitis paludica) o el salinete (Aphanius baeticus).

Porque el tiburón de río a pesar de su gran pesaje es un pez poco apetecible por su aspecto viscoso, más cercano al de un monstruo prehistórico que al de un suculento pescado. De hecho no es comestible en nuestro país aunque su captura ilegal ha generado la existencia de una mafia que exporta en condiciones insalubres siluros para consumo humano al este de Europa (fundamentalmente Rumanía) y que se hizo eco en un reportaje de “Equipo de investigación”. Y es que algunas localidades aragonesas como Caspe o Mequinenza viven del siluro y su economía local se fundamenta en todo lo relacionado con la pesca deportiva de este gigante de los embalses que es más conocido por todo lo que arrasa en su devenir diario.

De hecho en la web del Ayuntamiento de Mequinenza puede comprobarse como se alude a la importancia de la pesca del siluro en sus aguas (Mequinenza está situada entre las confluencias de los ríos Segre y Ebro y en los pantanos de Mequinenza y Ribaroja) para refrendar la importancia de la localidad, a la que se le considera un referente mundial en dicho deporte (utilizado como sostén y pilar fundamentales de su economía basada en el turismo asociado al fenómeno creciente e incipiente de la pesca deportiva).

Pero la realidad más allá de los ingresos económicos es otra bien distinta desde un punto de vista medioambiental o conservacionista. Lo que podríamos denominar las dos caras del siluro. Algunos lo ven como un motor económico, otros lo vemos como un invasor destructivo que obsequia al hábitat colonizado con los impactos y amenazas siguientes:

Sobre el hábitat:

- Gran impacto sobre los ecosistemas acuáticos, al alterar fuertemente la estructura trófica de las comunidades, debido a su carácter depredador (engulle todo lo que se pone a su alcance).

- Efecto negativo colateral en los ecosistemas acuáticos peninsulares, al haber provocado la suelta indiscriminada de otras especies exóticas como alimento para esta especie

Sobre las especies autóctonas:

- Alta depredación sobre especies autóctonas, dada su voracidad, principalmente de macroinvertebrados y otros peces (aunque en su dieta actual es más amplia e incluye aves y anfibios)

Sobre los recursos económicos asociados al uso del patrimonio natural:

- Efecto sobre el recurso económico de la pesca deportiva de especies autóctonas en España.

Sobre la salud humana:

- No se tiene constancia de impacto sobre la salud humana, aunque en el embalse de Flix (río Ebro) se han detectado niveles de PCB de tipo dioxina (recordar que las dioxinas tienen elevada toxicidad y pueden provocar problemas de reproducción y desarrollo, afectar el sistema inmunitario, interferir con hormonas y, de ese modo, causar cáncer), mayores en los siluros que en otras especies de peces. De todas formas, el siluro no es apto para el consumo humano.

- Hay registros de ataques a pescadores.

Un panorama preocupante y desolador que no acaba ahí. Ojalá. Ahora inquieta su expansión y los posibles efectos de los nuevos hábitats conquistados. Porque el Grupo de Trabajo en materia de Agua del Consejo de Participación del Espacio Natural Doñana ha confirmado la captura de un ejemplar de siluro de casi dos metros y cerca de 100 kilos de peso aguas abajo de la presa de Alcalá del Río (Sevilla). También fueron confirmadas capturas anteriores tanto en el embalse de Iznájar (Córdoba) como en el pantano del Gergal (Sevilla) en la cuenca del Rivera del Huelva, muy cerca del pantano de Aracena y Zufre.

El siluro ronda Huelva, aterrorizándola y desea establecerse en Doñana y ello supone para el Espacio Natural Protegido más emblemático de España (y de los más importantes – si no el que más-  de Europa) un nuevo problema que se suma a los que ya se ciernen sobre él (escasez de agua, sobreexplotación de acuíferos, agricultura intensiva, turismo de masas...). Por eso, su turbadora aparición debe suponer un desafío al que hay que poner freno lo antes posible. Así, los representantes de las entidades integrantes del Grupo de Trabajo, incluida la Estación Biológica de Doñana, decidieron elevar al Pleno del Consejo de Doñana la petición de que la Administración Ambiental desarrolle de forma inmediata medidas de erradicación y control de la especie.

Dados los antecedentes de esta especie exótica invasora y su efecto “Caballo de Atila” allá por donde se establece, es de recibo recordar e insistir que debido a su potencial colonizador y constituir una amenaza grave para las especies autóctonas, los hábitats o los ecosistemas, en España la especie está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, regulado por el Real Decreto 630/2013, de 2 de agosto, estando prohibido y constituyendo por tanto un grave delito su introducción en el medio natural, posesión, transporte, tráfico y comercio.

Su presencia en las proximidades del entorno de las marismas del Guadalquivir y por tanto, de Doñana, es especialmente preocupante e inquietante por habitar en este archiconocido humedal las últimas (escasas) poblaciones de cercetas pardillas (Marmaronetta angustirostris), malvasías cabeciblancas (Oxyura leucocephala), porrones pardos (Aythya nyroca) o fochas cornudas (Fulica cristata); todas ellas aves en situación de peligro de extinción; las cuales podrían convertirse en parte de la intensa dieta del siluro.
 

Pero no es únicamente la presencia del siluro lo verdaderamente alarmante, si no los efectos colaterales que su aparición conlleva. De esta forma, la introducción del tiburón de río en embalses y ríos lleva asociada la suelta de otros peces invasores que le sirven de alimento, como alburnos (Alburnus alburnus) o percasoles (Lepomis gibbosus), lo que multiplica el impacto negativo sobre el ecosistema y su equilibrio, informan desde el proyecto Life Invasaqua, coordinado por la Universidad de Murcia y en el que participa, entre otros, la Agencia Efe.

Estas especies contribuyen asimismo a la entrada de patógenos no nativos de los que son portadores y causan un impacto socioeconómico, pues predan sobre especies autóctonas de interés para la pesca.

La única medida preventiva que sirve para evitar su propagación a otras masas de agua es que la Administración ponga en marcha medidas de control drásticas, rápidas y eficaces que pasan por evitar el acceso y pesca deportiva incluso si se trata de zonas de competición, debido a que sólo aislando los ejemplares para actuar de forma selectiva, se puede frenar su colonización y la amenaza que supone para el resto de todas las especies pescables propias de las aguas dulces andaluzas.

Es vital preservar de la colonización por estas especies invasoras los últimos tramos del río Guadalquivir, ya que constituye un área única no sólo desde el punto de vista biológico y ecológico, sino también y de forma importante, económico.

Entre las medidas que se proponen para contrarrestar el flujo evolutivo de la presencia expansiva del siluro por el territorio nacional podemos encontrar las siguientes:

- Concienciación, mediante campañas de sensibilización para evitar la translocación de ejemplares.

- Cumplimiento de la normativa sobre especies exóticas invasoras y de pesca.

- Control intensivo para evitar la translocación de ejemplares.

- Favorecer la pesca sin retorno para colaborar con su control.

- Realizar diseño de medidas efectivas de eliminación.

- Implicar a los pescadores en el monitoreo y la erradicación de la especie.

- Vigilar la limpieza de aperos y material de pesca, por parte de los pescadores, para evitar las posibles translocaciones de huevos o alevines.

Se nos viene encima un problema cuya expansión puede alcanzar cotas descomunales y tremendamente perjudiciales para la biodiversidad de nuestros ríos y embalses. Y es que la realidad del siluro o la propia leyenda, rodeada de historias descabelladas – como la que asegura que devoró un fox terrier en el río Tiétar- con la que convive lo convierte en una especie cuya captura se convierte en el objetivo de miles de pescadores (que proceden de cualquier punto de España y Europa) que han convertido el entorno, fundamentalmente el arraigado junto al río Ebro, en un referente turístico a nivel mundial para la práctica de este deporte.

Entiendo y comprendo que mi punto de vista acerca de esta problemática no sea del gusto ni del agrado de muchos, únicamente me limito a exponer desde un encuadre ecológico y medioambiental (que es el que personalmente me interesa dar a conocer) el contexto relacionado con la presencia en nuestras aguas continentales del siluro – conocido también como monstruo de río, término que precisamente no ha sido acuñado por mi persona – desde la perspectiva que mi condición de amante de la naturaleza y la biodiversidad, así como de mi propia formación académica (uno no estudió la Licenciatura de Ciencias Ambientales por complacencia u obligación), me otorgan haciéndome reflexionar libre y profundamente sobre el tema. Nunca llueve a gusto de todos pero exponiendo este alegato desde mi más humilde opinión al respecto del hilo conductor que promueve este artículo, me he sentido como pez en el agua…

JUAN LUIS MARTÍN GARCÍA

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domingo, 16 de mayo de 2021

¿El lobo feroz?

Nuestra sociedad ha tratado al lobo (Canis lupus) desde la perspectiva de considerarlo una auténtica alimaña (animal que ataca o hace daño a la caza menor o al ganado) desde tiempo inmemorial. Lo consideramos un antiguo enemigo, un acérrimo adversario y lo utilizamos en nuestras tradiciones como sinónimo de un peligro inminente, que nos acecha. Para muestra el hecho de que en la literatura infantil clásica, el lobo  sea el archiconocido ser perverso y malvado que aparece en cuentos tan famosos como “Caperucita roja”, “Los tres cerditos”Pedro y el lobo” o “Los siete cabritillos”.

Su presencia infunde un temor inspirado en la tradición oral que lo relaciona con amenaza, maldad, traición y desconfianza y los antiguos pastores se encargaron de difundir historias y leyendas alrededor de la figura de este pariente de otros mamíferos integrados en una particular lista negra de animales a los que se no se les tiene mucho aprecio como el chacal (Canis aureus) o el coyote (Canis latrans). Ni que decir de la presencia legendaria de una criatura mitad lobo y mitad humano que recorre diferentes culturas por todo el planeta y que provoca el pánico entre la ciudadanía en las noches de luna llena y cuya superstición ha colmado Hollywood de guiones de películas (en las que se incluye incluyo sagas taquilleras como Underworld) en las que se hacía eco de las fechorías de los licántropos.

Un ser tachado de despreciable. Un depredador (como otros muchos que pueden copar la cadena trófica) al que aniquilar. Una especie que sobra de nuestra biocenosis. Un animal con un instinto voraz. Un contrincante para el ser humano. ¿Pero alguien ha intentado empatizar desde la mirada triste del lobo? ¿Alguien se ha puesto una mísera vez en su lugar? ¿Es tan feroz como lo pintan?

El gran naturalista y divulgador ambiental español Félix Rodríguez de la Fuente, reconocido amante de la especie, afirmaba que los lobos aullaban por tres razones. La primera relacionada con el hecho de comunicarse entre ellos; la segunda, para marcar sus territorios y la tercera y última, para expresar la profundísima tristeza del corazón de una especie que dominó en medio mundo y que está al borde de su extinción.

Estamos hablando, sin duda alguna, de una de las especies más fascinantes y espectaculares de nuestra fauna. Pero a la vez se trata de una, quizás la que más, de las más controvertidas, lo que genera el eterno debate entre los que o te alías con el lobo o eres uno de sus máximos tenaces detractores.

Evidentemente, vamos a intentar explicar la situación actual de la especie en nuestro país. Para ello hay que entender de dónde viene la misma, por qué se ha llegado a este escenario y la importancia de su futura inclusión en el Listado de Especies Silvestre en Régimen de Protección Especial, y una vez digerida toda la información que la decisión de inclinarse en la balanza de los opositores o los defensores del lobo recaiga en su propia conciencia.

La población ibérica (ya que la frontera con Portugal y las políticas conservacionistas del país vecino facilitan su expansión) del lobo, por sus propias características morfológicas y particulares fenotípicas, es descrita como una propia subespecie (Canis lupus signatus) aunque existen controversias y opiniones que discrepan de este estatus taxonómico concreto.

Se trata de un animal que se encontraba prácticamente en la totalidad de la Península Ibérica pero que con el avance de los años se ha ido reduciendo drásticamente debido al furtivismo, los venenos, el trampeo y su caza indiscriminada. Su localización específica se limita y concentra al noroeste del río Duero. De esta forma, la situación actual del lobo en España arroja y contabiliza 297 manadas repartidas casi en su integridad en la mencionada cornisa noroccidental de la Península Ibérica. En cifras de población, se estima que pueden existir en nuestro país unos 2400-2500 ejemplares de lobo ibérico.

A pesar de los innumerables mitos, leyendas y falsas creencias sobre el lobo; la subespecie ibérica es muy tímida y esquiva con los humanos. Aspecto que me confirmó mi abuelo Juan  hace muchos años cuando me contaba sus encuentros nocturnos (recordar que sus hábitos son mayoritariamente realizados bajo la luz de la luna) con los lobos mientras trabajaba en el arreglo de alguna vía de tren que había sufrido el desmoronamiento de una trinchera de terreno anexa e imposibilitaba el tránsito del ferrocarril en la línea de Huelva a Zafra.

Es sencillamente un animal que lucha por su subsistencia, un depredador con una importante capacidad de adaptación al medio que posee una compleja organización social digna de estudio y al que persigue un terrible estigma que lo convierte en un fiero competidor amenazante. Pero es algo más que eso y no lo afirmo desde un punto de vista sentimental como amante de la biodiversidad sino que me apoyo en un profundo conocimiento científico que respalda el hecho de que el lobo cumple con una serie de funciones cruciales en los ecosistemas en los que habita, desarrollando un papel ecológico insustituible: son los llamados servicios ecosistémicos.

Ante un panorama mundial donde el declive de la diversidad natural de las especies parece que empieza a convertirse en una de las preocupaciones de la sociedad (y en ello han tenido especial repercusión la existencia de especies bandera como el oso polar, el lince ibérico, el tití león dorado o el oso panda), la existencia del lobo en nuestros ecosistemas representa un importante legado natural e histórico (el aullido del lobo ha sido durante siglos el himno de nuestras montañas, un sonido capaz de encandilar y estremecer a partes iguales) que debe ser preservado. Entre sus servicios y beneficios ecosistémicos podemos enumerar:

-          Los lobos, junto con otros carroñeros como los buitres, son sanitarios de la naturaleza porque juegan un papel muy importante en el control de las enfermedades, ya que la presencia de la especie está ligada a la reducción de la transmisión de enfermedades entre ungulados (corzos, ciervos, jabalíes…) salvajes y el ganado doméstico, a la vez que eliminan desechos orgánicos del campo

-          Controlan el número de ungulados  silvestres que causan daños en la agricultura, obligándolos a desplazarse, evitando el sobrepastoreo (el cual se produce cuando las plantas y los cultivos están expuestos al pastoreo intensivo durante largos períodos o sin períodos suficientes de recuperación) y facilitando así la regeneración del pasto para el ganado. De esta forma, se aumenta la productividad de la ganadería

-          Al no tolerar la presencia de otros competidores en su territorio (esencialmente otros cánidos), mantienen a raya a perros asilvestrados, zorros y otros carnívoros que ocasionan daños a la ganadería

-          Facilita el almacenamiento de carbono al limitar el número de herbívoros, permitiendo así a las plantas crecer con lo que se fomenta la recuperación forestal

Además y fuera de la función ligada al hábitat, la presencia del lobo puede reducir la abundancia de especies que son responsables de colisiones entre vehículos y fauna; así como ser un imán para el turismo rural, puesto que el turismo alrededor de carnívoros como el lobo está en auge aportando riqueza y creando oportunidades de empleo en el mundo rural. Es el caso de la Sierra de la Culebra (Zamora) o la Reserva de Riaño (León) que se han convertido en los últimos tiempos en un referente nacional e internacional de turismo de observación del lobo, representando una oportunidad para las economías locales como se puso de manifiesto en el artículo El consumismo ecológico II.

Pero esa imagen totémica del lobo junto con la domesticación de ciertos animales provocó que la especie comenzara a encarnar lo maligno, la astucia y la trampa como resultado de la competencia por el ganado y la rivalidad entre cazadores por otros grandes mamíferos; manteniéndose esa visión dual entre temor y veneración (al igual que su mencionado aullido en el silencio) hasta nuestros días.

Aquí surge la sempiterna polémica que arrastra la presencia del lobo junto a la ganadería local puesto que a pesar de que depreda fundamentalmente sobre ungulados (como ya se ha expuesto con anterioridad), cuando la población de éstos escasea o existe en su territorio cabezas de ganado doméstico con escasa protección que pueden resultar fáciles presas se producen ataques directos a la ganadería de la zona.

Ello unido a las condiciones desfavorables en las que se desarrollan la actividad ganadera de carácter extensivo (se trata de un sector en el que las ayudas de las diferentes administraciones no abundan, el avance tecnológico no se encuentra muy integrado, los precios para los ganaderos no resultan ser excesivamente competitivos y las mejoras en las instalaciones dejan mucho que desear al tratarse de explotaciones a la usanza tradicional) lo convierten en un negocio poco rentable en el que se achacan las mayores pérdidas, casualmente, a los ataques de lobos, a pesar de que la climatología adversa del entorno, lo obsoleta que resulta la PAC para este tipo de explotaciones, la tardanza en el pago de las indemnizaciones y las propias enfermedades son las principales causas de disminución en el número de las reses de ganado.

Es precisamente en el 65% de esos territorios en los que el lobo comparte hábitat con la ganadería extensiva donde es considerado especie cinegética (o de caza, categoría que ha ostentado desde el 4 de abril de 1970 con la Ley 1/1970 junto al lince o al oso pardo). Pero el paso crucial dado desde el gobierno central para la conservación del lobo ibérico instaurando la prohibición en todo el territorio de su caza e incluyéndolo en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial en la categoría de Vulnerable ha vuelto a abrir viejas heridas aún pendientes de cicatrización y rencillas oxidadas cuyo epicentro se encuentra, precisamente, en el lobo ibérico.

Las comunidades autónomas (Galicia, Castilla León, Asturias y Cantabria) donde se concentra la población del lobo se han mostrado reticentes a dicha política conservacionista del ejecutivo central y han abogado por una normativa continuista parapetada en el control letal del lobo (matar ejemplares de manera indiscriminada) y con una postura defendida por agrupaciones ganaderas, colectivos agrarios y cazadores sin tener en consideración, como era de esperar, la opinión de asociaciones ecologistas o entes promotores de la conservación de la especie. Comunidades que no son capaces de comprender que dicha política deja mucho que desear pues los daños ocasionados a los ganaderos no se han reducido a pesar de su vigencia desde hace más de 50 años de una ley que permite su persecución letal pero sí que han provocado drásticas disminuciones hasta alcanzar las cifras de población actual.

Una postura contraria a la conservación del lobo que únicamente perpetúa el conflicto existente y que apoyaron otras autonomías como Andalucía, Madrid, Murcia y Euskadi que no contemplan la nueva estrategia basada en una gestión más eficaz que minimice los posibles daños, que reduzca los plazos de la exasperante burocracia en la tramitación de ayudas o recuperación de  compensaciones o desagravios y que a su vez sea sostenible con la propia subsistencia de la especie.

Aunque con esta medida aumente probablemente las poblaciones del lobo ibérico, no implica que la especie pueda campear a sus anchas por los hábitats a los que ha quedado relegado dentro de la geografía ibérica sino que desde el ministerio competente se advierte de que la clave para mantener al lobo dentro de unos límites aceptables para evitar sobrepoblaciones de la misma es, precisamente, el control de ellas. De esta forma, serían aplicadas medidas en zonas específicas en las que deberán evaluarse y certificarse el perjuicio causado, y  siempre que no exista una alternativa menos dolosa.

           Encontrar el equilibrio es vital para regular los muy diversos nichos ecológicos en los que el lobo ibérico es capaz de arraigar con su facilidad para la adaptación y acomodo dada la importancia de la especie como patrimonio cultural, científico y ambiental. Todavía nos quedan muchas noches de luna llena donde en la quietud de la nocturna domine el aullido del lobo ibérico y su penetrante mirada; quizás con el objetivo de decirnos que a pesar de todo el empeño mostrado por sus detractores, sigue estando aquí.

JUAN LUIS MARTÍN GARCÍA

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domingo, 9 de mayo de 2021

Efecto mariposa



Sofía (Issoria lathonia). En toda Europa; en tierras baldías y prados floridos, lugares cálidos y secos, hasta los 2500m.

"Mariposa" es el nombre vulgar con el que conocemos a las "Lepidópteros". Los lepidópteros pertenecen a los insectos y estos a su vez a los artrópodos. Los artrópodos se caracterizan por poseer un esqueleto externo o "exoesqueleto" formado por quitina (el mismo material del que están hechas nuestras uñas). Otra característica de los artrópodos es que tienen las patas articuladas. 

De entre todos los artrópodos quizás sean las mariposas de los más bellos y sorprendentes. Sus vistosos colores (tanto en fase de oruga como en fase mariposa), el diseño de sus alas con sus colores y dibujos simétricos y sobre todo su capacidad de realizar la metamorfosis siempre han fascinado al ser humano. Seguramente muchos de los lectores de este artículo han tenido durante su infancia gusanos de seda y se han quedado ensimismados observando como la oruga construía su capullo y como varios días después emergía de este una mariposa.

Macaón (Papilio machaon). En toda Europa, en prados, campos y claros de bosque, hasta los 2500m. Muy poco frecuente en zonas agrícolas.

Las mariposas son unas 140.000 especies agrupadas en unas 100 familias, representan un 10% del todo el mundo animal. La división más importante que se hace es entre mariposas diurnas y mariposas nocturnas, también llamadas polillas aunque esta división no es absoluta ya que existen mariposas diurnas que también vuelan de noche y viceversa.

Aurora (Anthocharis cardamines)

El ciclo de vida de una mariposa podemos resumirlo de la siguiente forma (teniendo en cuenta que es un ciclo podríamos haber empezado por cualquiera de sus puntos):

  • Huevo: el imago o individuo adulto, la mariposa propiamente dicha, deposita los huevos sobre las plantas de las que se van a alimentar las larvas u orugas.
  • Larva: al cabo del tiempo, que depende de la especie, los huevos eclosionan y de ellos sale una larva que primero de alimenta del propio huevo y después de la planta nutricia. Las orugas se alimentan vorazmente y crecen con rapidez.
  • Mudas: el esqueleto externo de la oruga limita su crecimiento por lo que conforme va creciendo debe desprenderse del mismo, a esto se le conoce como muda y trae consigo un cambio de apariencia de la oruga.
  • Crisálida: una vez la oruga ha crecido y evolucionado lo suficiente construye un capullo en el que se encierra para realizar la metamorfosis o bien forma la crisálida sin necesidad de capullo, depende de la especie.
  • Imago o adulto: transcurrido el tiempo suficiente emerge de la crisálida el imago o individuo adulto, la mariposa. Esta mariposa buscará un individuo de sexo contrario con el que reproducirse y depositará sus huevo en la planta volviendo a comenzar el ciclo.
Loba (Maniola jurtina).

La mariposas realizan varios servicios que nos benefician en gran medida tanto directa como indirectamente. El más importante quizás sea la polinización. Gracias a las mariposas y a otros insectos muchas plantas pueden reproducirse y de ello nos aprovechamos por ejemplo en la agricultura pero también en la lucha contra el cambio climático ya que la profusión de plantas hace que la absorción de dióxido de carbono por las mismas reduzca la presencia en la atmósfera de este gas de efecto invernadero.

Otro servicio no menos importante es el de servir de alimento, tanto en forma de oruga como de adulto, para numerosos animales, sobre todo aves y murciélagos, lo que propicia el mantenimiento de la biodiversidad.
Medioluto norteña (Melanargia galathea). Europa, excepto Escandinavia y Escocia. En España, sólo en las privincias del norte.

Por último señalaremos su contribución al bienestar psicológico del ser humano. Salir al campo y disfrutar de un paseo por cualquier lugar lleno de vida nos reconforta y si en ese paseo tenemos la ocasión de observar algún bello ejemplar de alguna mariposa seguramente ese confort aumente.

Lamentablemente estos insectos están en peligro. Numerosos son los impactos que están haciendo que estos bellos e importantes animales estén desapareciendo de nuestros campos, bosques y jardines:
  • Son muchas las mariposas nocturnas que se sienten atraídas por las fuentes de luz artificial, bien sean farolas, faros de los automóviles o anuncios luminosos, que las desvían cuando vuelan en busca de alimento. No pocas veces se estrellan contra el parabrisas del automóvil, o mueren achicharradas por un foco. Esta disminución ha afectado también a la reducción en el número de murciélagos de los que son su principal alimento.

Manto bicolor (Lycaena phlaeas).
  • Cada especie posee su nicho ecológico (condiciones óptimas donde vivir y desarrollarse) y por este motivo reaccionan con rapidez y sensibilidad a la mínima modificación de su hábitat. La colonización por parte del ser humano de nuevos espacios naturales ha desembocado en una drástica disminución de los hábitats naturales puros, y el incremento de la población ha obligado a aumentar la producción agrícola de una manera desmesurada. Esta reconversión del suelo, ha ejercido una decisiva influencia negativa sobre la vida de las mariposas y ha contribuido a la destrucción de numerosos hábitats en los que antes se desarrollaban.
  • La excesiva utilización de abonos, pesticidas y herbicidas químicos ha hecho que las plantas nutricias de las que se alimentan las mariposas o bien desaparezcan o sean incomestibles para ellas provocándoles la muerte.
Vanesa atalanta (Vanessa atalanta). 

Las orugas y mariposas son otras víctimas de la pérdida de biodiversidad acuciante que estamos viviendo en las últimas décadas. Es necesario un cambio decidido e inmediato para convertir la conservación de la biodiversidad en una política transversal que influya en todas y cada una de las decisiones que se toman en el ámbito agrícola, ganadero, energético, urbano...y aun así puede que ya vayamos muy tarde.

Especie para las cual necesitamos ayuda en su identificación:


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domingo, 2 de mayo de 2021

Olivar biodiverso

 

Olivar con cubierta vegetal

Sin lugar a dudas cualquier persona que esté leyendo este artículo convendrá con nosotros en afirmar que cualquier actividad realizada por el ser humano supone un impacto sobre los ecosistemas. Hemos comprobado en artículos anteriores cómo la minería (Inmerecido legado minero), la actividad industrial (Escuchen a Huelva) o la construcción de infraestructuras (Presa de Alcolea) por citar algunos ejemplos impactan de negativamente en el entorno ocasionando problemas de contaminación y pérdida de biodiversidad. 

También hemos compartido artículos en los que la mano humana contribuye al conocimiento, la conservación y la puesta en valor de los ecosistemas y las especies animales y vegetales que en ellos habitan. Por citar algunos ejemplos; "Anillamiento nocturno en Marismas del Odiel" "Cajas nido como herramienta de conservación" o "El aguilucho cenizo en La Janda".

En este artículo vamos a tratar sobre cómo el cultivo tradicional del olivo, con gran protagonismo en Gibraleón, puede contribuir a la conservación e incluso el aumento de la biodiversidad. 

El olivo (Olea europaea) es el árbol del que se obtienen las aceitunas y estas a su vez pueden ser utilizadas para consumo directo, aceituna de mesa, o bien obtener al aceite de oliva. En Gibraleón es utilizado casi al 100% para la obtención de aceite de oliva, el oro líquido. Es el olivo la variedad "domesticada" del acebuche que aún crece "salvajemente" en algunas zonas del pueblo.

Flores de olivo recién germinadas

El cultivo del olivo en la zona se remonta a tiempos de los Fenicios. Tradicionalmente era manejado a base de mano de obra humana y animal, es decir, todas las labores y manejos se hacían a mano o con aperos a tracción animal usando mulos o caballos para tirar del arado. Por otro lado los tratamientos químicos (herbicidas, abonos, insecticidas etc..) no existían. El abonado procedía del estiércol generado por los animales de tiro y por el resto de ganado que solía habitar en la misma finca. Este sistema era bastante sostenible ya que permitía el viaje cíclico de los nutrientes y la presencia de una variedad de flora y fauna que hacían del olivar un agrosistema muy rico en biodiversidad. Zorzales, mochuelos, alcaudones, tejones, zorros, conejos, mirlos y una gran variedad de plantas e insectos pululaban entre los olivos. No era raro que las aves anidaran entre las ramas de los olivos.

Olivar con cubierta vegetal

Con la llegada de la maquinaria y los tratamientos químicos todo cambió. Los agricultores se "modernizaron". El tractor con sus aperos, los herbicidas, abonos químicos, insecticidas, etc...aumentaban las cosechas reduciendo el esfuerzo. Las cosechas aumentaban pero a cambio el olivar se quedó en silencio. Lo común era y sigue siendo ver un olivar sobre un terrenos desnudo, sin apenas una brizna de hierba, que ni siquiera podemos llamar suelo. Los pájaros ya no anidan en los olivos y las flores desaparecen y con ellas los insectos. El olivar se convierte en una plantación sobre un desierto.

Manejo del olivar con laboreo

Hoy en día estamos en un momento decisivo. Estamos viviendo la aparición de dos paradigmas antagónicos en el manejo del olivar. Por un lado aparece el olivar "superintensivo" o en seto, que es aún más agresivo respecto a la biodiversidad. Y por otro lado la vuelta a un manejo más sostenible, la reducción o eliminación del laboreo y el mantenimiento de la cubierta vegetal. Yo he elegido la segunda vía y de ella os voy a hablar.

Cubierta de leguminosas

La eliminación del laboreo y el correcto manejo de la cubierta vegetal permite obtener numerosas ventajas:
  • Reducción de la erosión. Al mantener la cubierta vegetal y eliminar el laboreo se consigue por un lado que el suelo esté más compacto y por tanto sea más resistente al arrastre de partículas por el agua y por otro que la energía de la gota de lluvia al no golpear directamente en el suelo sea menor. Con esta reducción de la erosión se consiguen dos cosas, se aumenta su fertilidad y se reduce la cantidad de sedimentos que llegan a ríos y embalses.
  • Aumento de la fertilidad del suelo. Por un lado, al evitar que se erosione, estamos manteniendo el suelo donde debe estar. Por otro lado la descomposición de la materia vegetal que dejamos aumenta la cantidad de materia orgánica. Y por último, si la cubierta vegetal es manejada correctamente aparecerán especies como las leguminosas que fijan nitrógeno atmosférico al suelo. 
  • Mejora de la infiltración del agua de lluvia. Las raíces de las plantas al penetrar en la tierra aumentan su porosidad y entonces el agua de lluvia puede penetrar a mayor profundidad.
  • Conservación de la fauna auxiliar. La cubierta vegetal permite que vivan en ellas numerosos insectos y otros animales que pueden ser depredadores de plagas o bien sean polinizadores.
Estas son solo algunas de las ventajas y todas ellas redundan en aumentar la biodiversidad del olivar y su rentabilidad. 

En cuanto a la cubierta vegetal, no se trata de simplemente dejar que la hierba crezca a su libre albedrío, hay que manejarla correctamente. Intentar que sea diversa tanto en el tipo de especies como en su porte por lo que debemos tratar que convivan leguminosas y cereales y también desbrozarla cuando llegue la época seca para que no sea una competencia por el agua con el olivo. Este desbroce debemos hacerlo de manera mecánica y dejar líneas sin desbrozar perpendiculares a la pendiente para que sirvan de refugio de la fauna y banco de semillas.

Cubierta vegetal desbrozada con banda de vegetación perpendicular a la pendiente.

Con este tipo de manejo del olivar podemos conseguir un cultivo rentable contribuyendo además al mantenimiento de la biodiversidad, la mitigación de la erosión y la reducción del cambio climático. Ojalá deje de ser la excepción y se convierta en la regla.

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