domingo, 7 de junio de 2026

Desarrollo rural y conservación de la biodiversidad.


España es una de las naciones más biodiversas de Europa: su variedad de climas, relieves y hábitats soporta una riqueza de especies y paisajes únicos. Pero esa riqueza convive con retos simultáneos: abandono rural, intensificación agrícola en zonas concretas, fragmentación de hábitats y presiones derivadas del cambio climático. La buena noticia es que existen soluciones prácticas y escalables que integran desarrollo rural y conservación, soluciones que ya están dando resultados en nuestro país. 

España alberga una proporción desproporcionada de la biodiversidad europea; muchas especies emblemáticas como el lince ibérico, el oso pardo o numerosas aves esteparias,  tienen aquí poblaciones cruciales.
  
Esta extraordinaria riqueza biológica ha impulsado la creación de una amplia red de espacios protegidos destinados a garantizar su conservación a largo plazo. La red Natura 2000 cubre una parte significativa del territorio español y existe una amplia red de espacios protegidos que son clave para la conservación pero cuya efectividad depende de gestión local y de la financiación.  

Sin embargo, la protección legal por sí sola no es suficiente, ya que el estado de conservación de muchos ecosistemas está estrechamente ligado a la presencia y actividad de las comunidades rurales. Pero la población rural lleva disminuyendo décadas en amplias zonas, lo que conocemos como “la España vaciada”, con municipios que pierden servicios y actividad económica, lo que está facilitando el abandono y la pérdida del  manejo tradicional de paisajes.

En este contexto, las prácticas agrarias desempeñan un papel determinante, pudiendo contribuir tanto a la degradación como a la conservación de los hábitats naturales. El sector agrario sigue siendo estratégico pero prácticas agrícolas intensivas han reducido los hábitats seminaturales, mientras que modelos extensivos y agroecológicos han demostrado beneficios para biodiversidad y resiliencia climática.

¿Por qué vincular desarrollo rural y biodiversidad?

La relación entre desarrollo rural y biodiversidad va mucho más allá de la conservación de especies. Los ecosistemas saludables proporcionan servicios esenciales para la actividad humana, como la fertilidad de los suelos, la regulación del agua, la polinización de cultivos, el control natural de plagas y el mantenimiento de paisajes de gran valor social y económico. Estos servicios ecosistémicos constituyen una base fundamental para la sostenibilidad de las comunidades rurales.

Además, la conservación de la biodiversidad contribuye a aumentar la resiliencia frente al cambio climático. Los paisajes heterogéneos, formados por mosaicos de cultivos, pastizales, setos, bosquetes y otros elementos seminaturales, suelen resistir mejor fenómenos extremos como las sequías, los incendios o las invasiones biológicas, reduciendo la vulnerabilidad de los territorios rurales.

Por último, una gestión adecuada del patrimonio natural puede convertirse en una importante fuente de oportunidades económicas. La conservación bien planificada favorece el desarrollo del turismo sostenible, impulsa la comercialización de productos de alto valor añadido, como quesos artesanales, miel, carne de razas autóctonas o productos ligados al pastoreo extensivo, y abre la puerta a mecanismos emergentes como los pagos por servicios ecosistémicos. De este modo, biodiversidad y desarrollo rural pueden reforzarse mutuamente, generando beneficios tanto ambientales como sociales y económicos.

Ejemplos de éxito en España:

Recuperación del lince ibérico.
Programas de conservación combinados como la cría en cautividad, las reintroducciones, el control de enfermedades y la protección de hábitat, han llevado a un notable aumento de la población en las últimas décadas. Esta recuperación ha impulsado el ecoturismo y la sensibilización local.

Gestión sostenible de la dehesa.
Mantener el manejo tradicional con un pastoreo extensivo, la rotación de cultivos y la protección del arbolado, sostiene empleo rural y conserva especies y servicios. Modelos de comercialización de productos de calidad (ej.: carne de raza autóctona y corcho) aportan valor añadido.

Proyectos LIFE y de diversas ONGs.
Diversas iniciativas han demostrado que la conservación de la biodiversidad puede generar beneficios tangibles para los territorios rurales. Actuaciones como la restauración de humedales, la creación de corredores ecológicos o la recuperación de pastos han permitido mejorar el estado de numerosos hábitats y especies a escala local.

Agricultores y cooperativas.
Existen diversas estrategias que permiten compatibilizar la rentabilidad de las explotaciones rurales con la conservación de la biodiversidad. Entre ellas destaca la diversificación de cultivos y la recuperación de elementos del paisaje agrario, como setos, ribazos o franjas floridas para polinizadores, que favorecen el control natural de plagas y aumentan la resiliencia frente al cambio climático. Asimismo, el fomento de la ganadería extensiva y de sistemas de rotación adecuados contribuye al mantenimiento de los pastizales, ayudando a prevenir procesos de degradación del suelo y desertificación.
Estas prácticas pueden complementarse con herramientas que mejoren la rentabilidad de las explotaciones, como la obtención de certificaciones de calidad, por ejemplo, producción ecológica o denominaciones de origen, y el desarrollo de canales de comercialización directa, incluyendo mercados locales, venta en línea o sistemas de suscripción. Además, la participación en programas de pagos por servicios ecosistémicos y en medidas agroambientales que recompensan las prácticas favorables para la biodiversidad ofrece nuevas oportunidades de ingresos para los productores rurales, reforzando el vínculo entre conservación y desarrollo económico.

Conclusión:
La convergencia entre desarrollo rural y conservación de la biodiversidad no es un ideal inalcanzable: es una ruta práctica y ya probada en España. Requiere voluntad política, incentivos económicos, colaboración entre sectores y, sobre todo, el protagonismo de la gente que vive y trabaja en el medio rural. Con medidas bien diseñadas, la biodiversidad puede ser la base de un desarrollo rural próspero, resiliente y justo.


martes, 12 de agosto de 2025

Un permacultor mallorquín


Retomamos las publicaciones de este blog que teníamos guardado en un cajón desde hace demasiado tiempo. En esta nueva etapa queremos darle un enfoque más abierto en cuanto a la temática, aunque siempre con una visión conservacionista y de puesta en valor del patrimonio natural y la biodiversidad. Igualmente queremos dotarlo de una mayor participación y dinamismo, para lo cuál vamos a utilizar más a menudo el formato de entrevista y el de artículos de colaboradores.

Esta primera entrevista que hoy publicamos tiene como tema la permacultura y la gestión de una finca agrícola utilizando esta filosofía y como protagonista a un buen amigo que vive y gestiona su finca de manera permacultural. Aquí os dejo con él que es muy buena compañía. Esperamos que la disfrutéis.

Mi nombre es David Vicens. Desde hace unos 6 años, vivo y gestiono una finca que heredé de mi abuelo. Está situada en el pueblo de Costitx, Mallorca.  
El terreno tiene una extensión de aproximadamente una hectárea distribuido de la siguiente forma,  unos 2000 o 3000 metros cuadrados son zonas arbóreas (acebuches, encinas y almeces principalmente), mientras que los 7000 metros cuadrados restantes han sido zona de cultivo de cereal de secano. El propio terreno es un pequeño valle y cuenta con bastantes terrazas que suponen zonas muy distintas entre ellas pese a ser una superficie pequeña.



¿Qué te llevo a elegir la permacultura como forma de vida y gestión de tu finca?
Ha sido un proceso paulatino. Pondría el origen en el momento que empecé a tener consciencia del cambio climático y sus consecuencias, posiblemente en alguna fecha cercana al estreno del documental "Una verdad incómoda", 2006 o 2007. Tras ello, me fui encontrando con algunos proyectos de permacultura aquí y allá, proyectos que no terminaba de entender pero que me llamaron poderosamente la atención. Y finalmente la posibilidad de pasar algunos ratos en la finca con mi abuelo y tener la suerte de haber podido venir a vivir en ella más tarde hicieron el resto

¿Cuáles fueron los mayores desafíos al comenzar con la permacultura en tu terreno?
Lo desafíos son permanentes, puesto que hasta día de hoy, no cuento con una red de personas a quién plantear mis dudas sobre los proyectos que quiero ir desarrollando y eso supone ir experimentando a través de lo que uno lee o ve por internet. Y eso, a su vez, supone equivocarse reiteradamente.

¿Cómo integras los principios éticos de la permacultura (cuidar la tierra, cuidar a las personas y compartir equitativamente) en tu día a día?
El sentido comunitario es posiblemente el talón de Aquiles del proyecto puesto que hasta el día de hoy, solo he conseguido colectivizar la gestión de un pequeño rebaño de ovejas que recorren otras dos fincas además de la mía. Por tanto, lo cierto es que hasta el momento se trata de un proyecto personal en el que trato de gestionar no solo la tierra, sino la finca en su conjunto y sus recursos desde una perspectiva de regeneración y sostenibilidad 

¿Qué tipo de cultivos o sistemas has implementado y por qué los elegiste?.
Antes de nada matizar que se trata de un proyecto muy joven, condicionado por el hecho de querer vivir en el lugar y no tener una intención inicial de sacar rendimiento económico del mismo. Esto supone avanzar lentamente según los recursos personales de tiempo y dinero lo van permitiendo. 
Desde este contexto me he centrado en cultivos a medio plazo, sembrando e injertando frutales. 
Por otro lado, al ser un proyecto de autogestión los sistemas implantados son muy diversos. Quizás los más relevantes son los sistemas regenerativos de gestión con animales y los de gestión, captación y recuperación del agua


¿Cómo manejas el agua en tu finca? ¿Utilizas técnicas cómo zanjas, captación de agua de lluvia u otras?
Al no tener acceso a agua corriente ni pozo propio, me he centrado en recuperar los sistemas de captación del agua de lluvia que ya estaban en la finca: cisternas, tejados, terrazas, canalización, etc
Este año he incorporado también un sistema de recuperación de aguas grises que consiste en un humedal artificial subsuperficial.

Estanque de recuperación de aguas grises


¿Qué papel juegan los animales en tu diseño permacultural?
La gestión del agua y la gestión con animales son sin duda los ejes centrales del proyecto:
Las abejas están presentes como animal clave del ecosistema y espero algún día poder dedicarles el tiempo necesario para recolectar algo más de miel de lo que hasta ahora he conseguido
Las gallinas por su parte, ayudan a cerrar el círculo de los residuos orgánicos que generamos en casa y a mejorar el compost. Y por supuesto nos abastecen de huevos.
Y con unas pocas ovejas compartidas con dos vecinos, trato de llevar cabo un manejo holístico y regenerativo del suelo.
Este año estoy experimentando también con una pequeña lombri-compostera  para ver si termina teniendo sentido en el sistema.





¿Qué aprendizajes importantes has obtenido viviendo de esta manera que te gustaría compartir con otros?
Pienso que la permacultura te obliga a volver a conectarte con los procesos propios de la vida y, en consecuencia, a responsabilizarte de la interacción que tenemos con nuestro entorno. 
En mi opinión, las personas hemos ido dejando en manos de la sociedad la responsabilidad de muchos de estos procesos tan básicos e importantes como la gestión del agua, la alimentación, la generación y gestión de residuos, etc.  Damos por hecho que abriremos un grifo y saldrá agua y que iremos a comprar a un supermercado y podremos abastecernos de lo que queramos. Todo ello desde una completa desconexión de los complejos procesos previos o posteriores por los que pasan esos bienes

¿Cómo influye tu estilo de vida en tu relación con la comunidad local o tus vecinos?
La verdad es que creo que lo que hago en la finca se ha visto con bastante desconfianza por la comunidad local hasta el momento, puesto que rompe en gran medida con la gestión tradicional. Sin embargo, este último año empiezo a percibir un cambio y cierto interés por algunos vecinos, por ejemplo, por el manejo holístico de las ovejas que ahora empieza a dar resultados visibles.




¿Qué herramientas, recursos o conocimientos consideras fundamentales para empezar en la permacultura? 
De nuevo, creo que lo esencial es coger consciencia de las relaciones que tenemos con nuestro entorno y de las consecuencias de nuestra manera de afrontar cada una de ellas para terminar siendo partícipes y no observadores de las mismas. Nos hemos llegado a creer que somos meros espectadores de lo que acontece cuando verdaderamente tenemos mucho más poder del que nos imaginamos. Una recomendación al respecto: la serie documental HOPE de Javier Peña, en RTVE

¿Cuáles son tus próximos proyectos o sueños dentro de tu finca y el modelo permacultural?
El sueño es conseguir vivir permaculturalmente que, como su nombre indica, supone un cambio de paradigma comunitario, no individual. Los sueños son utópicos y ese es el punto en el horizonte que yo persigo
En cuanto a los proyectos personales, la lista es interminable pero por mencionar algunos:
Tengo diseñado ya la construcción de un baño seco de dos cámaras que a su vez supondría recuperar lo que ahora sirve de fosa séptica como otro gran depósito de almacenamiento de agua y, por otra parte, este año espero terminar de arreglar una cisterna antigua que estaría destinada a abastecer agua a un pequeño bosque comestible.

¿Cómo cerrarías esta entrevista?
A modo de conclusión, lo cierto que para mi la permacultura es una elección personal de como quiero vivir mi vida, algo que si no te paras a pensar en ello parece que nos viene dado. Y es la forma de vida más sensata y coherente conmigo mismo.
Por otra parte, creo que estamos en un momento de transición hacía un nuevo modelo de sociedad puesto que el actual capitalismo de consumo-producción incesante no da más de si. 
Lamentablemente también creo que no llegaremos a abandonarlo del todo hasta que alguna crisis nos obligue a ello.
Desde esta perspectiva, la permacultura supone para mi la elección del modelo de futuro por el que apuesto y también una forma de prepararme ante una eventual crisis previa.

Muchas gracias David, por prestarte a colaborar con nosotros. Compartir otras experiencias que aporten y redunden en una convivencia más amable con nuestro planeta, y con todos los demás seres que en él habitan, es siempre gratificante.

Y a ti, lector o lectora de este humilde bloq, te animamos a realizar aportaciones ya sea a través de tus comentarios como de algún artículo que te gustaría que publicásemos. 

Saludos cordiales.

lunes, 14 de junio de 2021

Vlad, el empalador.


Vlad III de Valaquia era conocido como Vlad el Empalador y también como Vlad Drácula. Fue príncipe de Valaquia, en Rumanía y el apodo de empalador le venía por su extrema crueldad ya que tenía por costumbre atravesar el cuerpo de sus víctimas, desde el ano a la boca, con una gran estaca de madera. Tal fue su fama de crueldad que Bram Stoker se inspiró en su figura para crear "Drácula".

Si paseamos por el campo y nos fijamos con atención, puede ser que en alguna alambrada de púas o en alguna plantas con espinas o quizás en un rama afilada, podemos encontrar insectos, lagartijas e incluso ratones empalados. 

Podríamos pensar que se trata de una cruel travesura de algún zagal, que podría serlo, pero seguramente el culpable sea el protagonista de nuestra entrada de hoy. Estamos hablando del alcaudón real (Lanius meridionalis).


Esta preciosa ave, a diferencia de Vlad, no realiza esta práctica por crueldad, lo hace por adaptación. Podríamos decir que el alcaudón real es un pájaro con alma de ave rapaz, o bien, una rapaz encerrada en un cuerpo de pájaro. El diseño de su pico es propio de un ave rapaz, sin embargo no cuenta con la fuerza ni el diseño de las garras de estas. Suele cazar al acecho desde posaderos y sus presas favoritas son grandes insectos, pequeñas aves, lagartijas y ratones y topillos. 

¿Por qué empala a sus víctimas? Hay dos razones que se complementan. La primera es que utiliza los arbustos con "pinchos" y las alambradas de púas como despensa. Empala a sus víctimas cuando hay abundancia para reservarlas en épocas en los que la caza no le es tan fructífera. La otra razón es que mientras están empaladas a la intemperie sus tejidos se ablandan un poco. Como hemos mencionado el alcaudón no tiene la fuerza ni el diseño de las garras de las rapaces, sin embargo se alimenta como ellas de "carne". Al tener los tejidos más blandos y utilizar la "estaca" como punto de apoyo, le es más fácil desgarrar con su pico y alimentarse.


En España podemos encontrarlo en casi todo el territorio, solo falta en la cornisa cantábrica y gran parte de Galicia. Tampoco está en las Islas Baleares y en algunas de las Islas del archipiélago canario. Además es sedentario, es decir, se encuentra entre nosotros durante todo el año.

Sus hábitats preferidos son las dehesas y las campiñas agrícolas. Como la gran mayoría de los animales ligados a hábitats agrícolas sus amenazas más destacables son los cambios de usos tendentes a la intensificación agrícola y el abuso de insecticidas y pesticidas que acaba con sus presas. 


Es necesario tomas medidas para conservar la biodiversidad que nos queda. Estamos asistiendo como las especies menos abundantes van desapareciendo y las que antaño eran numerosas se rarifican. Hay que ser conscientes de que si queremos revertir la situación debemos tomar medidas transversales encaminadas a conservar este elemento de valor incalculable que es la biodiversidad. Cuando hablamos de medidas transversales nos referimos a que cualquier decisión que se tome, ya sea en el ámbito del modelo energético, agrícola, de transportes y comunicaciones, de gestión de residuos, de industria....etc se debe tomar teniendo en cuenta el objetivo de la conservación de la biodiversidad. Y esto no solo desde la política internacional, es necesario tomar medidas a todas las escalas, desde lo personal a lo planetario. 

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lunes, 7 de junio de 2021

El salto del gitano.

Salto del Gitano 

Existe una leyenda por Extremadura de un gitano bandolero que asaltaba a los comerciantes que viajaban por la zona. En una ocasión, perseguido por la Guardia Civil llegó al límite de un precipicio a orillas del río Tajo. Viéndose ya atrapado por los agentes tomo carrera y saltó sobre el precipicio.....milagrosamente llegó a la otra orilla del río y desde entonces a ese lugar se le conoce como "El Salto del Gitano".

El "Salto del Gitano" es el nombre popular con el que se conoce a "Peña Falcón", una gran mole de cuarcita que se "derrama" sobre el río Tajo. Se encuentra en la carretera que sale de Torrejón del Rubio (Cáceres) con destino a Plasencia (Cáceres) o a la inversa. No tiene pérdida ya que está literalmente al pie de la carretera. 

Río Tajo

Se encuentra dentro del Parque Nacional de Monfragüe. Este paraíso de nuestra geografía fue declarado Parque Natural en 1979, posteriormente fue declarado por la UNESCO como Reserva de la Biosfera y finalmente en 2007 es declarado Parque Nacional.

El ecosistema predominante de Monfragüe es la dehesa de encinas (Quercus ilex) y alcornoques (Quercus suber) y los cortados rocosos que forman los ríos Tajo y Tiétar que discurren por él. 


Entre su fauna más representativa se encuentran las aves, no en vano es también zona ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves), destacando el buitre leonado (Gyps fulvus), el buitre negro (Aegypius monachus), el águila real (Aquila chrysaetus), el alimoche (Neophron percnopterus) y la cigüeña negra (Ciconia nigra).


Buitres leonados

Podríamos escribir muchísimo más sobre Monfragüe pero valgan las anteriores líneas a modo de introducción y situación del protagonista del artículo de hoy que es el "Salto del Gitano".

Llevaba muchísimo tiempo queriendo visitar este referente de la ornitología española. Había oído hablar mucho de este "peñasco" entre amigos pajareros. Una roca en la que anidan a la vez, buitres leonados, alimoches, halcones peregrinos (Falco peregrinus), águilas reales y cigüeñas negras no podía defraudar. La ocasión se presentó este mismo fin de semana, me encontraba trabajando en Plasencia (Cáceres) y debía viajar hasta Trujillo, también en la provincia de Cáceres. Estaba la posibilidad de recorrer la autovía o la de una carretera nacional que atravesaba el Parque Nacional de Monfragüe........no pude resistirme.

Nido de cigüeña negra

Escribano montesino

Cuando llegué al pequeño parking y me bajé del coche con la cámara y los prismáticos al ristre enseguida percibí que iba a disfrutar. Aunque para mi desdicha contaba con apenas 20 minutos de tiempo. Me aposté en el mirador y comencé a otear la pared. Lo que aquí comparto es solo una pequeña muestra de lo que allí puede verse y como tengo que volver dentro de unas semanas, amenazo con publicar una segunda parte....

Roquero solitario

Desde este humilde blog, que trata de aportar un pequeño grano de arena al conocimiento y conservación de la biodiversidad, te animamos a compartir con nosotros tus observaciones, conocimientos, apreciaciones, pensamientos, lugares.....solo tienes que hacérnoslo llegar. Gracias.

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domingo, 30 de mayo de 2021

El abejaruco. El color que viene de África.


El abejaruco (Merops apiaster) es una de las aves más llamativas de entre las que habitan en España. Este ave que nos visita cada primavera desde África es fácilmente reconocible tanto por su flamante colorido como por su inconfundible canto, audible desde mucha distancia. De hecho, a menudo se oye  pero no se ve ya que en migración a veces vuela a mucha altura. 

Comienzan a llegar durante el mes de abril y no se marcharan hasta septiembre. En España se encuentra en todo el territorio a excepción de Galicia, la Cornisa Cantábrica y los Pirineos. Se estima que un 25% de la población europea de abejaruco se reproduce en España.

Suele concentrarse en colonias de cría en cortados, taludes, canteras o paredes verticales de materiales blandos en los que poder excavar sus nidos. Si, hemos dicho bien, excavar, y es que el abejaruco construye un túnel en la pared en el fondo del cual deposita sus huevos, que oscilan entre 6 y 8, y lleva a cabo la crianza de los pollos. Este túnel puede alcanzar hasta dos metros, dependiendo de la dureza de los materiales.

De su nombre científico obtenemos una pista sobre su alimentación. Apiaster, viene del latín "Apis" que significa abeja. Efectivamente el abejaruco se alimenta de insectos (abejas, avispas, libélulas...) que captura al vuelo.

El abejaruco se ha visto beneficiado por ciertas actividades humanas que han posibilitado la creación de taludes pero también se ha visto perjudicado por otras actividades. Entre estas últimas, perjudiciales para esta y otras muchas aves, destacamos el uso de herbicidas y pesticidas que están acabando con las poblaciones de insectos, presas principales de estas aves.

También históricamente se ha percibido como enemiga de los apicultores, ya que se alimenta de abejas en las colmenas y por eso ha sido perseguida. Pero hoy en día, con la expansión de la peligrosa avispa velutina, de origen asiático, se empieza a ver como un aliado en la erradicación de la misma.

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lunes, 24 de mayo de 2021

Tiburón de río

 

Autor: ZiskoW . This file is licensed under the Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0 International license.

En el artículo anterior (Invasión y victoria) dedicado a las especies exóticas invasoras comenté que iba a dedicarle por su importancia un lugar destacado y preponderante al siluro (Silurus glanis). Y es que cuando uno lee en la prensa que capturan en Extremadura el siluro más grande registrado en España (2.95 metros de longitud y 180 kilogramos de peso) empieza a preocuparse verdaderamente. En primer lugar porque uno escucha hablar del siluro y piensa casi de inmediato en su presencia en el río Ebro y Aragón, leer que aparece en la vecina región extremeña transforma la sorpresa inicial en temor. Un sentimiento de recelo por el hecho de que se está expandiendo y otro de aprensión por la cercanía a nuestra tierra y a nuestros entornos y en cadena como las piezas de un dominó, a nuestros espacios naturales (sean protegidos o no).

Cuando encima profundizo en la noticia y compruebo que la captura se llevó a cabo en el embalse de García de Sola (término municipal de Talarrubias en Badajoz) me viene a la mente el intercambio de pareceres que mantuvimos el creador de este blog y uno mismo con unos aficionados a la pesca deportiva con los que coincidimos en 2003 en un camping de la mencionada localidad pacense mientras nos encontrábamos en un campamento de anillamiento de aves y en los que defendimos la postura de la erradicación del siluro de nuestros cursos de agua por la multitud de peligros que supone su existencia en los mismos, aspecto que no les pareció hacerle mucha gracia a nuestros vecinos de estancia (sabotaje incluido de nuestra tienda de campaña en su huida sin nuestra presencia delante). De eso hace prácticamente 18 años y ya entonces oír nombrar al siluro era una mascletá para las conciencias sostenibles que conocen el curriculum de esta especie alóctona de nuestros ríos que como dicen por ahí, vino para quedarse. Así de triste.

Y es que el siluro, o tiburón de río, es una especie exótica invasora de más de 2 metros de longitud y más de 100 kilos de media que fue soltado adrede en mitad de la década de los 70 por dos turistas alemanes aficionados a la pesca deportiva en un embalse del río Ebro denominado Mequinenza (Aragón). Desde ese momento, el siluro invade, devora y amenaza a todo y todos a pesar de que su origen se encuentra en los grandes ríos del centro de Europa pero se ha ido extendiendo como consecuencia de la suelta ilegal que ha ido poblando ya demasiados rincones en los que no se esperaba la presencia de este gran depredador, de quien conocemos poblaciones introducidas en Croacia, Dinamarca, España, Italia, Reino Unido o Kazajistán.

Porque eso es lo que es el siluro: un voraz depredador al que le acompaña una sorprendente longevidad (mínimo 20 años) y una inusitada importancia que va en aumento por el incremento de su interés deportivo y porque los ejemplares capturados se suelen retornar al agua (aunque los siluros y otros ejemplares de especies exóticas invasoras deberían ser sacrificados, no pudiendo ser devueltos a las aguas)

Conocer la biología del siluro es comprobar que su peligrosidad reside en su comportamiento camaleónico en muchas circunstancias ecológicas adversas. Se trata de un pez sedentario que prefiere zonas profundas de fondo blando, con aguas tranquilas y turbias, por lo que se encuentra principalmente en los tramos bajos y profundos de los ríos y embalses, permaneciendo en los meses de bajas temperaturas en zonas profundas y escondidas, invernando. Soporta aguas ligeramente salobres, por lo que se puede adentrar en las desembocaduras de los ríos abarcando un amplio espectro de localizaciones. No tiene grandes requerimientos de oxígeno, lo que le hace relativamente tolerante a la contaminación, aspecto que lo puede convertir en habitual en nuestro país dado la mala calidad que presentan los cursos fluviales nacionales. Además, presenta un comportamiento gregario (los individuos de un grupo determinado pueden actuar juntos sin una dirección planificada) frente al individualismo característico de otras especies animales.

Es una especie con una alimentación oportunista, predador muy voraz y agresivo, modificando su régimen alimentario a lo largo de su crecimiento. En sus primeras etapas, la dieta es plancton; durante la etapa juvenil consume principalmente invertebrados y en la fase adulta se alimenta de noche y en el crepúsculo, subiendo a la superficie para cazar, principalmente peces, pudiendo capturar también anfibios e incluso roedores y aves acuáticas de forma ocasional. Debido a esa voracidad es el máximo responsable de la extinción del barbo (Barbus barbus), un pez autóctono comestible que se podía pescar en la mayoría de los ríos españoles y que cuyo futuro pueden compartir otros peces otrora típicos de nuestros ríos como la boga (Pseudochondrostoma polylepis), la colmilleja (Cobitis paludica) o el salinete (Aphanius baeticus).

Porque el tiburón de río a pesar de su gran pesaje es un pez poco apetecible por su aspecto viscoso, más cercano al de un monstruo prehistórico que al de un suculento pescado. De hecho no es comestible en nuestro país aunque su captura ilegal ha generado la existencia de una mafia que exporta en condiciones insalubres siluros para consumo humano al este de Europa (fundamentalmente Rumanía) y que se hizo eco en un reportaje de “Equipo de investigación”. Y es que algunas localidades aragonesas como Caspe o Mequinenza viven del siluro y su economía local se fundamenta en todo lo relacionado con la pesca deportiva de este gigante de los embalses que es más conocido por todo lo que arrasa en su devenir diario.

De hecho en la web del Ayuntamiento de Mequinenza puede comprobarse como se alude a la importancia de la pesca del siluro en sus aguas (Mequinenza está situada entre las confluencias de los ríos Segre y Ebro y en los pantanos de Mequinenza y Ribaroja) para refrendar la importancia de la localidad, a la que se le considera un referente mundial en dicho deporte (utilizado como sostén y pilar fundamentales de su economía basada en el turismo asociado al fenómeno creciente e incipiente de la pesca deportiva).

Pero la realidad más allá de los ingresos económicos es otra bien distinta desde un punto de vista medioambiental o conservacionista. Lo que podríamos denominar las dos caras del siluro. Algunos lo ven como un motor económico, otros lo vemos como un invasor destructivo que obsequia al hábitat colonizado con los impactos y amenazas siguientes:

Sobre el hábitat:

- Gran impacto sobre los ecosistemas acuáticos, al alterar fuertemente la estructura trófica de las comunidades, debido a su carácter depredador (engulle todo lo que se pone a su alcance).

- Efecto negativo colateral en los ecosistemas acuáticos peninsulares, al haber provocado la suelta indiscriminada de otras especies exóticas como alimento para esta especie

Sobre las especies autóctonas:

- Alta depredación sobre especies autóctonas, dada su voracidad, principalmente de macroinvertebrados y otros peces (aunque en su dieta actual es más amplia e incluye aves y anfibios)

Sobre los recursos económicos asociados al uso del patrimonio natural:

- Efecto sobre el recurso económico de la pesca deportiva de especies autóctonas en España.

Sobre la salud humana:

- No se tiene constancia de impacto sobre la salud humana, aunque en el embalse de Flix (río Ebro) se han detectado niveles de PCB de tipo dioxina (recordar que las dioxinas tienen elevada toxicidad y pueden provocar problemas de reproducción y desarrollo, afectar el sistema inmunitario, interferir con hormonas y, de ese modo, causar cáncer), mayores en los siluros que en otras especies de peces. De todas formas, el siluro no es apto para el consumo humano.

- Hay registros de ataques a pescadores.

Un panorama preocupante y desolador que no acaba ahí. Ojalá. Ahora inquieta su expansión y los posibles efectos de los nuevos hábitats conquistados. Porque el Grupo de Trabajo en materia de Agua del Consejo de Participación del Espacio Natural Doñana ha confirmado la captura de un ejemplar de siluro de casi dos metros y cerca de 100 kilos de peso aguas abajo de la presa de Alcalá del Río (Sevilla). También fueron confirmadas capturas anteriores tanto en el embalse de Iznájar (Córdoba) como en el pantano del Gergal (Sevilla) en la cuenca del Rivera del Huelva, muy cerca del pantano de Aracena y Zufre.

El siluro ronda Huelva, aterrorizándola y desea establecerse en Doñana y ello supone para el Espacio Natural Protegido más emblemático de España (y de los más importantes – si no el que más-  de Europa) un nuevo problema que se suma a los que ya se ciernen sobre él (escasez de agua, sobreexplotación de acuíferos, agricultura intensiva, turismo de masas...). Por eso, su turbadora aparición debe suponer un desafío al que hay que poner freno lo antes posible. Así, los representantes de las entidades integrantes del Grupo de Trabajo, incluida la Estación Biológica de Doñana, decidieron elevar al Pleno del Consejo de Doñana la petición de que la Administración Ambiental desarrolle de forma inmediata medidas de erradicación y control de la especie.

Dados los antecedentes de esta especie exótica invasora y su efecto “Caballo de Atila” allá por donde se establece, es de recibo recordar e insistir que debido a su potencial colonizador y constituir una amenaza grave para las especies autóctonas, los hábitats o los ecosistemas, en España la especie está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, regulado por el Real Decreto 630/2013, de 2 de agosto, estando prohibido y constituyendo por tanto un grave delito su introducción en el medio natural, posesión, transporte, tráfico y comercio.

Su presencia en las proximidades del entorno de las marismas del Guadalquivir y por tanto, de Doñana, es especialmente preocupante e inquietante por habitar en este archiconocido humedal las últimas (escasas) poblaciones de cercetas pardillas (Marmaronetta angustirostris), malvasías cabeciblancas (Oxyura leucocephala), porrones pardos (Aythya nyroca) o fochas cornudas (Fulica cristata); todas ellas aves en situación de peligro de extinción; las cuales podrían convertirse en parte de la intensa dieta del siluro.
 

Pero no es únicamente la presencia del siluro lo verdaderamente alarmante, si no los efectos colaterales que su aparición conlleva. De esta forma, la introducción del tiburón de río en embalses y ríos lleva asociada la suelta de otros peces invasores que le sirven de alimento, como alburnos (Alburnus alburnus) o percasoles (Lepomis gibbosus), lo que multiplica el impacto negativo sobre el ecosistema y su equilibrio, informan desde el proyecto Life Invasaqua, coordinado por la Universidad de Murcia y en el que participa, entre otros, la Agencia Efe.

Estas especies contribuyen asimismo a la entrada de patógenos no nativos de los que son portadores y causan un impacto socioeconómico, pues predan sobre especies autóctonas de interés para la pesca.

La única medida preventiva que sirve para evitar su propagación a otras masas de agua es que la Administración ponga en marcha medidas de control drásticas, rápidas y eficaces que pasan por evitar el acceso y pesca deportiva incluso si se trata de zonas de competición, debido a que sólo aislando los ejemplares para actuar de forma selectiva, se puede frenar su colonización y la amenaza que supone para el resto de todas las especies pescables propias de las aguas dulces andaluzas.

Es vital preservar de la colonización por estas especies invasoras los últimos tramos del río Guadalquivir, ya que constituye un área única no sólo desde el punto de vista biológico y ecológico, sino también y de forma importante, económico.

Entre las medidas que se proponen para contrarrestar el flujo evolutivo de la presencia expansiva del siluro por el territorio nacional podemos encontrar las siguientes:

- Concienciación, mediante campañas de sensibilización para evitar la translocación de ejemplares.

- Cumplimiento de la normativa sobre especies exóticas invasoras y de pesca.

- Control intensivo para evitar la translocación de ejemplares.

- Favorecer la pesca sin retorno para colaborar con su control.

- Realizar diseño de medidas efectivas de eliminación.

- Implicar a los pescadores en el monitoreo y la erradicación de la especie.

- Vigilar la limpieza de aperos y material de pesca, por parte de los pescadores, para evitar las posibles translocaciones de huevos o alevines.

Se nos viene encima un problema cuya expansión puede alcanzar cotas descomunales y tremendamente perjudiciales para la biodiversidad de nuestros ríos y embalses. Y es que la realidad del siluro o la propia leyenda, rodeada de historias descabelladas – como la que asegura que devoró un fox terrier en el río Tiétar- con la que convive lo convierte en una especie cuya captura se convierte en el objetivo de miles de pescadores (que proceden de cualquier punto de España y Europa) que han convertido el entorno, fundamentalmente el arraigado junto al río Ebro, en un referente turístico a nivel mundial para la práctica de este deporte.

Entiendo y comprendo que mi punto de vista acerca de esta problemática no sea del gusto ni del agrado de muchos, únicamente me limito a exponer desde un encuadre ecológico y medioambiental (que es el que personalmente me interesa dar a conocer) el contexto relacionado con la presencia en nuestras aguas continentales del siluro – conocido también como monstruo de río, término que precisamente no ha sido acuñado por mi persona – desde la perspectiva que mi condición de amante de la naturaleza y la biodiversidad, así como de mi propia formación académica (uno no estudió la Licenciatura de Ciencias Ambientales por complacencia u obligación), me otorgan haciéndome reflexionar libre y profundamente sobre el tema. Nunca llueve a gusto de todos pero exponiendo este alegato desde mi más humilde opinión al respecto del hilo conductor que promueve este artículo, me he sentido como pez en el agua…

JUAN LUIS MARTÍN GARCÍA

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domingo, 16 de mayo de 2021

¿El lobo feroz?

Nuestra sociedad ha tratado al lobo (Canis lupus) desde la perspectiva de considerarlo una auténtica alimaña (animal que ataca o hace daño a la caza menor o al ganado) desde tiempo inmemorial. Lo consideramos un antiguo enemigo, un acérrimo adversario y lo utilizamos en nuestras tradiciones como sinónimo de un peligro inminente, que nos acecha. Para muestra el hecho de que en la literatura infantil clásica, el lobo  sea el archiconocido ser perverso y malvado que aparece en cuentos tan famosos como “Caperucita roja”, “Los tres cerditos”Pedro y el lobo” o “Los siete cabritillos”.

Su presencia infunde un temor inspirado en la tradición oral que lo relaciona con amenaza, maldad, traición y desconfianza y los antiguos pastores se encargaron de difundir historias y leyendas alrededor de la figura de este pariente de otros mamíferos integrados en una particular lista negra de animales a los que se no se les tiene mucho aprecio como el chacal (Canis aureus) o el coyote (Canis latrans). Ni que decir de la presencia legendaria de una criatura mitad lobo y mitad humano que recorre diferentes culturas por todo el planeta y que provoca el pánico entre la ciudadanía en las noches de luna llena y cuya superstición ha colmado Hollywood de guiones de películas (en las que se incluye incluyo sagas taquilleras como Underworld) en las que se hacía eco de las fechorías de los licántropos.

Un ser tachado de despreciable. Un depredador (como otros muchos que pueden copar la cadena trófica) al que aniquilar. Una especie que sobra de nuestra biocenosis. Un animal con un instinto voraz. Un contrincante para el ser humano. ¿Pero alguien ha intentado empatizar desde la mirada triste del lobo? ¿Alguien se ha puesto una mísera vez en su lugar? ¿Es tan feroz como lo pintan?

El gran naturalista y divulgador ambiental español Félix Rodríguez de la Fuente, reconocido amante de la especie, afirmaba que los lobos aullaban por tres razones. La primera relacionada con el hecho de comunicarse entre ellos; la segunda, para marcar sus territorios y la tercera y última, para expresar la profundísima tristeza del corazón de una especie que dominó en medio mundo y que está al borde de su extinción.

Estamos hablando, sin duda alguna, de una de las especies más fascinantes y espectaculares de nuestra fauna. Pero a la vez se trata de una, quizás la que más, de las más controvertidas, lo que genera el eterno debate entre los que o te alías con el lobo o eres uno de sus máximos tenaces detractores.

Evidentemente, vamos a intentar explicar la situación actual de la especie en nuestro país. Para ello hay que entender de dónde viene la misma, por qué se ha llegado a este escenario y la importancia de su futura inclusión en el Listado de Especies Silvestre en Régimen de Protección Especial, y una vez digerida toda la información que la decisión de inclinarse en la balanza de los opositores o los defensores del lobo recaiga en su propia conciencia.

La población ibérica (ya que la frontera con Portugal y las políticas conservacionistas del país vecino facilitan su expansión) del lobo, por sus propias características morfológicas y particulares fenotípicas, es descrita como una propia subespecie (Canis lupus signatus) aunque existen controversias y opiniones que discrepan de este estatus taxonómico concreto.

Se trata de un animal que se encontraba prácticamente en la totalidad de la Península Ibérica pero que con el avance de los años se ha ido reduciendo drásticamente debido al furtivismo, los venenos, el trampeo y su caza indiscriminada. Su localización específica se limita y concentra al noroeste del río Duero. De esta forma, la situación actual del lobo en España arroja y contabiliza 297 manadas repartidas casi en su integridad en la mencionada cornisa noroccidental de la Península Ibérica. En cifras de población, se estima que pueden existir en nuestro país unos 2400-2500 ejemplares de lobo ibérico.

A pesar de los innumerables mitos, leyendas y falsas creencias sobre el lobo; la subespecie ibérica es muy tímida y esquiva con los humanos. Aspecto que me confirmó mi abuelo Juan  hace muchos años cuando me contaba sus encuentros nocturnos (recordar que sus hábitos son mayoritariamente realizados bajo la luz de la luna) con los lobos mientras trabajaba en el arreglo de alguna vía de tren que había sufrido el desmoronamiento de una trinchera de terreno anexa e imposibilitaba el tránsito del ferrocarril en la línea de Huelva a Zafra.

Es sencillamente un animal que lucha por su subsistencia, un depredador con una importante capacidad de adaptación al medio que posee una compleja organización social digna de estudio y al que persigue un terrible estigma que lo convierte en un fiero competidor amenazante. Pero es algo más que eso y no lo afirmo desde un punto de vista sentimental como amante de la biodiversidad sino que me apoyo en un profundo conocimiento científico que respalda el hecho de que el lobo cumple con una serie de funciones cruciales en los ecosistemas en los que habita, desarrollando un papel ecológico insustituible: son los llamados servicios ecosistémicos.

Ante un panorama mundial donde el declive de la diversidad natural de las especies parece que empieza a convertirse en una de las preocupaciones de la sociedad (y en ello han tenido especial repercusión la existencia de especies bandera como el oso polar, el lince ibérico, el tití león dorado o el oso panda), la existencia del lobo en nuestros ecosistemas representa un importante legado natural e histórico (el aullido del lobo ha sido durante siglos el himno de nuestras montañas, un sonido capaz de encandilar y estremecer a partes iguales) que debe ser preservado. Entre sus servicios y beneficios ecosistémicos podemos enumerar:

-          Los lobos, junto con otros carroñeros como los buitres, son sanitarios de la naturaleza porque juegan un papel muy importante en el control de las enfermedades, ya que la presencia de la especie está ligada a la reducción de la transmisión de enfermedades entre ungulados (corzos, ciervos, jabalíes…) salvajes y el ganado doméstico, a la vez que eliminan desechos orgánicos del campo

-          Controlan el número de ungulados  silvestres que causan daños en la agricultura, obligándolos a desplazarse, evitando el sobrepastoreo (el cual se produce cuando las plantas y los cultivos están expuestos al pastoreo intensivo durante largos períodos o sin períodos suficientes de recuperación) y facilitando así la regeneración del pasto para el ganado. De esta forma, se aumenta la productividad de la ganadería

-          Al no tolerar la presencia de otros competidores en su territorio (esencialmente otros cánidos), mantienen a raya a perros asilvestrados, zorros y otros carnívoros que ocasionan daños a la ganadería

-          Facilita el almacenamiento de carbono al limitar el número de herbívoros, permitiendo así a las plantas crecer con lo que se fomenta la recuperación forestal

Además y fuera de la función ligada al hábitat, la presencia del lobo puede reducir la abundancia de especies que son responsables de colisiones entre vehículos y fauna; así como ser un imán para el turismo rural, puesto que el turismo alrededor de carnívoros como el lobo está en auge aportando riqueza y creando oportunidades de empleo en el mundo rural. Es el caso de la Sierra de la Culebra (Zamora) o la Reserva de Riaño (León) que se han convertido en los últimos tiempos en un referente nacional e internacional de turismo de observación del lobo, representando una oportunidad para las economías locales como se puso de manifiesto en el artículo El consumismo ecológico II.

Pero esa imagen totémica del lobo junto con la domesticación de ciertos animales provocó que la especie comenzara a encarnar lo maligno, la astucia y la trampa como resultado de la competencia por el ganado y la rivalidad entre cazadores por otros grandes mamíferos; manteniéndose esa visión dual entre temor y veneración (al igual que su mencionado aullido en el silencio) hasta nuestros días.

Aquí surge la sempiterna polémica que arrastra la presencia del lobo junto a la ganadería local puesto que a pesar de que depreda fundamentalmente sobre ungulados (como ya se ha expuesto con anterioridad), cuando la población de éstos escasea o existe en su territorio cabezas de ganado doméstico con escasa protección que pueden resultar fáciles presas se producen ataques directos a la ganadería de la zona.

Ello unido a las condiciones desfavorables en las que se desarrollan la actividad ganadera de carácter extensivo (se trata de un sector en el que las ayudas de las diferentes administraciones no abundan, el avance tecnológico no se encuentra muy integrado, los precios para los ganaderos no resultan ser excesivamente competitivos y las mejoras en las instalaciones dejan mucho que desear al tratarse de explotaciones a la usanza tradicional) lo convierten en un negocio poco rentable en el que se achacan las mayores pérdidas, casualmente, a los ataques de lobos, a pesar de que la climatología adversa del entorno, lo obsoleta que resulta la PAC para este tipo de explotaciones, la tardanza en el pago de las indemnizaciones y las propias enfermedades son las principales causas de disminución en el número de las reses de ganado.

Es precisamente en el 65% de esos territorios en los que el lobo comparte hábitat con la ganadería extensiva donde es considerado especie cinegética (o de caza, categoría que ha ostentado desde el 4 de abril de 1970 con la Ley 1/1970 junto al lince o al oso pardo). Pero el paso crucial dado desde el gobierno central para la conservación del lobo ibérico instaurando la prohibición en todo el territorio de su caza e incluyéndolo en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial en la categoría de Vulnerable ha vuelto a abrir viejas heridas aún pendientes de cicatrización y rencillas oxidadas cuyo epicentro se encuentra, precisamente, en el lobo ibérico.

Las comunidades autónomas (Galicia, Castilla León, Asturias y Cantabria) donde se concentra la población del lobo se han mostrado reticentes a dicha política conservacionista del ejecutivo central y han abogado por una normativa continuista parapetada en el control letal del lobo (matar ejemplares de manera indiscriminada) y con una postura defendida por agrupaciones ganaderas, colectivos agrarios y cazadores sin tener en consideración, como era de esperar, la opinión de asociaciones ecologistas o entes promotores de la conservación de la especie. Comunidades que no son capaces de comprender que dicha política deja mucho que desear pues los daños ocasionados a los ganaderos no se han reducido a pesar de su vigencia desde hace más de 50 años de una ley que permite su persecución letal pero sí que han provocado drásticas disminuciones hasta alcanzar las cifras de población actual.

Una postura contraria a la conservación del lobo que únicamente perpetúa el conflicto existente y que apoyaron otras autonomías como Andalucía, Madrid, Murcia y Euskadi que no contemplan la nueva estrategia basada en una gestión más eficaz que minimice los posibles daños, que reduzca los plazos de la exasperante burocracia en la tramitación de ayudas o recuperación de  compensaciones o desagravios y que a su vez sea sostenible con la propia subsistencia de la especie.

Aunque con esta medida aumente probablemente las poblaciones del lobo ibérico, no implica que la especie pueda campear a sus anchas por los hábitats a los que ha quedado relegado dentro de la geografía ibérica sino que desde el ministerio competente se advierte de que la clave para mantener al lobo dentro de unos límites aceptables para evitar sobrepoblaciones de la misma es, precisamente, el control de ellas. De esta forma, serían aplicadas medidas en zonas específicas en las que deberán evaluarse y certificarse el perjuicio causado, y  siempre que no exista una alternativa menos dolosa.

           Encontrar el equilibrio es vital para regular los muy diversos nichos ecológicos en los que el lobo ibérico es capaz de arraigar con su facilidad para la adaptación y acomodo dada la importancia de la especie como patrimonio cultural, científico y ambiental. Todavía nos quedan muchas noches de luna llena donde en la quietud de la nocturna domine el aullido del lobo ibérico y su penetrante mirada; quizás con el objetivo de decirnos que a pesar de todo el empeño mostrado por sus detractores, sigue estando aquí.

JUAN LUIS MARTÍN GARCÍA

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