Nuestra
sociedad ha tratado al lobo (Canis lupus)
desde la perspectiva de considerarlo una auténtica alimaña (animal que ataca o
hace daño a la caza menor o al ganado) desde tiempo inmemorial. Lo consideramos
un antiguo enemigo, un acérrimo adversario y lo utilizamos en nuestras
tradiciones como sinónimo de un peligro inminente, que nos acecha. Para muestra
el hecho de que en la literatura infantil clásica, el lobo sea el archiconocido ser perverso y malvado
que aparece en cuentos tan famosos como “Caperucita
roja”, “Los tres cerditos” “Pedro y el lobo” o “Los siete cabritillos”.
Su presencia
infunde un temor inspirado en la tradición oral que lo relaciona con amenaza,
maldad, traición y desconfianza y los antiguos pastores se encargaron de
difundir historias y leyendas alrededor de la figura de este pariente de otros
mamíferos integrados en una particular lista negra de animales a los que se no
se les tiene mucho aprecio como el chacal (Canis
aureus) o el coyote (Canis latrans).
Ni que decir de la presencia legendaria de una criatura mitad lobo y mitad
humano que recorre diferentes culturas por todo el planeta y que provoca el
pánico entre la ciudadanía en las noches de luna llena y cuya superstición ha
colmado Hollywood de guiones de películas (en las que se incluye incluyo sagas
taquilleras como Underworld) en las
que se hacía eco de las fechorías de los licántropos.
Un ser tachado
de despreciable. Un depredador (como otros muchos que pueden copar la cadena
trófica) al que aniquilar. Una especie que sobra de nuestra biocenosis. Un
animal con un instinto voraz. Un contrincante para el ser humano. ¿Pero alguien
ha intentado empatizar desde la mirada triste del lobo? ¿Alguien se ha puesto
una mísera vez en su lugar? ¿Es tan feroz como lo pintan?
El gran
naturalista y divulgador ambiental español Félix Rodríguez de la Fuente,
reconocido amante de la especie, afirmaba que los lobos aullaban por tres
razones. La primera relacionada con el hecho de comunicarse entre ellos; la
segunda, para marcar sus territorios y la tercera y última, para expresar la
profundísima tristeza del corazón de una especie que dominó en medio mundo y
que está al borde de su extinción.
Estamos
hablando, sin duda alguna, de una de las especies más fascinantes y espectaculares
de nuestra fauna. Pero a la vez se trata de una, quizás la que más, de las más
controvertidas, lo que genera el eterno debate entre los que o te alías con el
lobo o eres uno de sus máximos tenaces detractores.
Evidentemente,
vamos a intentar explicar la situación actual de la especie en nuestro país.
Para ello hay que entender de dónde viene la misma, por qué se ha llegado a
este escenario y la importancia de su futura inclusión en el Listado de
Especies Silvestre en Régimen de Protección Especial, y una vez digerida toda
la información que la decisión de inclinarse en la balanza de los opositores o
los defensores del lobo recaiga en su propia conciencia.
La población
ibérica (ya que la frontera con Portugal y las políticas conservacionistas del
país vecino facilitan su expansión) del lobo, por sus propias características
morfológicas y particulares fenotípicas, es descrita como una propia subespecie
(Canis lupus signatus) aunque existen
controversias y opiniones que discrepan de este estatus taxonómico concreto.
Se trata de un
animal que se encontraba prácticamente en la totalidad de la Península Ibérica
pero que con el avance de los años se ha ido reduciendo drásticamente debido al
furtivismo, los venenos, el trampeo y su caza indiscriminada. Su localización
específica se limita y concentra al noroeste del río Duero. De esta forma, la
situación actual del lobo en España arroja y contabiliza 297 manadas repartidas
casi en su integridad en la mencionada cornisa noroccidental de la Península
Ibérica. En cifras de población, se estima que pueden existir en nuestro país
unos 2400-2500 ejemplares de lobo ibérico.
A pesar de los
innumerables mitos, leyendas y falsas creencias sobre el lobo; la subespecie
ibérica es muy tímida y esquiva con los humanos. Aspecto que me confirmó mi
abuelo Juan hace muchos años cuando me
contaba sus encuentros nocturnos (recordar que sus hábitos son mayoritariamente
realizados bajo la luz de la luna) con los lobos mientras trabajaba en el
arreglo de alguna vía de tren que había sufrido el desmoronamiento de una
trinchera de terreno anexa e imposibilitaba el tránsito del ferrocarril en la
línea de Huelva a Zafra.
Es
sencillamente un animal que lucha por su subsistencia, un depredador con una
importante capacidad de adaptación al medio que posee una compleja organización
social digna de estudio y al que persigue un terrible estigma que lo convierte
en un fiero competidor amenazante. Pero es algo más que eso y no lo afirmo
desde un punto de vista sentimental como amante de la biodiversidad sino que me
apoyo en un profundo conocimiento científico que respalda el hecho de que el
lobo cumple con una serie de funciones cruciales en los ecosistemas en los que
habita, desarrollando un papel ecológico insustituible: son los llamados servicios
ecosistémicos.
Ante un
panorama mundial donde el declive de la diversidad natural de las especies
parece que empieza a convertirse en una de las preocupaciones de la sociedad (y
en ello han tenido especial repercusión la existencia de especies bandera como el
oso polar, el lince ibérico, el tití león dorado o el oso panda), la existencia
del lobo en nuestros ecosistemas representa un importante legado natural e
histórico (el aullido del lobo ha sido durante siglos el himno de nuestras
montañas, un sonido capaz de encandilar y estremecer a partes iguales) que debe
ser preservado. Entre sus servicios y beneficios ecosistémicos podemos
enumerar:
-
Los lobos, junto con otros carroñeros como los
buitres, son sanitarios de la naturaleza porque juegan un papel muy importante
en el control de las enfermedades, ya que la presencia de la especie está
ligada a la reducción de la transmisión de enfermedades entre ungulados (corzos,
ciervos, jabalíes…) salvajes y el ganado doméstico, a la vez que eliminan
desechos orgánicos del campo
-
Controlan el número de ungulados silvestres que causan daños en la
agricultura, obligándolos a desplazarse, evitando el sobrepastoreo (el cual se
produce cuando las plantas y
los cultivos están expuestos al pastoreo intensivo durante largos períodos o
sin períodos suficientes de recuperación) y facilitando así la regeneración del
pasto para el ganado. De esta forma, se aumenta la productividad de la
ganadería
-
Al
no tolerar la presencia de otros competidores en su territorio (esencialmente
otros cánidos), mantienen a raya a perros asilvestrados, zorros y otros
carnívoros que ocasionan daños a la ganadería
-
Facilita
el almacenamiento de carbono al limitar el número de herbívoros, permitiendo
así a las plantas crecer con lo que se fomenta la recuperación forestal
Además y fuera de la función
ligada al hábitat, la presencia del lobo puede reducir la abundancia de
especies que son responsables de colisiones entre vehículos y fauna; así como
ser un imán para el turismo rural, puesto que el turismo alrededor de
carnívoros como el lobo está en auge aportando riqueza y creando oportunidades
de empleo en el mundo rural. Es el caso de la Sierra de la Culebra (Zamora) o
la Reserva de Riaño (León) que se han convertido en los últimos tiempos en un
referente nacional e internacional de turismo de observación del lobo,
representando una oportunidad para las economías locales como se puso de
manifiesto en el artículo El consumismo
ecológico II.
Pero esa imagen totémica del
lobo junto con la domesticación de ciertos animales provocó que la especie
comenzara a encarnar lo maligno, la astucia y la trampa como resultado de la
competencia por el ganado y la rivalidad entre cazadores por otros grandes
mamíferos; manteniéndose esa visión dual entre temor y veneración (al igual que
su mencionado aullido en el silencio) hasta nuestros días.
Aquí surge la sempiterna
polémica que arrastra la presencia del lobo junto a la ganadería local puesto
que a pesar de que depreda fundamentalmente sobre ungulados (como ya se ha
expuesto con anterioridad), cuando la población de éstos escasea o existe en su
territorio cabezas de ganado doméstico con escasa protección que pueden
resultar fáciles presas se producen ataques directos a la ganadería de la zona.
Ello unido a las condiciones
desfavorables en las que se desarrollan la actividad ganadera de carácter
extensivo (se trata de un sector en el que las ayudas de las diferentes
administraciones no abundan, el avance tecnológico no se encuentra muy
integrado, los precios para los ganaderos no resultan ser excesivamente
competitivos y las mejoras en las instalaciones dejan mucho que desear al
tratarse de explotaciones a la usanza tradicional) lo convierten en un negocio
poco rentable en el que se achacan las mayores pérdidas, casualmente, a los
ataques de lobos, a pesar de que la climatología adversa del entorno, lo
obsoleta que resulta la PAC para este tipo de explotaciones, la tardanza en el
pago de las indemnizaciones y las propias enfermedades son las principales
causas de disminución en el número de las reses de ganado.
Es precisamente en el 65% de
esos territorios en los que el lobo comparte hábitat con la ganadería extensiva
donde es considerado especie cinegética (o de caza, categoría que ha ostentado
desde el 4 de abril de 1970 con la Ley 1/1970 junto al lince o al oso pardo). Pero
el paso crucial dado desde el gobierno central para la conservación del lobo
ibérico instaurando la prohibición en todo el territorio de su caza e
incluyéndolo en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección
Especial en la categoría de Vulnerable ha vuelto a abrir viejas heridas aún
pendientes de cicatrización y rencillas oxidadas cuyo epicentro se encuentra,
precisamente, en el lobo ibérico.
Las comunidades autónomas (Galicia,
Castilla León, Asturias y Cantabria) donde se concentra la población del lobo
se han mostrado reticentes a dicha política conservacionista del ejecutivo
central y han abogado por una normativa continuista parapetada en el control
letal del lobo (matar ejemplares de manera indiscriminada) y con una postura
defendida por agrupaciones ganaderas, colectivos agrarios y cazadores sin tener
en consideración, como era de esperar, la opinión de asociaciones ecologistas o
entes promotores de la conservación de la especie. Comunidades que no son
capaces de comprender que dicha política deja mucho que desear pues los daños
ocasionados a los ganaderos no se han reducido a pesar de su vigencia desde
hace más de 50 años de una ley que permite su persecución letal pero sí que han
provocado drásticas disminuciones hasta alcanzar las cifras de población
actual.
Una postura contraria a la
conservación del lobo que únicamente perpetúa el conflicto existente y que
apoyaron otras autonomías como Andalucía, Madrid, Murcia y Euskadi que no
contemplan la nueva estrategia basada en una gestión más eficaz que minimice
los posibles daños, que reduzca los plazos de la exasperante burocracia en la
tramitación de ayudas o recuperación de compensaciones
o desagravios y que a su vez sea sostenible con la propia subsistencia de la
especie.
Aunque con esta medida
aumente probablemente las poblaciones del lobo ibérico, no implica que la
especie pueda campear a sus anchas por los hábitats a los que ha quedado
relegado dentro de la geografía ibérica sino que desde el ministerio competente
se advierte de que la clave para mantener al lobo dentro de unos límites
aceptables para evitar sobrepoblaciones de la misma es, precisamente, el
control de ellas. De esta forma, serían aplicadas medidas en zonas específicas
en las que deberán evaluarse y certificarse el perjuicio causado, y siempre que no exista una alternativa menos
dolosa.
Encontrar el equilibrio es vital para regular los muy diversos nichos ecológicos en los que el lobo ibérico es capaz de arraigar con su facilidad para la adaptación y acomodo dada la importancia de la especie como patrimonio cultural, científico y ambiental. Todavía nos quedan muchas noches de luna llena donde en la quietud de la nocturna domine el aullido del lobo ibérico y su penetrante mirada; quizás con el objetivo de decirnos que a pesar de todo el empeño mostrado por sus detractores, sigue estando aquí.
Otros artículos del blog que podrían interesarte:

No hay comentarios:
Publicar un comentario