Una vez pasado el vado nos adentraremos
entre una plantación de eucaliptos, aquí vamos a hacer un inciso para advertir al lector o lectora que no llame a esto "bosque de eucaliptos". Los únicos bosque de eucaliptos que existen en el planeta están en Australia de donde son originarios. En esta zona los sonidos de la naturaleza se reducen, no en vano
es un hábitat muy pobre en biodiversidad. Una vez atravesada esta plantación
salimos al carrizal donde los cantos de las aves vuelven a oírse. Entre el
eucaliptal, en los márgenes del camino, la única planta que descubrimos fue el
narciso.
Seguimos caminando hasta la marisma
mareal, cerca de la Reserva de la Marisma del Burro, uno de las dos reservas
con las que cuenta el Paraje Natural de Marismas del Odiel, la otra es la
Reserva de la Isla de Enmedio. Las reservas dentro de los parajes naturales son
zonas más sensibles de conservación que están más protegidas que el resto del
paraje por albergar valores más importantes o por ser zonas que requieren mayor
conservación.
En esta zona la presencia de agua es más estable y
eso permite que la abundancia de aves sea mayor, como un grupo de cigüeñas
blancas que se han resistido a migrar a África y parece que se van a quedar a
pasar el invierno con nosotros.
Una vez llegados a este punto decidimos
dar la vuelta y regresar, esta vez por otro camino. En esta ruta, además de
mirar a nuestro alrededor y hacia arriba, es muy recomendable mirar hacia abajo,
sobre todo en los lugares donde se ha acumulado agua. Hacer esto nos va a
permitir descubrir pistas sobre la presencia de otros animales que no hemos
sido capaces de ver. Como decía una amigo "la arena y el barro son páginas en blanco donde los animales escriben y relatan con sus huellas lo que aconteció anoche".
De regreso pasamos por la zona de "La
isla", entre cultivos de olivos y vides, aunque ya de estas quedan pocas.
Podemos ver algunos restos de construcciones antiguas y zonas con presencia de
higueras y perales, nos da a entender el paisaje que vemos que antiguamente
esta zona pudo estar dedicadas a huertas y frutales.
Aquí descubrimos a dos visitantes muy interesantes, el colirrojo real (Phoenicurus phoenicurus) y el papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca). Se trata de dos aves migratorias que solo podemos disfrutar en nuestra zona en los pasos migratorios de primavera (marzo-mayo) y otoño (agosto-noviembre).
Volvemos a discurrir por plantaciones de
eucalipto y volvemos a observar por un lado muchas escombreras y basureros
ilegales y por otro lo que ya describimos en el artículo de "La
Orilla Olvidada". Hay muchos ejemplares de alcornoques escondidos entre
los eucaliptos. Son, tal como nos cuenta Juan Luis Vázquez Alemán, vestigios de
los bosques que existían antes en Gibraleón, cuando en el siglo XVIII éramos el
municipio de Huelva con mayor número de árboles. Puedes ver el vídeo aquí.
Como puede comprobar el lector o lectora de este artículo, esta zona de Gibraleón presenta un ecosistema singular, con una gran potencialidad para albergar biodiversidad. Sin embargo esto no es así porque es un lugar muy maltratado y olvidado. Lo hemos convertido en un basurero y en una escombrera, y lo hemos plagado de especies foráneas, dañinas y de poco valor ambiental, por no decir nulo.
Todavía estamos a tiempo de recuperarlo o al menos mejorarlo. Las acciones son sencillas, primero eliminar todos los basureros y escombreras ilegales y luego ir eliminando eucaliptus, primero los que suponen una competencia directa sobre los alcornoques y los pinos de la zona por estar muy cercanos a ello y así facilitar una regeneración natural que hoy es imposible. Pero lo que de verdad necesita la zona es una apuesta decidida y solida para su conservación. Quizás sea hora de crear un movimiento social para lograr de este objetivo.
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