domingo, 2 de mayo de 2021

Olivar biodiverso

 

Olivar con cubierta vegetal

Sin lugar a dudas cualquier persona que esté leyendo este artículo convendrá con nosotros en afirmar que cualquier actividad realizada por el ser humano supone un impacto sobre los ecosistemas. Hemos comprobado en artículos anteriores cómo la minería (Inmerecido legado minero), la actividad industrial (Escuchen a Huelva) o la construcción de infraestructuras (Presa de Alcolea) por citar algunos ejemplos impactan de negativamente en el entorno ocasionando problemas de contaminación y pérdida de biodiversidad. 

También hemos compartido artículos en los que la mano humana contribuye al conocimiento, la conservación y la puesta en valor de los ecosistemas y las especies animales y vegetales que en ellos habitan. Por citar algunos ejemplos; "Anillamiento nocturno en Marismas del Odiel" "Cajas nido como herramienta de conservación" o "El aguilucho cenizo en La Janda".

En este artículo vamos a tratar sobre cómo el cultivo tradicional del olivo, con gran protagonismo en Gibraleón, puede contribuir a la conservación e incluso el aumento de la biodiversidad. 

El olivo (Olea europaea) es el árbol del que se obtienen las aceitunas y estas a su vez pueden ser utilizadas para consumo directo, aceituna de mesa, o bien obtener al aceite de oliva. En Gibraleón es utilizado casi al 100% para la obtención de aceite de oliva, el oro líquido. Es el olivo la variedad "domesticada" del acebuche que aún crece "salvajemente" en algunas zonas del pueblo.

Flores de olivo recién germinadas

El cultivo del olivo en la zona se remonta a tiempos de los Fenicios. Tradicionalmente era manejado a base de mano de obra humana y animal, es decir, todas las labores y manejos se hacían a mano o con aperos a tracción animal usando mulos o caballos para tirar del arado. Por otro lado los tratamientos químicos (herbicidas, abonos, insecticidas etc..) no existían. El abonado procedía del estiércol generado por los animales de tiro y por el resto de ganado que solía habitar en la misma finca. Este sistema era bastante sostenible ya que permitía el viaje cíclico de los nutrientes y la presencia de una variedad de flora y fauna que hacían del olivar un agrosistema muy rico en biodiversidad. Zorzales, mochuelos, alcaudones, tejones, zorros, conejos, mirlos y una gran variedad de plantas e insectos pululaban entre los olivos. No era raro que las aves anidaran entre las ramas de los olivos.

Olivar con cubierta vegetal

Con la llegada de la maquinaria y los tratamientos químicos todo cambió. Los agricultores se "modernizaron". El tractor con sus aperos, los herbicidas, abonos químicos, insecticidas, etc...aumentaban las cosechas reduciendo el esfuerzo. Las cosechas aumentaban pero a cambio el olivar se quedó en silencio. Lo común era y sigue siendo ver un olivar sobre un terrenos desnudo, sin apenas una brizna de hierba, que ni siquiera podemos llamar suelo. Los pájaros ya no anidan en los olivos y las flores desaparecen y con ellas los insectos. El olivar se convierte en una plantación sobre un desierto.

Manejo del olivar con laboreo

Hoy en día estamos en un momento decisivo. Estamos viviendo la aparición de dos paradigmas antagónicos en el manejo del olivar. Por un lado aparece el olivar "superintensivo" o en seto, que es aún más agresivo respecto a la biodiversidad. Y por otro lado la vuelta a un manejo más sostenible, la reducción o eliminación del laboreo y el mantenimiento de la cubierta vegetal. Yo he elegido la segunda vía y de ella os voy a hablar.

Cubierta de leguminosas

La eliminación del laboreo y el correcto manejo de la cubierta vegetal permite obtener numerosas ventajas:
  • Reducción de la erosión. Al mantener la cubierta vegetal y eliminar el laboreo se consigue por un lado que el suelo esté más compacto y por tanto sea más resistente al arrastre de partículas por el agua y por otro que la energía de la gota de lluvia al no golpear directamente en el suelo sea menor. Con esta reducción de la erosión se consiguen dos cosas, se aumenta su fertilidad y se reduce la cantidad de sedimentos que llegan a ríos y embalses.
  • Aumento de la fertilidad del suelo. Por un lado, al evitar que se erosione, estamos manteniendo el suelo donde debe estar. Por otro lado la descomposición de la materia vegetal que dejamos aumenta la cantidad de materia orgánica. Y por último, si la cubierta vegetal es manejada correctamente aparecerán especies como las leguminosas que fijan nitrógeno atmosférico al suelo. 
  • Mejora de la infiltración del agua de lluvia. Las raíces de las plantas al penetrar en la tierra aumentan su porosidad y entonces el agua de lluvia puede penetrar a mayor profundidad.
  • Conservación de la fauna auxiliar. La cubierta vegetal permite que vivan en ellas numerosos insectos y otros animales que pueden ser depredadores de plagas o bien sean polinizadores.
Estas son solo algunas de las ventajas y todas ellas redundan en aumentar la biodiversidad del olivar y su rentabilidad. 

En cuanto a la cubierta vegetal, no se trata de simplemente dejar que la hierba crezca a su libre albedrío, hay que manejarla correctamente. Intentar que sea diversa tanto en el tipo de especies como en su porte por lo que debemos tratar que convivan leguminosas y cereales y también desbrozarla cuando llegue la época seca para que no sea una competencia por el agua con el olivo. Este desbroce debemos hacerlo de manera mecánica y dejar líneas sin desbrozar perpendiculares a la pendiente para que sirvan de refugio de la fauna y banco de semillas.

Cubierta vegetal desbrozada con banda de vegetación perpendicular a la pendiente.

Con este tipo de manejo del olivar podemos conseguir un cultivo rentable contribuyendo además al mantenimiento de la biodiversidad, la mitigación de la erosión y la reducción del cambio climático. Ojalá deje de ser la excepción y se convierta en la regla.

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