Al principio
de esta hermosa aventura me comprometí en uno de los primeros artículos a
intentar a hablar acerca de las 7 causas principales que desembocan en la
desaparición de las especies. En aquella ocasión me pronuncié acerca de la
sobreexplotación (debido a su pelaje) que vienen sufriendo distintas especies
animales y que están acercándolas a su no muy lejana extinción de la faz del
planeta. Hoy y después de participar directamente en este interesante blog con
cierta frecuencia y obstinado en hablar de otras muchas experiencias y
temáticas de índole medioambiental (es que hay tanto de lo que hablar), cumplo
mi particular promesa y ahondo en otra de las causas pendientes de descubrir. Aunque
aún me quedan otras cinco…
En este
artículo quisiera socavar en una temática de candente actualidad debido a las
recientes noticias que han surgido en distintos medios de comunicación con la
proliferación de especies invasoras que están devastando de manera demoledora
el hábitat en el que cohabitan con otras especies autóctonas, a las que en
principio desplazan y que en caso extremo, consiguen aniquilar haciéndolas
desaparecer disminuyendo la biodiversidad de nuestro entorno. Según el Programa
de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), las especies exóticas invasoras
son la segunda causa mundial de la mencionada pérdida de biodiversidad y en
Europa, una de cada tres especies está en peligro crítico de extinción por esta
creciente amenaza.
Antes de inmiscuirme
en profundidad en detalles clarividentes, es de recibo distinguir entre especie
exótica e invasora. Tendemos a confundir e incluso a malinterpretar dichos
conceptos pues puede existir (y de hecho existe) una estrecha relación entre
ambos que culmina en un verdadero peligro para la naturaleza: una especie
exótica invasora.
Una especie
exótica, conocida también como especie introducida o alóctona, es aquella
especie foránea que ha sido introducida en una zona fuera de su distribución
natural. Esta introducción se suele producir siempre por causas humanas, ya sea
de forma voluntaria o involuntaria. El término contrario es el de especie
autóctona.
Una especie es invasora cuando, siendo exótica o autóctona, el aumento
de su población supone un problema ambiental, pues pone en peligro al resto
de especies presentes
en aquella zona determinada. Aunque la gran mayoría de especies invasoras son exóticas, también hay algunos casos en
que puede ser autóctona.
Centrémonos para intentar entender la magnitud de esta problemática en
cuáles son las vías para que se produzca la introducción de especies invasoras
en un mundo en el que la globalización (el caso de la pandemia por covid-19 es
un ejemplo demasiado clarificador para explicar este concepto) es tan palpable
acercándonos a otras culturas y lugares alejados en el que el intercambio de
personas facilitado por la eficiencia de los medios de transporte actuales es,
sencillamente, bestial.
Enumeremos los posibles fenómenos naturales y de intervención antrópica
o humana (ya sea intencionada o accidental) que inciden en la proliferación de
especies exóticas invasoras en ecosistemas y hábitats a los que degradan:
- Comercio de especies: El tráfico ilegal de especies es un delito que mueve exacerbadas cantidades de dinero anualmente y se encuentra entre las actividades criminales más importantes del crimen organizado. A pesar de todo ello, la compraventa de plantas y animales exóticos representa la procedencia principal dentro de este amplio abanico de posibilidades que ofrece el comercio de especies.
- Turismo: Visitar otros países facilita el esparcimiento de especies alóctonas de forma premeditada o imprevista. Las restricciones existentes en la actualidad en cuanto a la movilidad humana entre diferentes regiones debido a la pandemia está favoreciendo la reducción de este factor de manera drástica.
- Caza y pesca deportiva: La puesta en práctica de estas dos actividades (y su importancia económica en determinadas zonas de nuestro país) llevó en su día a la introducción de especies animales como el muflón del Atlas (Ammotragus lervia sahariensis) que comienza a abundar en demasiadas fincas y cotos privados de caza y la del siluro (Silurus glanis) en buena parte de los ríos de Europa, con especial incidencia en los cursos fluviales españoles: lo que provoca que se le dedique más adelante un nuevo artículo para dar a conocer y explicar su incipiente problemática en nuestro país.
- Liberación de especies: El abandono deliberado de especies exóticas de compañía o el hecho de que las mismas escapen de sus dueños o captores, provoca que determinadas especies colonicen un ecosistema con las graves consecuencias que se pueden llegar a dar. La proliferación de mapaches en la comunidad autónoma de Madrid supone un grave problema medioambiental ligado a este componente.
- Transporte y comercio internacional. Las bodegas de los aviones (donde vuelan en clase business), los contenedores de mercancías (en más de una subasta de los programas de Mega habrán encontrado alguna especie invasora en el interior de los mismos) y los cascos de los barcos (donde viajan como auténticos polizones) componen rincones habituales donde se filtran especies invasoras.
Si algo caracteriza a las especies exóticas invasoras es su tremenda
capacidad de adaptación a medios a los que no suelen estar acostumbradas
habitar. Una vez que son introducidas o acceden a estos territorios, en
principio desconocidos para ellas, logran un establecimiento satisfactorio
fruto de su acomodo y el aprovechamiento de sus numerosas ventajas ecológicas.
Su competitividad y su solvencia en la reproducción ocasionan una ventajosa
dispersión por el entorno hasta colonizarlo. Una vez alcanzado lo anterior,
comienzan a establecerse y a formarse nuevas poblaciones que comienzan a causar
impactos desagradables en la biodiversidad del medio natural sometido, la salud
e incluso en la economía de las zonas que han conquistado y enquistado.
Los efectos perjudiciales procedentes de una invasión biológica en toda
regla están relacionados con el carácter depredador ejercido por la espacie invasora, lo que impide de manera
sustancial el desarrollo de las especies nativas e incluso merma su existencia
hasta tal punto de ponerla en entredicho haciendo que, en el peor de los casos,
alguna de ellas llegue a desaparecer.
Además de competir por el alimento con otras especies que ocupan en la
cadena trófica escalones o peldaños de igual similitud, las especies exóticas
invasoras son capaces en determinados procesos de alterar el hábitat,
modificando física y químicamente las propiedades del suelo; rivalizan por el
espacio existente y por ende, por el nicho ecológico como estrategia de
supervivencia utilizada por las distintas especies.
Se hibridan con las especies nativas consiguiendo que a través de la genética
y al carácter dominante de la carga de su genoma, su autoridad en el ambiente
se ponga más de manifiesto consiguiendo especímenes que soportan mejor la
introducción de nuevos parásitos y la propagación de nuevas enfermedades.
Ciertamente me animó a saldar mi deuda de volver a platicar acerca de
las causas principales de pérdida de biodiversidad el hecho de que en los
últimos días hayan aparecido noticias al respecto en nuestro entorno más
cercano. Cuando una noticia está en el candelero es el momento más oportuno
para insistir en la misma y en el peor de los casos, darla a conocer.
Así, el pasado 27 de marzo Agentes de Medio Ambiente encontraron un
ejemplar de tortuga mordedora (Chelydra
serpentina) de medio metro de longitud deambulando por un paraje natural
cercano a El Portil, en la localidad de Punta Umbría (Huelva). Esta especie
exótica, cuyo hábitat original procede en
gran parte de Norteamérica, Centroamérica y norte de Sudamérica, representa
una doble vertiente de peligrosidad. Por un lado, es realmente amenazadora para
el ser humano al ser famosa por su enorme
voracidad y agresividad. Su boca es un verdadero aparato triturador, con una
fuerza mandibular insospechada, lo que hace que sea potencialmente malintencionada.
Por otro lado, el hecho de cazar al acecho la convierte
en una especie inquietante para otros animales como peces, aves, anfibios,
mamíferos y otros reptiles ya que gracias a su rápido crecimiento es capaz de
doblar su tamaño y peso en apenas unos meses, lo que supone un riesgo para la
diversidad biológica del entorno en el que aparece.
Puede parecer que no existe alarma con este tipo de
suelta (insistimos, accidental o intencionada) en un medio natural distinto al
originario pero existe normativa al respecto que regula la tenencia de animales
potencialmente peligrosos en nuestra comunidad autónoma (Decreto 42/2008, de 12
de febrero) en el que se prohíbe, por ejemplo, la tenencia de todas las
especies de reptiles venenosos, eso incluye cocodrilos y caimanes y todas
aquellas especies que en estado adulto alcancen o superen los 2 kilogramos de
peso, como es el caso de la tortuga mordedora que puede llegar a pesar hasta 10
kilos.
Por suerte se trata, quizás, de un caso aislado en cuanto a esa especie en concreto se refiere, por lo que en principio no debería de causar problemas a la comunidad biológica en la que ha sido mal introducida pero es un aspecto muy común en la sociedad actual el tener como mascotas animales exóticos que con su crecimiento se convierten en alimañas de compañía indeseables y que soltamos a un medio (que no es el suyo) creyendo que no van a provocar un caos medioambiental y que nuestro problema familiar desaparece con la suelta.
En general, los daños causados por las especies exóticas invasoras se podrían evitar o mitigar en buena parte con una estrategia diversificada que contemplase las medidas siguientes:
-
Legislación
más contundente para prohibir las importaciones de especies exóticas
-
Prevención
con una mayor vigilancia sobre las vías de acceso
- Detección
y respuesta rápida para evitar que una especie introducida consiga establecerse
-
Erradicación
de las especies invasoras que hayan logrado expandirse
-
Control
de las plagas en aquellos casos en los que la erradicación no fuera viable
A modo de conclusión final se enumera un listado de las
especies exóticas invasoras que mayor incidencia y estragos están causando en
los hábitats naturales de nuestro territorio:
Especies
animales:
Tortuga de
Florida (Trachemys scripta elegans)
Rana toro (Lithobates caestbeinaus)
Cotorra gris o
argentina (Mylopsitta monachus)
Cotorra de
Kramer (Psittacula krameri)Mapache (Procyon lotor)
Visón
americano (Neovison vison)
Cangrejo rojo
(Procambarus clarkii)
Siluro (Silirus glanis)
Avispa
asiática (Vespa velutina)
Mosquito tigre
(Aedes albopictus)
Especies
vegetales:
Ailanto (Ailanthus altissima)
Camalote (Eichhornia crassipes)
Plumero (Pennisetum setaceum)
No están todas pues, desgraciadamente, la lista puede
llegar a ser demasiado extensa pero sí están quizás las que representan un
mayor peligro para la bioceniosis de un determinado y específico biotopo en
nuestro país. Por ello, se considera conveniente que el contenido expuesto, de
carácter (prácticamente) teórico acerca de las especies exóticas invasoras
pueda verse en la compleja realidad que rodean las circunstancias de la
invasión (como si del Imperio Romano se tratara) de los cursos fluviales y
embalses de España con el caso del siluro, que dejaremos para una próxima (no
muy lejana) ocasión.
Y recordar que cualquier especie fuera de su hábitat
puede llegar a repercutir peligrosamente en el devenir de la comunidad
originaria y abocar al exterminio de alguna especie autóctona. Y cuando digo
cualquiera, también incluyo a la especie humana. Si no que se lo pregunten al
dodó de la isla Mauricio…
Juan Luis Martín García
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