Os traemos en esta semana la
segunda parte del artículo que publicamos la semana pasada. Estábamos
haciendo un recorrido por la zona norte del Parque de Doñana. Durante la
entrada anterior recorrimos la zona de arrozal cercana a Isla Mayor, hoy nos adentraremos
en la zona del Brazo de la Torre, y en las marismas del Parque Nacional.
El paisaje ha cambiado, ya no nos
encontramos tanta agua y menos en esta época del año (octubre 2020) en la que aún no
ha llovido lo suficiente para calmar la sed de la marisma y colmar sus lucios
de agua.
Nos disponemos a dirigirnos hacia
al Centro de Visitantes “José Antonio Valverde” que será el punto y final de
este recorrido. Nos esperan unos 20 kilómetros de experiencias.
En la primera parte del trayecto
nos encontramos en un carril de tierra flanqueado a la izquierda por el Brazo
de la Torre y a la derecha por campos de cultivo, que a fecha de hoy están aún
vacíos.
Esta zona es muy buena para
observar muchas especies ya que es un ecotono, es decir, un lugar frontera
entre dos hábitats distintos, por lo que podemos sumar especies de hábitat
acuático y también especies de hábitat estepario.
Entre las especies que pudimos
observar aquella mañana se encuentra el elanio azul (Elanus caeruleus). Se trata de una pequeña rapaz de tonos blancos y
azulado-grisáceos y con una mirada roja que quita el hipo. Esta rapaz, de
procedencia africana, no era muy habitual en España hace 50 años, pero desde
entonces está sufriendo una gran expansión por la península incluso más allá de
los Pirineos. Se alimenta de pequeños roedores y también de pequeñas aves que
captura practicando con maestría el arte del cernido. Los cambios agrícolas que
promueven la intensificación y mecanización de los cultivos son su principal
amenaza ya que reduce la disponibilidad de presas.
Otra rapaz que pudimos observar y
guarda muchas similitudes con la anterior es el cernícalo vulgar (Falco tinnunculus). Es muy similar en tamaño
al elanio azul pero a diferencia de este sus tonos son marrones. Se alimenta
también de pequeños roedores y pequeñas aves, y al igual que el elanio azul,
practica el arte del cernido, no en vano de ahí le viene su nombre, aunque bajo
mi humilde punto de vista con menor habilidad que el elanio.
Sobre el cielo emplomado se recorta una cometa roja, red kite. Ese es el nombre en inglés del milano real (Milvus milvus). Esta rapaz está catalogada como “En peligro de Extinción” en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas. En España hay una población reproductora de esta especie, pero es en invierno donde es más abundante ya que muchos individuos procedentes del resto de Europa llegan para pasar el invierno. Es una especie que está sufriendo un enorme retroceso mayoritariamente debido a la ingestión de cebos envenenados, la intoxicación por rodenticidas (veneno para roedores) y otras amenazas como las electrocuciones. La sensibilidad al veneno viene determinada porque tiene hábitos carroñeros, sobre todo en invierno donde las presas escasean. Otra curiosidad es que en invierno forma dormideros en pequeños bosques o sotos fluviales.
Una especie muy abundante por la
zona es la urraca (Pica pica). Se trata del córvido más abundante de la
Península Ibérica. Su característico plumaje blanco y negro la hace
inconfundible. Su éxito se debe a su oportunismo ya que su alimentación es muy
variada (grano, invertebrados, carroña, huevos de otras aves, pequeños reptiles
y roedores…)
En una construcción abandonada a la que asomamos nuestra
mirada curiosa, encontramos algo que nos llamó la atención. Una especie de bola
oscura de la que asomaban una serie de huesecillos. Se trata de una egagrópila.
Una egagrópila es una bola de restos de alimentos no digeridos como huesos o
pelo que regurgitan ciertas aves rapaces pero también los abejarucos y las
gaviotas por ejemplo. En este caso se trataba de una egagrópila de lechuza común (Tyto alba).
Estas egagrópilas han sido con frecuencia recogidas y disgregadas para
clasificar los restos y huesos que contienen y así identificar a las especies
presa. Una forma más fácil de averiguar si en la zona hay ratones o musarañas
que la observación directa o la captura de los mismos.
Continuamos nuestro camino y llegamos a lo que en la zona se conoce como “la casa bomba”, una estación de bombeo de la comunidad de regantes. En esta zona siempre hay agua y es abundante en alimento por lo que se congregan numerosas aves acuáticas como martinetes (Nycticorax nycticorax), las garzas reales (Ardea cinerea) o las garcetas grandes (Egretta alba). Esta última especie, del tamaño de una garza real aproximadamente pero con el plumaje níveo, solo nos visitaba ocasionalmente en invierno, pero su recuperación poblacional en el resto de Europa hace que el número de ejemplares que nos visita sea cada vez mayor, y que incluso se reproduzca en el Delta del Ebro o aquí en Doñana.
Continuamos nuestra ruta hasta que el camino hace un giro de 90 grados a la derecha. Aquí nos encontramos con "Huerta Tejada", un complejo científico abandonado imagen de un desastre de gestión....como otros tantos.
Como la primera parte, un buen artículo.
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