viernes, 30 de octubre de 2020

La marisma olontense (II)

 

Cartel que anuncia el límite del Paraje Natural de Marismas del Odiel junto a la plantación de tuna y al fondo las paulownias y los eucaliptos.

La semana pasada publicamos la primera parte de este artículo. Justo lo dejamos cuando llegábamos a la orilla del río Odiel. Retomamos en la entrada de hoy nuestro recorrido por este particular ecosistema de Gibraleón en el punto donde lo dejamos. Esperamos que disfrutéis del recorrido.

La orilla del río Odiel en este punto es el límite norte del Paraje Natural Marismas del Odiel. En esta zona nos encontramos con una acumulación de especies de plantas exóticas curiosa, pero lo más curioso es que son cultivos. Tenemos por un lado el eucalipto, por otro lado una plantación de paulownia, un vestigio de lo que parece una plantación de palmeras y la más reciente plantación de tunas.....todo un despropósito que ha cambiado totalmente el paisaje y el ecosistema.

Camino que discurre entre los eucaliptus


Plantación de tunas

Hilera de palmeras a la derecha y pauwlonias a la izquierda.

En este punto del río Odiel existe un vado que lo cruza y que nos permite acercarnos a la zona de la marisma más baja. esta marisma baja tiene mayor influencia mareal rigiéndose su llenado y vaciado de agua por los designios de la Luna, ya que es la atracción de nuestro satélite la que causa las mareas.

Vado que cruza el río Odiel

Una vez pasado el vado nos adentraremos entre una plantación de eucaliptos, aquí vamos a hacer un inciso para advertir al lector o lectora que no llame a esto "bosque de eucaliptos". Los únicos bosque de eucaliptos que existen en el planeta están en Australia de donde son originarios. En esta zona los sonidos de la naturaleza se reducen, no en vano es un hábitat muy pobre en biodiversidad. Una vez atravesada esta plantación salimos al carrizal donde los cantos de las aves vuelven a oírse. Entre el eucaliptal, en los márgenes del camino, la única planta que descubrimos fue el narciso.

Narciso

Seguimos caminando hasta la marisma mareal, cerca de la Reserva de la Marisma del Burro, uno de las dos reservas con las que cuenta el Paraje Natural de Marismas del Odiel, la otra es la Reserva de la Isla de Enmedio. Las reservas dentro de los parajes naturales son zonas más sensibles de conservación que están más protegidas que el resto del paraje por albergar valores más importantes o por ser zonas que requieren mayor conservación. 

En esta zona la presencia de agua es más estable y eso permite que la abundancia de aves sea mayor, como un grupo de cigüeñas blancas que se han resistido a migrar a África y parece que se van a quedar a pasar el invierno con nosotros.




Vista de la marisma mareal

Una vez llegados a este punto decidimos dar la vuelta y regresar, esta vez por otro camino. En esta ruta, además de mirar a nuestro alrededor y hacia arriba, es muy recomendable mirar hacia abajo, sobre todo en los lugares donde se ha acumulado agua. Hacer esto nos va a permitir descubrir pistas sobre la presencia de otros animales que no hemos sido capaces de ver. Como decía una amigo "la arena y el barro son páginas en blanco donde los animales escriben y relatan con sus huellas lo que aconteció anoche".

Huella de jabalí. Cuando el terreno es blando y hunde mucho la pezuña se aprecian los agujeritos de los dedos posteriores.

Posible rastro de erizo.

Maíz en el suelo dejado por los cazadores para atraer a palomas y tórtolas.


De regreso pasamos por la zona de "La isla", entre cultivos de olivos y vides, aunque ya de estas quedan pocas. Podemos ver algunos restos de construcciones antiguas y zonas con presencia de higueras y perales, nos da a entender el paisaje que vemos que antiguamente esta zona pudo estar dedicadas a huertas y frutales. 

Construcción abandonada junto al puente de la autovía

Aquí descubrimos a dos visitantes muy interesantes, el colirrojo real (Phoenicurus phoenicurus) y el papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca). Se trata de dos aves migratorias que solo podemos disfrutar en nuestra zona en los pasos migratorios de primavera (marzo-mayo) y otoño (agosto-noviembre).

Colirrojo real


Papamoscas cerrojillo

Volvemos a discurrir por plantaciones de eucalipto y volvemos a observar por un lado muchas escombreras y basureros ilegales y por otro  lo que ya describimos en el artículo de "La Orilla Olvidada". Hay muchos ejemplares de alcornoques escondidos entre los eucaliptos. Son, tal como nos cuenta Juan Luis Vázquez Alemán, vestigios de los bosques que existían antes en Gibraleón, cuando en el siglo XVIII éramos el municipio de Huelva con mayor número de árboles. Puedes ver el vídeo aquí.

El enésimo acumulo de basuras y escombros encontrado


Alcornoques insertos entre los eucaliptos. Guardianes del recuerdo de lo que era esta zona.

Como puede comprobar el lector o lectora de este artículo, esta zona de Gibraleón presenta un ecosistema singular, con una  gran potencialidad para albergar biodiversidad. Sin embargo esto no es así porque es un lugar muy maltratado y olvidado. Lo hemos convertido en un basurero y en una escombrera, y lo hemos plagado de especies foráneas, dañinas y de poco valor ambiental, por no decir nulo. 

Todavía estamos a tiempo de recuperarlo o al menos mejorarlo. Las acciones son sencillas, primero eliminar todos los basureros y escombreras ilegales y luego ir eliminando eucaliptus, primero los que suponen una competencia directa sobre los alcornoques y los pinos de la zona por estar muy cercanos a ello y así facilitar una regeneración natural que hoy es imposible. Pero lo que de verdad necesita la zona es una apuesta decidida y solida para su conservación. Quizás sea hora de crear un movimiento social para lograr de este objetivo. 

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