El anillamiento científico de aves es una poderosa herramienta de conservación puesto que además de proporcionar datos muy relevantes puede ser utilizada como actividad de educación medioambiental.
Esta actividad ayuda a determinar la fenología y las rutas de las especies migratorias, proporciona información sobre longevidad y estado de salud de las especies. Además el tipo de aves y su abundancia nos dará a conocer el estado de conservación del hábitat para así poder tomar decisiones en cuanto a medidas a tomar para mejorar los ecosistemas.
En un ecosistema o hábitat degradado la variedad de especies y su abundancia será pobre, en cambio, en un ecosistema que goza de buena salud encontraremos mayor variabilidad y abundancia de aves. Son por lo tanto las aves un indicador del estado de nuestros ecosistemas y el anillamiento es una de las técnicas que podemos utilizar para sondear su presencia.
Si esta actividad la realizamos enmarcada en programas de educación ambiental y así posibilitamos que las personas se acerquen al mundo de las aves y conozcan sus problemas de conservación a la vez que tienen la posibilidad de ver de cerca especies que de otra manera les sería muy difícil de observar, estaremos aplicando una máxima en conservación de la biodiversidad: "Conocer para valorar y valorar para conservar".
Este anillamiento que describimos en esta entrada fue realizado a mediados de octubre de 2020 en el lugar llamado "Los Puntales". Este enclave pertenece al Paraje Natural de "Marismas del Odiel" y está ubicado dentro del término municipal de Gibraleón (Huelva, España).
El ecosistema de "Los Puntales" es un montebajo de pinar (Pinus pinaster) con un sotobosque en el que están presentes el lentisco (Pistacia lentiscus), el mirto (Myrtus communis), el acebuche (Olea europaea var. sylvestris), la coscoja (Quercus coccifera), la jara pringosa (Cistus ladanifer) y el jaguarzo (Halimium halimifolium)entre otras especies.
Vista general del ecosistema de "Los Puntales"
Colocación de las redes justo antes de amanecer.
Comienzan generalmente los anillamiento cuando aun la noche cubre el campo. La colocación de las redes debe hacerse cuando están las aves todavía en sus dormideros para cuando empiece a amanecer y los pájaros comiencen su actividad sea más fácil su captura.
Vistas de la ciudad de Huelva al amanecer
Mientras amanece aprovechamos para instalar el campamento de anillamiento consistente generalmente en una mesa de anillamiento donde se colocarán los utensilios necesarios (alicates, reglas, caja de anillas, báscula, calibre, etc...) y de la percha donde se colocarán las bolsas de tela (talegas) con los pájaros capturados para proceder a su anillamiento.
Se suele hacer una ronda (visita a las redes para recoger las capturas) cada hora, sin embargo cuando las condiciones climáticas lo aconsejan, frio o calor, o en periodo reproductivo, el periodo entre rondas se acorta para que las aves estén menos tiempos retenidas en las redes.
Cuando se encuentra un ave capturada en la red se procede a su extracción y se introduce en una bolsa diseñadas al efecto para que esté protegida y cómoda mientras espera su turno para ser anillada.
Extracción de ave de la red.
Percha con las bolsas con las aves para ser anilladas.
Una ves terminada la ronda y extraídas todas las aves de las redes se procede a su anillamiento.
Lo primero que se hace es determinar la especie y colocarle la anilla correspondiente. Cada ave, según su tamaño lleva una anilla específica esta anilla lleva una numeración única, como si fuese nuestro DNI. También lleva un remite que indica la entidad y el país de la que depende el anillador o anilladora. Cuando ese ave vuelva a ser capturada en otro lugar o en otra fecha (recuperación) podremos saber cual es su procedencia y esto indirectamente puede darnos información sobre la migración, la longevidad, etc... En una futura entrada os hablaremos de como podemos contribuir al conocimiento de las aves a través de la lectura de anillas.
Una vez colocada la anilla procedemos a intentar determinar el sexo y la edad del ave. En cada especie se utiliza un método distinto (observación del desgaste de las plumas, muda, iris, coloración, etc...) y hay especies y épocas del año en la que no es posible esta determinación.
Podemos observar plumas más oscuras a la izquierda (nuevas) y más claras (viejas) a la derecha. Este mirlo común está mudando y eso en esta época del año indica que es un jóven, ha nacido esta primavera.
Luego de esto procedemos a tomar las medidas de la condición física y los datos biométricos. Es importantísimo tomar estos datos después de anillada el ave, ¿qué pasaría si tomásemos todas las medidas con el ave sin anillar y luego se nos escapase de las manos sin anillar? pues que estos datos no sirven de nada. Sin embargo con la determinación de la especie y la anilla colocada ya tendríamos los datos básicos e imprescindibles, aunque lo ideal sería tomar todas las medidas necesarias.
Los datos sobre la condición física que se suelen tomar son la grasa, el músculo y el peso. Los dos primeros datos se obtienen mediante la observación directa y a través de unas escalas numéricas. En el caso del músculo oscilan los valores entre 0 y 3 y para la grasa del 0 al 8. Para ello se les sopla las plumas del vientre y con ello nos posibilita apreciar los valores. Para el peso se colocan en unos cilindros diseñados al efecto y se colocan en una balanza digital.
Pasaje de mirlo común
Determinación de grasa en un petirrojo
Los datos biométricos más usuales que se toman son la medida del ala, de las octava pluma primaria (P8) y del tarso. Hay veces que también se mide el pico o la cola.
Medición del ala de un mirlo común
Medición de la P8 de un petirrojo
Medición del tarso de una curruca capirotada
Todos estos datos se anotan en unas tablas especialmente diseñadas para ello y se insertan en una base de datos general para coordinar la información de tod@s l@s anillado@s.
En este vídeo podéis ver todo el proceso, no os lo perdáis.
Una vez tomados los datos se procede a la liberación del ave.
Aquella mañana se anillaron entre otras especies: mirlo común (Turdus merula), mosqitero común (Phylloscopus collybita), petirrojo (Erithacus rubecula), curruca capirotada (Sylvia atricapilla), herrerillo (Cyanistes caeruleus) y verdecillo (Serinus serinus).
Petirrojo
Herrerillo
Verdecillo
La zona de este anillamiento, al estar dentro de un espacio protegido de acceso restringido, permite la captura de multitud de especies diferentes ya que el ecosistema está aceptablemente bien conservado. Lamentablemente no suele ser la tónica habitual y menos en los tiempos que corren en los que se priman los intereses económicos a los ambientales. La destrucción del hábitat, el abuso de plaguicidas, herbicidas e insecticidas y el cambio climático están afectando muy negativamente. Esto hace que la gran mayoría de los ecosistemas sufran una degradación en mayor o menor magnitud y que eso se refleje en la cantidad y variedad de las especies detectadas. Si no queremos que el campo se quede en silencio, es hora de actuar.
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