sábado, 6 de febrero de 2021

Consumismo ecológico (II)

Vistas de Somiedo (Asturias) con Pola de Somiedo al fondo.

Hoy os traemos la segunda parte del artículo de Juan Luís Martín sobre el consumismo ecológico. En esta ocasión nos comparte sus reflexiones acerca del turismo ecológico. 

"Hace algunas fechas dejamos en el aire las posibles alternativas que se nos pueden presentar para engullir sostenibilidad mientras disfrutamos de las infinitas posibilidades que nos ofrece el entorno natural que nos rodea. Hablamos de birdwatching y de actividades de senderismo advirtiendo que la oferta es lo suficientemente amplia como para no aburrirse nunca jamás. Basta con que seamos capaces de atinar con la opción que más se asemeje con nuestro espíritu aventurero o presente más afinidad con nuestras inquietudes cotidianas.

Dado el carácter que se le presupone, el impacto que en diferentes ámbitos de la sociedad produce y la repercusión mediática que genera, así como las expectativas que depositamos en él, se ha creído conveniente que este artículo sea monopolizado por una actividad que venía creciendo a un ritmo vertiginoso (aunque las secuelas que la pandemia por Covid-19 está produciendo en todos los sectores a nivel mundial también le está afectando en demasía). Nos estamos refiriendo a una forma muy demandada en la última década enclavada en la parcela turística, pero vista desde un panorama más amplio que el clásico horizonte en el que se encasilla, pues vamos a procurar enfocarlo desde la sostenibilidad y el disfrute naturales.

Vertiente sur de la Sierra de Gredos

Podríamos denominarlo Turismo Rural aunque exactamente no sería el vocablo más concreto para definirlo, pues éste es un concepto, afortunadamente, demasiado amplio. También se le puede reconocer como turismo de interior y/o de naturaleza, ecoturismo o turismo ecológico. Evidentemente, una opción muy diferente a la típica de sol y playa y a otras alternativas clásicas del archiconocido turismo de masas y más sabiendo que con el panorama actual, viajar es especialmente difícil en este momento, por lo que el turismo de interior está más de moda que nunca (algo bueno tendría que tener la pandemia de la Covid-19).

Suele tratarse de un turismo de cercanía (aunque no tiene por qué) y es un enfoque de las actividades turísticas en el que se ofrece la observación (a la par de la concienciación por la conservación) del medio natural. Es un estilo de turismo alternativo (no mejor que otra cualquiera, simplemente diferente), algunas tendencias lo califican como que promueve un turismo “ético”, digamos también sensible, agitador de conciencias arcaicas y en el cual se presume como primordial el bienestar del medio ambiente natural a través de la aplicación de criterios de conservación, sostenibilidad y preservación.

Observadores de osos en Somiedo

Las condiciones en las que se pueda permitir el viajar cuando veamos la luz al final del túnel ocasionado por la pandemia y las medidas que vamos a tener que seguir manteniendo durante más tiempo del esperado y/o deseado (como el uso de mascarilla y otras medidas anticovid como un posible distanciamiento de seguridad entre personas) desembocarán en un aumento del uso del transporte privado en lugar del público, lo que favorecerá viajes de menor distancia (como presumíamos con anterioridad) en los que se evitarán multitudes, ello permitirá (re)descubrir la España menos conocida, destacando en ese aspecto todo lo que el turismo sostenible nos puede ofrecer en nuestro país en cualquiera de sus autonomías.

Hemos advertido previamente el carácter tan distinto y peculiar (ahí reside la mayor parte de su propio encanto) que caracteriza a este tipo de oferta hotelera y por ello resulta necesario e imprescindible incluir desde los enclaves en los que se encuentran ubicados (teniendo en consideración la dificultad en algunos de ellos relacionados con los accesos y las panorámicas -de postal- que nos regalan) hasta las dependencias y estancias en las que pretendemos alojarnos (las gigantescas construcciones con decenas de plantas en las que se hacinan cientos de habitaciones son inconcebibles en este sentido), apuntalando el mobiliario y las comodidades que ofrecen, pasando por la excelente gastronomía que podremos degustar (y que en la mayoría de los casos se aleja del típico buffet en el que se piensa más en el paladar de la persona procedente del extranjero que visita nuestro país y a quien intentamos atraer con sus platos favoritos y sus alimentos más característicos, dando una vez más muestra de que paulatinamente vamos perdiendo nuestras señas de identidad más reconocidas).

Braña de Mumian en Somiedo.

Y descubriremos sensaciones diferentes, únicas, imperceptibles en otras condiciones. Nos enriqueceremos de pequeños grandes matices no muy comunes ni presentes en nuestra ración diaria de vida. Nuestros sentidos, obsoletos y atrofiados por el devenir cotidiano, descubrirán un nuevo enfoque. Otra perspectiva. Con una orientación diametralmente opuesta a la que sucumbe ante la rutina. Sólo hay que armarse de valor y cambiar el rumbo de nuestra inercia habitual. Esa querencia que nos aleja del magnetismo atrayente del campo. Basta con modificar nuestras pautas sedentarias y el automatismo tatuado en nuestros comportamientos prácticamente invariables. El movimiento se demuestra andando…

Acercándonos a la naturaleza, respiraremos aire puro alejado de la polución urbana, distanciado de los gases de invernadero emitidos por el parque automovilístico de cualquier ciudad y los gases asfixiantes que hacinan la atmósfera más próxima a la población procedentes de poderosas industrias. Evitaremos el ruido y el ajetreo comunes a cualquier calle de un municipio, ese murmullo intrínseco que asumimos y apenas apreciamos pero que cambiaremos por el rumor del agua, el trinar de los fringílidos o por el silencio atronador de la desconocida tranquilidad que otorga el medio natural.

Familia de osos en Somiedo (Asturias)

Despertaremos por la acción del sol colándose por cualquier rendija de las ventanas y podremos saborear instantáneas irrepetibles en las que no vislumbremos el hormigón y acero típicos de la metrópolis que nos engulle en el día a día, una urbe gris que nos absorbe y ralentiza nuestra capacidad sensorial. Acariciaremos el atardecer con la yema de nuestros dedos en pleno acercamiento con la naturaleza. Busquemos la senda que nos conduzca hacia lo verde porque estaciona en nuestro propio bienestar, alejándose de pensamientos relacionados con las frustraciones que, en abundancia, la semana laboral nos confiere.

Y disfrutaremos en familia de eventos y actividades en contacto con diferentes hábitats y ecosistemas, conviviendo con su fauna y flora a la vez que las respetaremos e intentaremos comprender todos los comportamientos descubiertos a través de las relaciones tróficas y ecológicas que los mantiene firmemente unidos. Toda una experiencia digna de experimentar y que una vez tanteada, se convertirá en sanamente adictiva para nuestro propio organismo, así como para una mente inmersa en un continuo ejercicio de agotamiento demoledor.

Disfrutando de la gastronomía local en Cudillero (Asturias)

Nuestro país se caracteriza por estar repleto de localidades y zonas naturales que a pesar de la gran belleza que presentan, están muriendo en el olvido (lo que algunos han definido como desierto demográfico fundamentándose en dos grandes indicadores: la escasa densidad demográfica y la elevada edad de la población). La importancia del turismo rural está ligada a ser un sector que ha dinamizado el medio rural, le ha dado sentido a una población y a unos lugares agonizantes, donde se han llevado a cabo importantes inversiones económicas para acondicionar los alojamientos para el disfrute de los visitantes. Y además, ha generado empleo que está facilitando que el despoblamiento rural al que estaban abocados estos municipios se vaya refrenando.

Es sin duda, un regenerador de vida. Como la propia naturaleza que los rodea y que se nos brinda y obsequia para su disfrute en cualquier momento y circunstancia. Y es que en los tiempos que nos ha tocado vivir, en los que hemos tenido que estar un importante periodo del año confinados y recluidos en nuestros respectivos domicilios, la necesidad de potenciar la vida al aire libre se hizo palpable y patente, como así han puesto de manifiesto diferentes estudios científicos. Y si ésta se realiza estando inmersos en plena naturaleza, es la mejor de las opciones posibles. Porque no olviden que regalar naturaleza es regalar vida: rutas, lagunas, fauna, bosques, monumentos y cascadas naturales, flora, pueblos…La naturaleza nunca se detiene ni aunque aflore la pandemia ni a pesar de que ésta nos arrincone. Al contrario, siempre está dispuesta y disponible mostrando su máximo esplendor. Así que disfrutemos de ella, empecemos a conocerla y comencemos a respetarla y quererla."

Juan Luis Martín García

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