Cuando hablamos de parásitos seguro que se nos vienen a la
mente una garrapata, un piojo o quizás un mosquito. Animales todos ellos que a
la mayoría de las personas les causa repulsión. Menos conocidos son los casos
de parasitismo entre las plantas o entre animales “superiores” como el caso de
las aves. Por otro lado, otro efecto que causa el término parásito es asociarle
inmediatamente una connotación negativa, “ser un parásito es algo malo y deleznable”,
“no está bien aprovecharse de los demás” etc…
Hoy os traemos un ejemplo de parasitismo
en el mundo de las aves que lejos de causarnos repulsión o rechazo debería causarnos admiración de cómo la
naturaleza y la evolución han conseguido afinar tanto una estrategia
reproductiva.
Se trata del cuco (Cuculus canorus) una
especie muy conocida pero raramente observada.
El cuco es un ave migradora e insectívora cuyos hábitos
reproductivos están basados en el parasitismo.
Es un ave de tamaño medio, muy
estilizada, con una larga cola y unas alas que terminan en punta, todo ello
hace que en vuelo pueda ser confundida con una pequeña rapaz como el cernícalo
o el gavilán.
Tiene un canto muy peculiar y muy fácil de reconocer, es bastante más habitual detectar su presencia por dicho canto que por verlo directamente, aunque como suele posarse en sitios visibles como postes o vallas tampoco es demasiado complicado detectarlo con un poco de paciencia. Podéis oírlo pinchando en el siguiente video.
En España podemos encontrarlo en
toda la península y Baleares.
Es una especie migradora estival, es decir, que la podemos ver por
Gibraleón desde abril a septiembre aproximadamente, los meses fríos los pasa en
África.
El hábitat que prefiere es el ambiente forestal, es decir, arbolado,
con independencia de la densidad y la especie del mismo y cerca de humedales
donde viven las especies que suele parasitar. Por lo que en Gibraleón podemos
encontrarlo en multitud de lugares, desde la campiña olivarera, hasta los sotos de los arroyos más importantes.
Los únicos lugares donde está ausente son las zonas cerealistas y los cultivos
bajo plástico. Aunque hay que advertir que no es muy abundante.
El cuco practica el nidoparasitismo. Deposita sus huevos
dentro del nido de otra especie, la cual se encargará de la incubación, el
cuidado y la manutención de la descendencia del parásito. Una sola hembra de
cuco puede producir hasta 25 huevos que irá
colocando de uno en uno —rara vez dos— en nidos previamente seleccionados, imitando el diseño y colorido de los de la “víctima”.
La eclosión del cuco se anticipa a la de los pollos legítimos, lo que le
permite deshacerse del resto de los huevos o de los polluelos recién nacidos,
que serán arrojados fuera del nido por el intruso. A partir de ese momento, el
joven cuco recibirá en exclusiva todas las atenciones de los propietarios del
nido asaltado, a los que, con frecuencia, supera considerablemente en volumen.
Cada hembra de cuco se especializa en parasitar a una especie en concreto
—probablemente la misma que la crio—, por lo que manifiesta una extraordinaria
capacidad para imitar con gran perfección sus huevos. Se han documentado más de
100 especies parasitadas, y entre las más frecuentes se encuentran el acentor
común, el carricero común, el petirrojo y el bisbita común.
El cuco está incluido en el
Catálogo Nacional de Especies Amenazadas en la categoría “De interés especial”. Debido a su peculiar estrategia
reproductora, el cuco resulta poco sensible a las alteraciones del hábitat, pero
puede verse afectado por los incendios forestales, las transformaciones
agrícolas, el uso de insecticidas —que disminuyen la oferta de presas— y la
eliminación del arbolado en riberas y setos. No se descarta, la existencia de
problemas de conservación y amenazas tanto en sus áreas de invernada como a lo
largo del prolongado viaje migratorio.
Como podéis comprobar, el cuco es
un ave muy interesante, ¿alguna vez visteis u oísteis alguno? ¿Qué opinión te
merece? Utiliza los comentarios. Gracias.

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