sábado, 21 de noviembre de 2020

Escuchen a Huelva

Las balsas de fosfoyesos con la ciudad de Huelva al fondo.

Hoy os traemos un nuevo artículo de Juan Luis Martín García. En esta ocasión una contundente reflexión sobre las balsas de fosfoyesos y la muy reciente DIA (Declaración de Impacto Ambiental) emitida por La Dirección General de Calidad y Evaluación Ambiental dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico sobre la clausura de dichas balsas. 

Las balsas de fosfoyesos son un acumulo de residuos tóxicos, peligrosos y radiactivos realizados por la empresa Fertiberia en la Ría del Tinto. Estas balsas son de una extensión enorme, unas 1120 hectáreas. Esto equivale a 10 veces el tamaño del casco urbano de Gibraleón. Están situadas, como se puede ver en la fotografía siguiente, justo al lado de la ciudad de Huelva. La solución que va a dársele al asunto es su impermeabilización y cubrirlas con una capa de tierra vegetal de 0,4m de espesor y que la vegetación la colonice y así se realice una restauración paisajística. En definitiva, esconder la mierda bajo la alfombra. 

Perímetro de las balsas de fosfoyesos en rojo. Perímetro de la ciudad de Huelva en azul. Perímetro de un estadio de fútbol en verde.

"La provincia de Huelva posee un encanto especial desde el punto de vista medioambiental. Espacios naturales protegidos de relevancia internacional como Doñana y Marismas del Odiel, una extensa costa de fina arena como consecuencia de un complejo proceso de sedimentación que contrasta con una calamitosa planificación urbanística (aunque aún podemos disfrutar de 32 kilómetros de playa virgen desde Matalascañas a la desembocadura del Guadalquivir) y una sierra plagada de atractivos en forma de pequeños pueblos con encanto, senderos naturales entre fauna y flora privilegiadas, tradiciones y costumbres ancestrales y gente encantadora. 

Es un territorio en el que en los últimos años se ha invertido en infraestructuras aunque de un modo del todo insuficiente. No vengo a reclamar (que también) la alta velocidad que nos conecte y nos haga un poco más independientes turística y comercialmente hablando o un aeropuerto (que no sean como los de Ciudad Real o Castellón) del que también llevamos lustros escuchando cantos de sirenas en forma de promesas incumplidas (particularmente considero más vital que la alta velocidad una Sevilla con el Algarve, concretamente con Faro, pasando por Huelva enlazándonos con dos aeropuertos con vuelos internacionales). Vengo a hacer justicia. Y a poner de manifiesto y hacer eco del gran problema de índole ambiental que envenena a la ciudad de Huelva y por ende, a toda la provincia.

Pongámosle nombre a nuestro enemigo. Llamémosle balsa de fosfoyesos. Es ahora un buen momento para hablar de este hostil compañero por dos razones principales. La primera de ellas va de la mano de la coyuntura actual que azota al planeta con la pandemia por Covid-19, en particular a España y pon ende a Andalucía. Me refiero claro está al eterno dilema entre desarrollo económico y salud que surge con las medidas que se toman desde las diferentes instituciones para repeler el avance del coronavirus. ¿Son suficientes desde el punto de vista de proteger la salud de la ciudadanía española o son las que hay que tomar para que nuestra economía no sea la que peores perspectivas presente tras superar el periodo post-virus? Economía frente a inmunidad. Quizás haya que pensar en diversificar sectores económicos y no ser un país principalmente centrado en el sector servicios para que la salud pase a ser considerada la primera de las opciones para la clase política contemporánea e incluso para cualquier persona de a pie.

Detalle de las balsas de fosfoyesos.

Nuestra balsa de fosfoyesos es un ejemplo clarificador de esta novedosa disyuntiva pero con la diferencia de que aquí en Huelva vivimos con este inconveniente desde hace 50 años. No es algo nuevo. Lo único cierto es que nos trae de cabeza desde hace medio siglo. Y seguimos pendiente de una óptima solución. Y precisamente en relación a esto último se expone el segundo nexo de unión con la publicación en el Boletín Oficial del Estado (05 de octubre de 2020) de la Declaración de Impacto Ambiental (en adelante DIA) favorable al proyecto de Fertiberia para solucionar el atentado medioambiental que supone la existencia de la balsa de fosfoyesos en las proximidades de la ciudad de Huelva, convirtiendo la periferia de la capital onubense (otrora rodeada de espacios naturales de valor ecológico incalculable de las marismas del Tinto) a un paisaje alienígena, verdaderamente surrealista, esperpéntico si acuñamos el vocablo asociado a la literatura de Valle Inclán que ocupa prácticamente la mitad (alrededor de 1120 hectáreas) de la superficie de la propia ciudad y que la ha limitado en aspectos demasiados esenciales el crecimiento, desarrollo y perspectiva, lastrándola de por vida a estar vinculada a la acumulación de este residuo.

Pongámonos en antecedentes. A finales de la década de los 60, el gobierno franquista instauró en zonas deprimidas y atrasadas (atribuyendo a Huelva dicho calificativo) un polo de desarrollo (o de promoción industrial) con el que provocar la reactivación económica (y el éxodo rural también) de la zona ante la necesidad urgente de aprovechamiento de la ingente y cercana producción minera de la Faja Pirítica onubense. A Huelva llegó industria química pesada y se fueron espacios de ocio, diversión y esparcimiento de la ciudadanía de la época (y de la futura, se ve que el concepto de Desarrollo Sostenible todavía quedaba lejos) como los de la Punta del Sebo y otros de un marcado acento ecológico como los de la ría de Huelva, la hermosa confluencia de los castigados por la minería milenaria Odiel y Tinto.

Entre esas empresas punteras se encontraba Fertiberia, empresa líder en el sector de los fertilizantes en la Unión Europea, que fue presidida por Juan Miguel Villar Mir, Ministro de Hacienda y Vicepresidente tercero de Asuntos Económicos durante el gobierno de Carlos Arias Navarro en la transición tras la dictadura; a la que se le otorgó una serie de concesiones administrativas de terrenos en el año 1968 donde se fue depositando el fosfoyeso (desecho del proceso industrial de la fabricación de fertilizantes agrícolas a partir de roca fosfórica) de diversas maneras que se han visto modificadas hasta la conformación de las actuales balsas de altura creciente y que ha contado con el permiso y beneplácito de la Junta de Andalucía desde siempre.

Marismas del Tinto con la fábrica de ENCE al fondo


Huelva es un enclave con espíritu guerrero cuando se ve oprimida, pisoteada. O cuando ve peligrar su propia integridad. Bastaba con mirar al problema de frente para comprobar que aquella acumulación exponencial de toneladas de residuos (con vestigios radioactivos) no podría resultar ser muy beneficiosa para la salud de los residentes y la para la propia evolución de los ecosistemas colindantes y ha librado (y lo sigue haciendo) una eterna batalla contra los intereses de mantener esa escoria inmunda a la vuelta de la esquina.

Los procesos judiciales en estos temas y en nuestro país pueden llegar a ser desesperantes. Nauseabunda puede llegar a ser la eterna espera pero al que Dios le dio paciencia, le concedió un don al alcance de muy pocos. Con fecha 31 de diciembre de 2010 se pone fin al cese definitivo de vertidos (y con él al cierre de FMC Foret que cerró su planta de fosfatos en Huelva implantada en la provincia desde 1968 y que argumentó la no existencia de alternativas reales y viables de continuidad de la fábrica debido a la prohibición judicial del apilamiento de residuos a Fertiberia con la guardaba una estrecha relación industrial), teniendo en cuenta el conjunto de intereses en conflicto, de forma que se permita una transición ordenada y una protección medioambiental exigible como medidas a la Sentencia de la Audiencia Nacional de 27 de junio de 2007 como colofón a la lucha de plataformas ciudadanas, movimientos ecologistas e incluso de partidos políticos con representación en el Ayuntamiento de la capital onubense que se afanan por un mañana más esperanzador y sostenible.

El área afectada en la actualidad está divida en 5 zonas como puede comprobarse en la fotografía que se adjunta, y que son las que abarcan las dimensiones superficiales antes mencionadas, de las cuales el proyecto presentado pretende intervenir en las áreas 2, 3, 4 y 5, dado que se considera medioambientalmente restaurada la zona 1. Dichos terrenos se extienden por el Dominio Público Marítimo-Terrestre desde antes de la desembocadura del río Tinto en el Odiel.

Imagen de la zonificación. Fuente: Fertiberia. S. A.


Pasemos a describir cada una de las zonas en las que se divide la balsa de fosfoyesos, tanto en su extensión como en sus propias características en cuanto al apilamiento de desechos para verificar la envergadura de a lo que se enfrenta la ciudad de Huelva y para confrontar como distintas instituciones (gobernadas por distintos colores políticos a lo largo de todos estos años de sufrimiento e intensa fatiga en la ardua confrontación) han facilitado, permitido, aceptado, omitido y aprobado esta verdadera masacre. Demasiados intereses (fundamentalmente económicos) con la salud de la ciudadanía onubense y el deterioro del ecosistema como auténticos damnificados.

Fuente: B.O.E (5/10/20)

La obligación de restaurar el impacto medioambiental generado, así como el daño ecológico producido en un entorno de tanta riqueza natural hace que se tengan que plantear varias alternativas para encontrar la solución más óptima y viable. Podemos apreciar en el documento en el que se la formula la DIA todas las alternativas que se han barajado, así como sus posibles implicaciones y los motivos por los que se descartan dichas opciones o se decanta por la seleccionada.

Fuente: B.O.E (5/10/20)

En pocas palabras, lo que se pretende como plan de regeneración del terreno es enterrar los residuos. Aunque para mimetizar esta chapuza o pantomima se le denomina encapsulado de los fosfoyesos y vegetación de la zona (proyecto a 10 años) y a continuación una fase de seguimiento y control que abarcaría un periodo de 30 años. Lo que no contempla esta elección es, como diferentes estudios técnicos sí consideran, que esta caricatura de arreglo no atiende a la posibilidad de un almacenamiento inseguro ante la posibilidad de un seísmo o un tsunami (idea no muy descabellada, sólo tenemos que mirar el triste episodio sucedido días atrás en el Egeo) y debido a las propias condiciones y características del suelo asociado a la marisma sobre la que se asienta, a las posibles consecuencias procedentes de filtraciones y vertidos. Que nos Dios nos coja confesados aunque aún quedan obstáculos administrativos que superar en forma de otorgamiento de Autorización Ambiental Integrada por parte de la Consejería de Desarrollo Sostenible de la Junta de Andalucía y que la actuación sea compatible con el planeamiento urbanístico local y el Ayuntamiento de Huelva otorgue la pertinente licencia urbanística.

Detalle de las balsas de fosfoyesos.

Además para que no suceda como en el caso de la catástrofe medioambiental de la balsa de Aznalcóllar y la catástrofe ecológica que provocó sobre el Guadiamar y el entorno de Doñana, donde la empresa sueca Boliden Apirsa hizo mutis por el foro, se insta a que se haga un aval de 65,9 millones de euros por parte de la empresa Fertiberia para que con carácter inmediato se garanticen los trabajos de regeneración medioambiental. Dados los precedentes, más vale prevenir que curar.

Por todo lo anteriormente expuesto y a quien tenga la competencia (y la vergüenza necesaria) que haga el favor de prestar atención a la ciudadanía onubense que se preocupa por su bienestar y su propia salud. Es muy lamentable tener que soportar titulares periodísticos como “La mayor montaña tóxica de Europa asfixia a Huelva”, “Los fosfoyesos de Huelva: el polvorín del que todo el mundo está avisado” o “Llevan la balsa de fosfoyesos de Huelva a la Cumbre del Clima de Madrid” sin que nadie haga nada provechoso al respecto y oculten bajo la alfombra (como el paupérrimo recurso de los inoperantes) una evidencia tan palpable.

Que alguien tenga la decencia de una vez por todas de relacionar los resultados epidemiológicos que se vienen produciendo en Huelva ligados a la incidencia en diversos tipos de cáncer con la presencia desde hace 5 décadas de la aberración ecológica que tiene que soportar la población onubense que reside a apenas 500 metros de la misma. Una obviedad causa-efecto que desde las instituciones sanitarias ponen en entredicho aunque no se pronuncian verificando el verdadero causante y promotor de las 1130 muertes de cáncer en Huelva durante el año 2019 amén del lastre que venimos sufriendo desde épocas inmemoriales.

Apilamiento de los residuos de fosfoyesos

Quizás algún día (esperemos que sea más pronto que tarde) exista la dignidad suficiente para reconocer que convivimos con un Chernobyl a pequeña escala y que diferentes informes realizados por científicos de renombre ligados a la docencia universitaria no sean rechazados por la actividad industrial del Polo Químico, verdadero eje económico de la provincia del que dependen 6000 empleos entre las empresas que conformar este gigante industrial colindante con la ría de Huelva.

Ojalá conozcamos (en esta o en otra vida) a quien atienda la súplica de una ciudadanía cansada de luchar contra molinos de viento convertidos en gigantes. Gigantes con una sordera morrocotuda, con una falta de empatía con una colectividad a la que maltrata con las más crueles de las respuestas: la indiferencia y el pasotismo por bandera. O llegado el caso, con cerrar la puerta a la presencia de una comunidad alarmada por una situación que roza el límite de lo insostenible y que pide veracidad.

Llegados a este punto, me pregunto (de manera retórica claro está) que pasaría si en lugar de ser Huelva fuera otra ciudad o provincia con una mayor incidencia en el panorama nacional. Siguen menospreciándonos y no sé el por qué aunque puedo confeccionar una ligera idea en mi maquiavélico (el mundo no me deja pensar de otra forma) pensamiento. Huelva es descubridora. Pionera. Decana. Cautivadora. Atrayente. Talentosa. Descomunal. Servicial. Empática. Acogedora. Privilegiados los que tenemos (o tuvieron) la inmensa fortuna de nacer o vivir en ella. Sólo tienen que escucharnos una mísera vez y preguntarnos qué nos sucede y qué nos preocupa. Una única vez. Una merecida oportunidad se le concede a cualquiera y se puede alcanzar una solución entre todos los agentes afectados. ¿Por qué no a Huelva? Realmente la merecemos al igual que exigimos información fidedigna y veraz al respecto. No creo que sea tan difícil otorgar un poco de confianza a una sociedad desgastada pero valiente, libre y sin ánimo de desfallecer en el intento."

JUAN LUIS MARTÍN GARCÍA

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Esperamos que este artículo sirva para remover conciencias. Quizás con los fosfoyesos hayamos llegado muy tarde, la mierda se ha acumulado tanto que ya no podemos sacarla de casa, pero hay otros problemas ambientales que aún estamos a tiempo de eliminar o impedir que ocurran. No dejemos que nos vuelva a pasar.


sábado, 14 de noviembre de 2020

Al norte de Doñana (II)

 


Os traemos en esta semana la segunda parte del artículo que publicamos la semana pasada. Estábamos haciendo un recorrido por la zona norte del Parque de Doñana. Durante la entrada anterior recorrimos la zona de arrozal cercana a Isla Mayor, hoy nos adentraremos en la zona del Brazo de la Torre, y en las marismas del Parque Nacional.

El paisaje ha cambiado, ya no nos encontramos tanta agua y menos en esta época del año (octubre 2020) en la que aún no ha llovido lo suficiente para calmar la sed de la marisma y colmar sus lucios de agua.

Nos disponemos a dirigirnos hacia al Centro de Visitantes “José Antonio Valverde” que será el punto y final de este recorrido. Nos esperan unos 20 kilómetros de experiencias.

Panorámica de la zona agrícola

En la primera parte del trayecto nos encontramos en un carril de tierra flanqueado a la izquierda por el Brazo de la Torre y a la derecha por campos de cultivo, que a fecha de hoy están aún vacíos.

Esta zona es muy buena para observar muchas especies ya que es un ecotono, es decir, un lugar frontera entre dos hábitats distintos, por lo que podemos sumar especies de hábitat acuático y también especies de hábitat estepario.

Entre las especies que pudimos observar aquella mañana se encuentra el elanio azul (Elanus caeruleus). Se trata de una pequeña rapaz de tonos blancos y azulado-grisáceos y con una mirada roja que quita el hipo. Esta rapaz, de procedencia africana, no era muy habitual en España hace 50 años, pero desde entonces está sufriendo una gran expansión por la península incluso más allá de los Pirineos. Se alimenta de pequeños roedores y también de pequeñas aves que captura practicando con maestría el arte del cernido. Los cambios agrícolas que promueven la intensificación y mecanización de los cultivos son su principal amenaza ya que reduce la disponibilidad de presas.

Elanio azul

Otra rapaz que pudimos observar y guarda muchas similitudes con la anterior es el cernícalo vulgar (Falco tinnunculus). Es muy similar en tamaño al elanio azul pero a diferencia de este sus tonos son marrones. Se alimenta también de pequeños roedores y pequeñas aves, y al igual que el elanio azul, practica el arte del cernido, no en vano de ahí le viene su nombre, aunque bajo mi humilde punto de vista con menor habilidad que el elanio. 

Cernícalo vulgar

Sobre el cielo emplomado se recorta una cometa roja, red kite. Ese es el nombre en inglés del milano real (Milvus milvus). Esta rapaz está catalogada como “En peligro de Extinción” en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas. En España hay una población reproductora de esta especie, pero es en invierno donde es más abundante ya que muchos individuos procedentes del resto de Europa llegan para pasar el invierno. Es una especie que está sufriendo un enorme retroceso mayoritariamente debido a la ingestión de cebos envenenados, la intoxicación por rodenticidas (veneno para roedores) y otras amenazas como las electrocuciones. La sensibilidad al veneno viene determinada porque tiene hábitos carroñeros, sobre todo en invierno donde las presas escasean. Otra curiosidad es que en invierno forma dormideros en pequeños bosques o sotos fluviales.

Milano real

Una especie muy abundante por la zona es la urraca (Pica pica). Se trata del córvido más abundante de la Península Ibérica. Su característico plumaje blanco y negro la hace inconfundible. Su éxito se debe a su oportunismo ya que su alimentación es muy variada (grano, invertebrados, carroña, huevos de otras aves, pequeños reptiles y roedores…)

Urraca

En una construcción abandonada a la que asomamos nuestra mirada curiosa, encontramos algo que nos llamó la atención. Una especie de bola oscura de la que asomaban una serie de huesecillos. Se trata de una egagrópila. Una egagrópila es una bola de restos de alimentos no digeridos como huesos o pelo que regurgitan ciertas aves rapaces pero también los abejarucos y las gaviotas por ejemplo. En este caso se trataba de una egagrópila de lechuza común (Tyto alba). Estas egagrópilas han sido con frecuencia recogidas y disgregadas para clasificar los restos y huesos que contienen y así identificar a las especies presa. Una forma más fácil de averiguar si en la zona hay ratones o musarañas que la observación directa o la captura de los mismos.

Egagrópila de lechuza

Continuamos nuestro camino y llegamos a lo que en la zona se conoce como “la casa bomba”, una estación de bombeo de la comunidad de regantes. En esta zona siempre hay agua y es abundante en alimento por lo que se congregan numerosas aves acuáticas como martinetes (Nycticorax nycticorax), las garzas reales (Ardea cinerea) o las garcetas grandes (Egretta alba). Esta última especie, del tamaño de una garza real aproximadamente pero con el plumaje níveo, solo nos visitaba ocasionalmente en invierno, pero su recuperación poblacional en el resto de Europa hace que el número de ejemplares que nos visita sea cada vez mayor, y que incluso se reproduzca en el Delta del Ebro o aquí en Doñana.

Garza real

Pollo de martinete

Garcetas grandes

Continuamos nuestra ruta hasta que el camino hace un giro de 90 grados a la derecha. Aquí nos encontramos con "Huerta Tejada", un complejo científico abandonado imagen de un desastre de gestión....como otros tantos.

Vamos bordeando la valla del Parque Nacional a la izquierda. La marisma está seca, ni caño travieso, ni el lucio del Lobo tienen agua. En esta zona podemos ver como caballos y vacas campean por la zona en estado de semilibertad y cómo en sus cuerpos se observan las huellas de un verano duro. Y parafraseando a Don Miguel de Cervantes los rocines están flacos, aunque no vimos ningún galgo corredor. Algunos no superan los rigores estivales y mueren, pero en la naturaleza nada se desperdicia, la pérdida de unos es la ganancia de otros y esperemos que siga así por muchos años. Es común poder observar en la zona buitres leonados alimentándose de carroña.


Imagen de la marisma seca

Escuálido caballo pastando lo que puede.

Buitres leonados

Hemos llegado al Centro de Visitantes "José Antonio Valverde". En este centro podemos encontrar una exposición sobre Doñana y una cafetería con unas cristaleras que dan a la laguna que tiene asociada donde podremos disfrutar de gran número de aves, aunque es mucho mejor en primavera ya que es un importante núcleo de cría de garzas, garcetas, anátidas y moritos. Aquí pudimos contemplar cómo los ánsares ya han llegado a Doñana, aunque echamos de menos a las grullas que en esa fecha aún estaban por llegar. Seguramente a día de hoy (noviembre 2020) ya estarán por allí.

Grupo de ánades reales

Centro de visitantes "José Antonio Valverde"

Ánsar común

Los ánsares comunes (Anser anser), llegan a Doñana a pasar el invierno. Unos 50000 ejemplares se estiman que llegan procedentes del norte de Europa. Estos animales se alimentan de los rizomas de una planta llamada castañuela. Para ayudarse en la digestión de estas duras raíces por la mañana se dirigen a las dunas, concretamente al cerro de los ánsares, para ingerir arena que les ayude a triturar. Este hecho era aprovechado antes por los cazadores que se apostaban en este cerro para matarlos, esto ha hecho que hoy en día el cerro esté plagado de perdigones de plomo. El plomo es un metal tóxico en el medio ambiente. Es por ello que todos los años se organizan campañas para recoger ese plomo y también que se haya prohibido el uso de la munición de plomo en humedales.

También pudimos disfrutar de la presencia de un grupo de flamencos (Phoenicopterus roseus). No todos los flamencos son rosas, la coloración se debe a su alimentación. Este ave se alimenta mayoritariamente de un pequeño crustáceo llamado artemia, esta artemia es roja. Cuando el flamenco se alimenta de ella los pigmentos rojos pasan a las plumas, pero lo hace de una forma gradual de manera que los flamencos más jóvenes aún no muestran el plumaje rosa. Es por tanto una buena manera de distinguir entre los pollos de flamenco del año y los que tienen al menos dos años.

Grupo de flamencos, nótese la diferencia entre adultos y jóvenes.

Hasta aquí nuestro viaje por el norte de Doñana. Tal como dijimos en el artículo anterior, es un territorio muy cambiante por lo que volveremos durante el invierno y la primavera. 

Doñana es un espacio increíble, por suerte está protegido aunque fuera de los límites de esa protección lo estemos asfixiando, envenenando y chupándole la sangre que es su agua. Hay otros espacios que también son increíbles, que no están protegidos y quizás los tengas más cerca de lo que crees. Son como la rosa del Principito. Al principio el Principito creía que su rosa era como otra rosa cualquiera hasta que se dio cuenta que era única en el mundo porque era su rosa.

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Nos encantaría que pudiese compartir con nosotros tus experiencias y vivencias en el medio natural. Estas invitad@ a participar en este blog. 


sábado, 7 de noviembre de 2020

Al norte de Doñana (I)

 

Campo de arroz recién segado. Isla Mayor (Sevilla)

Hablar de Doñana siempre me ha resultado pretencioso e inabarcable y más sabiendo que hay tantos Doñanas como ojos que lo miran. Cada día es diferente, yo diría que cada hora y minuto es diferente. Doñana cambiante, latente, capaz de los mayores silencios y de tremendas algarabías. Doñana del agua y de la sed, del verde y del pardo...Doñana de las mil y una caras...pero ninguna te dejará indiferente.

Me gustaría compartir con vosotros y vosotras lo que quiso compartir conmigo Doñana aquella mañana.

Amanece un día de octubre, apenas hace unos minutos que el primer rayo de luz nos alcanzó, aun el sol no asoma por levante. Estamos en Isla Mayor, un pueblo de la provincia de Sevilla y nos disponemos a emprender una ruta por la zona norte del Parque de Doñana.

La mañana nos regala un manto de niebla, apenas se ve a tres metros, pero no nos amedranta, es una lente nueva a través de la que nunca hemos mirado, quizás nos permita descubrir detalles en los otros días no nos hemos fijado.

Las cigüeñas blancas (Ciconia ciconia) suelen verse a menudo por esta zona, no en vano tienen en la cercana Dehesa de Abajo la mayor colonia de cría de Europa. Pero hoy están insertas en la niebla, en cierta manera camuflándose de las miradas que ellas toman por indiscretas.


Seguimos la carretera que va en dirección a Isla Mayor, despacio, mirando a izquierda y derecha y aprovechando cualquier camino para detener el coche y observar con más detenimiento. En esta carretera no es raro observar las consecuencias de unir gran número de aves con vehículos a motor a velocidad inadecuada y a veces, con condiciones de mala visibilidad como en el día de hoy.

Gaviota víctima de atropello

El cultivo del arroz es el gran protagonista de la zona. Es una planta que requiere periodos de encharcamiento lo que posibilita la presencia de agua y todos sabemos que el agua es vida. En este agua pululan gran cantidad de pequeños animales y algas que junto a la presencia del cangrejo rojo americano, una especie exótica, hace que esta zona se comporte, en gran parte del año como un restaurante buffet libre 24h, y ponga a disposición de las aves unos recursos alimenticios de gran importancia.

Detalle de una espiga de arroz

Cangrejo rojo americano depredado

Nasa para la captura del cangrejo rojo americano repleta de ejemplares

Pero hay una época del año que es especialmente generosa en cuanto a disponibilidad de alimento para las aves de la zona. Una vez cosechado el arroz, se realiza una operación denominada "fangueo" que consiste en, mediante unos tractores adaptados a tal efecto, remover el suelo convertido en fango de los arrozales. Esta operación se lleva a cabo para oxigenar la tierra, sería el equivalente al arado en tierra seca. Al removerse el fango se ponen a disposición de las aves multitud de animalillos y cangrejos que antes permanecían enterrados. Una miríada de picos y patas sigue a los tractores y se concentran en las tablas donde estos están trabajando ofreciendo todo un espectáculo alado.

Tractor efectuando las labores de fangueo

Aves alimentándose en una tabla recién fangueada.



Mientras observamos esta imagen notamos que algo nos sobrevuela, una rapaz con antifaz que lleva entre sus garras un tesoro plateado. Un águila pescadora (Pandion haliaetus con su captura recién cobrada se dispone a encontrar un lugar tranquilo donde dar cuenta de ella. Se posa en lo alto de una torre eléctrica, un carajo desde donde disfrutar de las vistas mientras desayuna. Es sorprendente la capacidad de estas aves de pescar calculando la velocidad y dirección de la zambullida para contrarrestar los efectos de la difracción de la luz que hace que el pez se vea donde realmente no está. Nos acercamos todo lo posible, sin molestar, sin obligarla a marcharse. Muchas veces en la naturaleza menos es más y querer dar un paso más puede significar una huida o mucho peor, un abandono.


Continuamos nuestro camino hacia Isla Mayor y seguimos disfrutando de la presencia de numerosas especies de aves algunas de ellas muy complicadas de ver en otros lugares debido a su escasez. Un ejemplo es la cigüeña negra (Ciconia nigra). Esta especie está catalogada como "en peligro de extinción" y a diferencia de su pariente la cigüeña blanca, además de existir muchos menos ejemplares es una especie más esquiva y por ello difícil de observar. sin embargo en las marismas del Guadalquivir, donde nos encontramos, se producen concentraciones de invernantes lo que lo hace un lugar idóneo para su observación.

Ejemplar de cigüeña negra

Una de las aves que podemos observar en mayor número es el morito (Plegadis falcinellus). Decenas de miles de ellos vuelan de aquí para allá en busca de alimento. Es una ave que ha sufrido una tremenda recuperación en Doñana y que se está expandiendo con gran rapidez pudiendo encontrar colonias de cría en numerosos lugares de nuestra geografía como la Laguna de La Janda en Cádiz

Bando de moritos comunes

La espátula (Platalea leucorodia) también se dejó ver. A esta ave le viene el nombre por la forma de su pico. Es una adaptación a su forma de alimentarse. Va andando por el agua con el pico abierto y sumergido, moviendo la cabeza dibujando medias lunas en el agua, tiene unos "sensores" que detectan la presencia de los pequeños peces o invertebrados de los que se alimenta y cuando alguno pasa entre su pico, zas, lo cierra y lo captura. Otro de los lugares donde podemos disfrutar de las espátulas es en el Paraje Natural "Marismas del Odiel" donde se reproduce.

Pareja de espátulas entre el arrozal segado

Otra especie con una estrategia alimenticia impresionante es la garceta común (Egretta garcetta). Esta elegante ave tiene las patas negras a excepción de los dedos que los tiene amarillos, como si llevara unos guantes. Se dedica a pescar utilizando como señuelo sus dedos que mueve dentro del agua haciéndolos parecer gusanos y atrayendo con esto a los incautos peces que arponeará con su pico en cuando pasen lo suficientemente cerca.

Garceta común

Una vez pasada la zona de arrozal llegamos al brazo de la Torre donde el paisaje cambia completamente. Vamos por una pista de tierra, a nuestra izquierda la zona de entremuros y el Corredor verde del Guadiamar y a nuestra derecha campos de cultivo ahora vacíos que ofrecen la imagen de páramos yermos pero que, como veremos en la próxima entrada nos dan  la posibilidad de disfrutar de otro tipo de especies.

Esta ha sido la primera entrega de una entrada dedicada a la zona norte de Doñana. Una pequeña pincelada de lo que allí se nos ofrece, un aperitivo que busca abrir el apetito de naturaleza, despertar las ganas de ver, de conocer y de disfrutar de un enclave único. Esperamos humildemente haber conseguido que te suenen las tripas.

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