sábado, 7 de noviembre de 2020

Al norte de Doñana (I)

 

Campo de arroz recién segado. Isla Mayor (Sevilla)

Hablar de Doñana siempre me ha resultado pretencioso e inabarcable y más sabiendo que hay tantos Doñanas como ojos que lo miran. Cada día es diferente, yo diría que cada hora y minuto es diferente. Doñana cambiante, latente, capaz de los mayores silencios y de tremendas algarabías. Doñana del agua y de la sed, del verde y del pardo...Doñana de las mil y una caras...pero ninguna te dejará indiferente.

Me gustaría compartir con vosotros y vosotras lo que quiso compartir conmigo Doñana aquella mañana.

Amanece un día de octubre, apenas hace unos minutos que el primer rayo de luz nos alcanzó, aun el sol no asoma por levante. Estamos en Isla Mayor, un pueblo de la provincia de Sevilla y nos disponemos a emprender una ruta por la zona norte del Parque de Doñana.

La mañana nos regala un manto de niebla, apenas se ve a tres metros, pero no nos amedranta, es una lente nueva a través de la que nunca hemos mirado, quizás nos permita descubrir detalles en los otros días no nos hemos fijado.

Las cigüeñas blancas (Ciconia ciconia) suelen verse a menudo por esta zona, no en vano tienen en la cercana Dehesa de Abajo la mayor colonia de cría de Europa. Pero hoy están insertas en la niebla, en cierta manera camuflándose de las miradas que ellas toman por indiscretas.


Seguimos la carretera que va en dirección a Isla Mayor, despacio, mirando a izquierda y derecha y aprovechando cualquier camino para detener el coche y observar con más detenimiento. En esta carretera no es raro observar las consecuencias de unir gran número de aves con vehículos a motor a velocidad inadecuada y a veces, con condiciones de mala visibilidad como en el día de hoy.

Gaviota víctima de atropello

El cultivo del arroz es el gran protagonista de la zona. Es una planta que requiere periodos de encharcamiento lo que posibilita la presencia de agua y todos sabemos que el agua es vida. En este agua pululan gran cantidad de pequeños animales y algas que junto a la presencia del cangrejo rojo americano, una especie exótica, hace que esta zona se comporte, en gran parte del año como un restaurante buffet libre 24h, y ponga a disposición de las aves unos recursos alimenticios de gran importancia.

Detalle de una espiga de arroz

Cangrejo rojo americano depredado

Nasa para la captura del cangrejo rojo americano repleta de ejemplares

Pero hay una época del año que es especialmente generosa en cuanto a disponibilidad de alimento para las aves de la zona. Una vez cosechado el arroz, se realiza una operación denominada "fangueo" que consiste en, mediante unos tractores adaptados a tal efecto, remover el suelo convertido en fango de los arrozales. Esta operación se lleva a cabo para oxigenar la tierra, sería el equivalente al arado en tierra seca. Al removerse el fango se ponen a disposición de las aves multitud de animalillos y cangrejos que antes permanecían enterrados. Una miríada de picos y patas sigue a los tractores y se concentran en las tablas donde estos están trabajando ofreciendo todo un espectáculo alado.

Tractor efectuando las labores de fangueo

Aves alimentándose en una tabla recién fangueada.



Mientras observamos esta imagen notamos que algo nos sobrevuela, una rapaz con antifaz que lleva entre sus garras un tesoro plateado. Un águila pescadora (Pandion haliaetus con su captura recién cobrada se dispone a encontrar un lugar tranquilo donde dar cuenta de ella. Se posa en lo alto de una torre eléctrica, un carajo desde donde disfrutar de las vistas mientras desayuna. Es sorprendente la capacidad de estas aves de pescar calculando la velocidad y dirección de la zambullida para contrarrestar los efectos de la difracción de la luz que hace que el pez se vea donde realmente no está. Nos acercamos todo lo posible, sin molestar, sin obligarla a marcharse. Muchas veces en la naturaleza menos es más y querer dar un paso más puede significar una huida o mucho peor, un abandono.


Continuamos nuestro camino hacia Isla Mayor y seguimos disfrutando de la presencia de numerosas especies de aves algunas de ellas muy complicadas de ver en otros lugares debido a su escasez. Un ejemplo es la cigüeña negra (Ciconia nigra). Esta especie está catalogada como "en peligro de extinción" y a diferencia de su pariente la cigüeña blanca, además de existir muchos menos ejemplares es una especie más esquiva y por ello difícil de observar. sin embargo en las marismas del Guadalquivir, donde nos encontramos, se producen concentraciones de invernantes lo que lo hace un lugar idóneo para su observación.

Ejemplar de cigüeña negra

Una de las aves que podemos observar en mayor número es el morito (Plegadis falcinellus). Decenas de miles de ellos vuelan de aquí para allá en busca de alimento. Es una ave que ha sufrido una tremenda recuperación en Doñana y que se está expandiendo con gran rapidez pudiendo encontrar colonias de cría en numerosos lugares de nuestra geografía como la Laguna de La Janda en Cádiz

Bando de moritos comunes

La espátula (Platalea leucorodia) también se dejó ver. A esta ave le viene el nombre por la forma de su pico. Es una adaptación a su forma de alimentarse. Va andando por el agua con el pico abierto y sumergido, moviendo la cabeza dibujando medias lunas en el agua, tiene unos "sensores" que detectan la presencia de los pequeños peces o invertebrados de los que se alimenta y cuando alguno pasa entre su pico, zas, lo cierra y lo captura. Otro de los lugares donde podemos disfrutar de las espátulas es en el Paraje Natural "Marismas del Odiel" donde se reproduce.

Pareja de espátulas entre el arrozal segado

Otra especie con una estrategia alimenticia impresionante es la garceta común (Egretta garcetta). Esta elegante ave tiene las patas negras a excepción de los dedos que los tiene amarillos, como si llevara unos guantes. Se dedica a pescar utilizando como señuelo sus dedos que mueve dentro del agua haciéndolos parecer gusanos y atrayendo con esto a los incautos peces que arponeará con su pico en cuando pasen lo suficientemente cerca.

Garceta común

Una vez pasada la zona de arrozal llegamos al brazo de la Torre donde el paisaje cambia completamente. Vamos por una pista de tierra, a nuestra izquierda la zona de entremuros y el Corredor verde del Guadiamar y a nuestra derecha campos de cultivo ahora vacíos que ofrecen la imagen de páramos yermos pero que, como veremos en la próxima entrada nos dan  la posibilidad de disfrutar de otro tipo de especies.

Esta ha sido la primera entrega de una entrada dedicada a la zona norte de Doñana. Una pequeña pincelada de lo que allí se nos ofrece, un aperitivo que busca abrir el apetito de naturaleza, despertar las ganas de ver, de conocer y de disfrutar de un enclave único. Esperamos humildemente haber conseguido que te suenen las tripas.

Otros artículos que pueden interesarte del blog:





2 comentarios: